jueves, 19 de octubre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Juno Moneta -1 de junio-

Localización del templo de Juno Moneta en el Arx

Aniversario conmemorativo de la inauguración del templo erigido en honor a Juno Moneta.

Lucio Furio Camilo y Juno Moneta
Era el año 345 a. C. y Roma nuevamente estaba en guerra. En esta ocasión con el pueblo de los auruncos, situado a caballo entre el Lacio y la Campania. No se trataba de un conflicto bélico importante o vital, asemejando más un acto desesperado u oportunista de este pueblo. Roma, sin embargo, quiso dar un mensaje claro a los latinos: no permitiría rebeliones ni que se cuestionase su autoridad. Para la guerra envió, nombrado dictador, a Lucio Furio Camilo, hijo del que fue llamado “segundo fundador de Roma”, Marco Furio Camilo.
Tito Livio, en su Ad Urbe Condita VII (28), nos narra el hecho con claridad: “Comenzó, luego, una guerra con los auruncos a raíz de un pillaje repentino, y por temor a que esta acción de un solo pueblo respondiese a un plan de toda la nación latina, fue nombrado dictador, como si hubiese que hacer frente ya al Lacio en armas, Lucio Furio, el cual nombró jefe de caballería a G. Manlio Capitolino. Y después de decretar la suspensión de los asuntos públicos, igual que solía hacerse en los casos de graves perturbaciones, y realizar una leva sin exenciones al servicio de armas, las legiones fueron conducidas contra los auruncos lo más rápidamente que se pudo. En éstos encontraron ánimo más de saqueadores que de enemigos en regla, y así en la primera batalla se llegó al fin de la guerra. El dictador, no obstante, como habían iniciado la guerra por iniciativa propia y se entregaban sin reservas a la lucha, pensó que se debía recurrir también al poder de los dioses y en el transcurso mismo de la pelea prometió con voto un templo a Juno Moneta; regresó a Roma comprometido con este voto y dejó la dictadura. El senado dispuso el nombramiento de duunviros para que se construyese aquel templo en consonancia con la grandeza del pueblo romano; se destinó, para ello, en la ciudadela un espacio que había sido el emplazamiento de la casa de M. Manlio Capitolino. […] Un año después de haberse hecho voto del mismo, es dedicado el templo de Moneta durante el tercer consulado de G. Marcio Rútulo y el segundo de T. Manlio Torcuato. A la dedicación siguió, de forma instantánea, un prodigio similar al antiquísimo prodigio del monte Albano, pues hubo una lluvia de piedras y se vio a la noche extenderse en pleno día. […] Se acordó que acudiesen a presentar súplicas no sólo las tribus, sino también los pueblos del contorno y se les señaló un orden según el día en que cada uno presentaría sus súplicas.”

Como puede verse, se trató de una guerra menor, casi súbita; pero las promesas a los dioses deben cumplirse. Aunque, quizás, en este caso, Furio Camilo se precipitó en su petición de ayuda divina.

Juno Moneta, “aquella que avisa”
No son pocos los epítetos con los que se honra a Juno, siendo moneta uno de los más interesantes. Cicerón, entre otros autores romanos, consideran que este epíteto deriva de monere, la que advierte o avisa. Su origen se entremezcla en un hecho histórico y fábula: el asedio de los galos al Capitolio y la salvadora advertencia de las ocas sagradas de Juno en el Arx. Cuentan que estos animales, advertidos de la presencia del bárbaro enemigo, avisaron a la guarnición romana del nocturno asalto, evitando el desastre. (Ver el festival del Supplicia canum para obtener más información). Aunque es justo decir, que en el caso de Cicerón, hace referencia a un terremoto, narrando en su Sobre la Adivinación como una voz proveniente del templo de Juno aconsejaba el sacrificio de una cerda preñada para conjurar el terremoto.
Con el paso del tiempo, se acuñó moneda de plata en unas dependencias aledañas al templo –algunos autores consideran que fue durante la guerra contra Tarento-. Por ello, al referirse a la ceca como ad monetam, en referencia al templo, fue adquiriendo el significado moderno de moneda. En tiempos de Domiciano la ceca se trasladó cerca del Anfiteatro Flavio.
Sin embargo, para los propios romanos la naturaleza y origen de esta “juno” es controvertida y compleja. Para Livio Andrónico se trata de un equivalente latino de Mnemosyne, titánide encarnación de la Memoria y madre de las Musas; Valerio Máximo considera que se trata de la Juno proveniente de Veyes (que no es otra que Juno Regina); otros que se trata de la Hera de Cumas; o bien la Juno adorada por los sabinos y procedente de Cures, de carácter guerrero.
Complicada cuestión, aunque casi todos sí coinciden en que el culto a Juno Moneta es más antiguo de lo que parece a primera vista.

Aedes Junonis Monetae
Situado en el Arx, un pequeño promontorio al norte de Capitolio. Está ligeramente más elevado que el propio Capitolio, siendo perfecto para que los augures observen el vuelo de las aves –auguraculum-. Se trata de una altura preñada de simbolismo religioso y preeminencia estatal, en la que destaca la cercanía del Asylum o la Scalae Gemoniae, por donde se arrojan los cadáveres de los prisioneros ejecutados en la Carcer, sin olvidar el cercano tabularium –deposito de los archivos estatales-, o el propio templo de Júpiter Óptimo Máximo.
Según los propios anticuarios romanos, entre ellos Plutarco, en este lugar residía Tito Tacio, aquel mítico co-regente procedente de Cures, ciudad sabina -¿Posible señal que confirma la procedencia de esta Juno antaño de naturaleza guerrera, apaciguada por el tiempo?-.
Con el tiempo, el Arx lo habitó M. Manlio Capitolino, defensor del último reducto en la ciudad durante el infame ataque de los galos. Avisado por las ocas sagradas, pudo defender la ciudadela. Pero avatares del destino, este hombre, héroe en el pasado, fue considerado enemigo público al final de su vida. Defensor a ultranza de la causa plebeya, se ganó el odio de sus iguales patricios. Fue ajusticiado arrojado por la Roca Tarpeya, su casa en el Arx se demolió y se prohibió a los patricios habitar la cima. Era el año 384 a. C.
Tras la victoria sobre los auruncos, fue inaugurado el templo el 1 de junio del 344 a. C., siendo su dies natalis.
Se le atribuye un curioso prodigio acontecido en el 196 a. C. Dos lanzas de punta férrea ardieron sin motivo aparente, quizás asociando a esta Juno Moneta con su antiguo aspecto bélico.
En su interior, durante varios siglos, se guardaron los libri lintei –libros elaborados en lino, de manufactura etrusca- en los que se inscribían las listas de los magistrados prominentes de la ciudad, como los cónsules, desde el inicio de la república. Por ello, también son conocidos como “libros de los magistrados”. Sin embargo, es posible que incluyesen información variada sobre algunos hechos históricos, religiosos e, incluso, mitológicos. El propio Tito Livio comenta que los empleaba como fuente de información para sus libros.

Nota del autor
Resulta más que curioso, que siendo uno de los templos más importantes de Roma, se ignore su localización exacta. Es un misterio sin resolver, todavía. Se sabe que se halla en el Arx, se han encontrado vestigios de fortificación arcaica, pero no la planta del templo. ¡Todo es secreto con Juno Moneta!

martes, 17 de octubre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Fortuna Primigenia -25 de mayo

Templo de Fortuna Primigenia en Praeneste
Aniversario conmemorativo de la fundación del templo a Fortuna Primigenia en el Quirinal, adscrito a otros dos templos erigidos en honor a diversas fortunae.

P. Sempronio Tuditano contra Aníbal
Nadie era capaz de derrotar al temible Aníbal en tierra itálica, pero la fortuna y la audacia, en connivencia, son ascendentes de las hazañas. En este caso, la hazaña recae en el cónsul P. Sempronio Tuditano, que logró ser uno de esos pocos elegidos capaces de derrotar y dejar contrariado al general púnico. Es justo decir que Tuditano es de los pocos que pueden considerarse héroes en la desastrosa batalla de Cannas (216 a. C.). Lideró un grupo de supervivientes romanos entre las exhaustas filas enemigas, logrando alcanzar la población de Canusio, poniendo a salvo a seiscientos hombres. Tal acto de honor y patriotismo le granjearon una gran reputación.
Nos detalla Tito Livio la hazaña en su Ad Urbe Condita XXIX (36, 8), situado el escenario bélico en la región del Bruttium, al sur de Italia, en el 204 a. C. Fue una derrota decisiva contra Aníbal, al obligarle a replegarse en la ciudad de Crotona. Aquí la narración: “Durante el verano en que ocurrieron estos acontecimientos en África, el cónsul Publio Sempronio, que estaba al cargo de la provincia del Brucio, se enfrentó con Aníbal en territorio crotoniense en un combate improvisado sobre la marcha. Fue un combate entre columnas en marcha más que entre frentes en orden de batalla. Los romanos fueron rechazados, y hubo cerca de mil doscientos muertos en el ejército del cónsul en lo que fue más una refriega que una batalla en regla. El retorno al campamento fue precipitado, pero a pesar de ello los enemigos no se atrevieron a atacarlo. Sin embargo, a la noche siguiente el cónsul se marchó de allí en silencio y, después de enviar por delante un mensaje al procónsul Publio Licinio para que se acercara con sus legiones, reunieron sus tropas. De esta forma, volvieron hacia Aníbal dos generales y dos ejércitos, y el combate no se hizo esperar, pues el cónsul estaba lleno de moral por la duplicación de sus fuerzas, y el cartaginés por su reciente victoria. Sempronio alineó sus legiones en primera línea; en la reserva se situaron las legiones de Publio Licinio. Antes de iniciarse la batalla, el cónsul prometió con voto un templo a la Fortuna Primigenia si aquel día derrotaba a los enemigos, y sus deseos se cumplieron. Los cartagineses fueron derrotados y puestos en fuga; sucumbieron más de cuatro mil combatientes y fueron capturados vivos poco menos de trescientos con cuarenta caballos y once enseñas militares. Aníbal, afectado por la derrota, llevó de nuevo a Crotona su ejército.”

Como puede entenderse tras la narración, el propio Tuditano no desmerece en absoluto la importancia de la propia Fortuna en una batalla de resultado tan incierto. Debo añadir, que siendo Tuditano uno de los pocos supervivientes de Cannas, derrotar al gran Aníbal debió ser un acto emocional capaz del mayor paroxismo.
Como anécdota, se puede comentar que el apodo de esta rama de la gens sempronia, los tuditani, tiene como origen la singular y llamativa forma de la cabeza de uno de sus antepasados. Tuditani procede de tudes, martillo.

Nota del autor
No debe confundirse a P. Sempronio Tuditano con P. Sempronio Sopho. Algunos autores suelen atribuir erróneamente esta hazaña a Sopho, no a Tuditano.

La Fortuna de Praeneste
Esta antigua Fortuna del Lacio procede de la ciudad de Praeneste, sede de un importante oráculo –algunos lo llaman “El Delfos del Lacio”-. En Praeneste esta diosa es considerada origen –primigenia- de todo lo que existe, incluyendo en su iconografía a un Júpiter lactante –Iupitter puer- y a su pequeña hermana Juno, también lactante; aunque como suele suceder en la antigua religión, a medida que Roma fue creciendo, variaron los cultos. En tiempos Imperiales a esta Fortuna Primigenia se la considera hija de Júpiter, no madre o nodriza, haciendo derivar su nombre de primum genita, “la primera nacida”. Y sin embargo, las dos ideas, aunque contradictorias, son plausibles y creíbles para la mayoría de los romanos. ¡Misterios de la religión!
Destacar que en Roma a esta Fortuna Primigenia se le despoja en su culto de los dos elementos que la hacen tan especial. Ni Júpiter lactante en sus imágenes ni oráculo. Esas son prerrogativas y privilegios exclusivos de Praeneste.

Unas notas sobre las sortes praenestinae
De esa forma se denomina el singular oráculo de Primigenia –aunque su denominación exacta son sortes fortunae primigeniae praenestinae-. El 11 de abril es el día en que el oráculo se abre para los devotos, incluyendo diversos sacrificios.
Cicerón, en su Sobre la Adivinación II (41) nos describe su origen y el aspecto de estas sortes, aunque con cierto tono escéptico, como suele ser habitual en el de Arpinate: “Los testimonios de los de Praeneste proclaman que Numerio Sufustio, persona noble y honorable, como se le ordenaba con frecuencia durante el sueño –de manera incluso amenazadora, al final- que hendiese el pedernal que se hallaba en un determinado lugar, se dispuso a hacerlo, aterrado por las visiones y entre las burlas de sus conciudadanos; una vez fraccionada así la roca, saltaron aquellas tablillas esculpidas en roble, con la marca de unas letras primitivas. Este lugar hoy se encuentra cercado, de acuerdo con la prescripción religiosa, y está próximo al lugar en que se encuentra el Júpiter niño, al que –sentado como un lactante sobre el regazo de Fortuna, al lado de Juno, mientras pide la teta- veneran las madres muy castamente. Dicen que en ese lugar, donde ahora se encuentra situado el santuario de Fortuna, fluyó miel de un olivo –hecho imposible y milagroso-, por aquella misma época, y que los arúspices dijeron que esas tablillas gozarían de suma reputación; y que, por mandato de estos, se construyó un arca con aquel olivo y se metieron en ellas las tablillas que hoy se sacan a instancias de Fortuna.”

El roble, madera en la que está elaboradas las tablillas, se considera árbol asociado a los oráculos y vaticinios; además, es árbol asociado a la majestad de Júpiter. Estas pequeñas tablillas tienen inscritas en ellas sílabas parciales. Tras agitar la caja, se extraen al azar varias de estas tablillas, y con los grupos de sílabas obtenidos al azar, se “lee” el oráculo. Resulta curioso que el encargado de extraer las tablillas sea un inocente niño.

Tres Aedes Fortunae
El templo de Fortuna Primigenia domina un conjunto de tres templos de diverso tamaño y antigüedad. Esta singular disposición da nombre a la zona, conocida coloquialmente como ad tres Fortunas. Dispuestos en el Quirinal, adyacentes a la Porta Collina, una de las puertas de la Muralla Serviana.
El nombre oficial de la diosa Fortuna que se adora en el templo principal es Fortuna Publica Populi Romani Quiritium, aunque a veces se la denomina con un simple Fortuna in Colle –añadiendo en ocasiones Quirinali-. Sin embargo, tras tan oficial y pomposo nombre se oculta Fortuna Primigenia.
Prometido, como ya se ha descrito, por P. Sempronio Tuditano en el 204 a. C., fue inaugurado por Q. Marcio Ralla el 25 de mayo del 194 a. C., siendo su dies natalis.
Dion Casio, en su Historia romana XLII (26) relata un prodigio relacionado con el templo acontecido en el 48 a. C.: “En el siguiente año se sufrió un violento terremoto, un búho fue visto, numerosos rayos descendieron al Capitolio y otros cayeron sobre el templo de Fortuna Pública, como es llamada, y dentro de los Jardines de César un caballo de no poco valor destrozó sus interiores, y el templo de Fortuna se abrió por pura voluntad.”
El templo goza de cierta preeminencia, tanto como para ser nombrado por Vitruvio como ejemplo en su Arquitectura III (2.2): “Un templo será in antis si en su fachada tiene antas en los muros que enmarcan la cella y si, además, entre dichas antas hay dos columnas centradas, y encima de ellas un frontón, todo dispuesto conforme al principio de la simetría que se describirá en el presente libro. Un modelo de este tipo se hallará en los templos de las Tres Fortunas (de los tres, el que está más cerca de la Puerta Colina).”


Barrio de las Tres Fortunas

lunes, 2 de octubre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Hércules Musarum -30 de junio-

Denarios de Q. Pomponio Musa
Aniversario conmemorativo de la fundación del templo circular al Hércules de las Musas en inmediaciones del Circo Flaminio.

¿Hércules y las Musas?
Antes de la fundación del templo Hércules ya es una divinidad popular en Roma, no así las Musas. Conocidas por los más cercanos y entendidos del mundo griego, pero cuyo culto aún es extranjero y, por lo tanto, “sospechoso”. Nobilior, fundador del templo, empleó un curioso ardid para evitar la negativa de los prohombres romanos más tradicionalistas: fundó un templo a las Musas, pero al incluir a Hércules, importante para la propia mitología fundacional romana, aniquiló cualquier reticencia.
En la propia Hélade existe el culto a Apolo Musagetes, aunque el de Hércules Musagetes no es relevante –o directamente, no existe-.
El propio Plutarco, en sus Cuestiones romanas (59), se pregunta precisamente porqué existe un templo a Hércules y las Musas en Roma, siendo un asunto peculiar e incluso inédito en Grecia: “¿Por qué Hércules y las Musas tenían un altar en común? ¿Acaso porque Hércules enseñó las letras a los de Evandro, según ha recordado Juba? Y el hecho se consideró noble por enseñar a amigos y parientes. Tiempo atrás empezaron a enseñar por un sueldo y el primero en abrir una escuela elemental fue Espurio Carvilio, un liberto de aquel Carvilio, que fue el primero en divorciarse de su mujer.”

Aedes Herculis Musarum
Erigido por M. Fulvio Nobilior tras la toma de Ambracia, ciudad situada en la costa occidental de la Hélade, en la primavera de 189 a. C. Tras su posterior saqueo y toma de prisioneros, la ciudad cayó en la insignificancia. El triunfo de Nobilior fue en el 187 a. C. -otros dan la fecha del 179 a. C.-, por lo que es probable que fuese la fecha de inauguración del templo, siendo su dies natalis el 30 de junio.
En la Hélade descubrió Nobilior que a Hércules se le consideraba líder o señor de las Musas, denominado por ello Herakles Musagetes. Inspirado por ello, se apropió de las numerosas estatuas de la ciudad conquistada; destaca un conjunto escultórico con el propio Hércules tañendo una lira, obra de Zeuxis, y las nueve Musas.
Es interesante resaltar que Nobilior era un gran anticuario interesado en la antigüedad romana. Por ello, tras inaugurar el templo lo dotó de unos Fasti, un completo calendario religioso con numerosa información histórica y mitológica, siendo, según la tradición, el primero en hacerlo.
Nobilior dotó al templo de una pequeña capilla –aedicula- de bronce en honor a las Musas, que al parecer data de los tiempos de Numa Pompilio, guardada en el templo de Honos et Virtus.
L. Marcio Filipo restaura el templo en el 29 a. C., en tiempos de Augusto, edificando a su alrededor el Pórtico de Filipo –Porticus Philippi-. Destacan en el pórtico las numerosas barberías que hacen del lugar un centro concurrido. El gran Marcial se burla, precisamente, de un amigo y su indecisa calvicie. Aquí el epigrama, titulado con un simple y descriptivo “Un calvo”, con anécdota mitológica incluida: “El otro día, viéndote por casualidad sentado a ti sólo, te tomé por tres personas. Me engañó el número de tu calva: tienes cabellos a una parte y tienes a la otra, y tan largos como los que pueden sentar bien incluso a un adolescente; en su mitad, tienes la cabeza desnuda y en un largo espacio no se deja ver ni un solo pelo. Este error te vino bien en diciembre, cuando el emperador distribuyó comida: volviste con tres raciones. Creo que así fue Gerión. Te aconsejo que evites el pórtico de Filipo: como te vea Hércules, estás perdido.”
Y además de barberías, no son pocas las “peluquerías” especializas en el género femenino, y como detalla Ovidio, aquí se venden incluso vistosas pelucas y tocados para las mujeres pudientes.

Los denarios de Q. Pomponio Musa
Resulta interesante mencionar los denarios acuñados por el magistrado, banquero y prestamista Q. Pomponio Musa, un prohombre de su época (siglo I a. C.). Siendo triumvir monetalis acuñó moneda con la autorización del estado romano. Destaca una serie de diez denarios en la que está representada en el reverso una de las musas, sobresaliendo entre todas una magnífica Urania, musa de la astronomía. En uno de los denarios está representado Hércules Musarum, aunque en el anverso de todas las monedas puede verse a Apolo Musageta. De esta forma Q. Pomponio (y con seguridad gran parte de la gens pomponia) muestra uno de sus cultos preferidos. El sobrenombre de Musa adquirido por Q. Pomponio es indicativo claro de su preferencia.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Marte Vengador -12 de mayo-

Templo de Mars Ultor

Aniversario conmemorativo del templo a Mars Ultor, situado en el monumental Foro de Augusto.

Dos eventos bélicos para un templo
El emperador Augusto fue el instaurador del culto a este Marte vengador de perfidias relacionadas con el mundo bélico, aunque de un modo un tanto singular. Nada de victorias en batalla contra enemigos extranjeros o gestas heroicas comunes al imaginario romano. Dos hechos diferentes fomentaron el culto y la promesa de este templo. El primero, vengar el asesinato de Julio César, padre adoptivo de Octavio, triunfo conseguido en la batalla de Filipos; el segundo, recuperar las enseñas militares perdidas por Craso ante los partos en Carrhae, un triunfo diplomático y propagandístico. Dos hechos en relación con el mundo guerrero.

  • Filipos (42 a. C.), el final de la causa republicana
Octaviano y Marco Antonio, tras el asesinato del celebérrimo Julio César, juraron venganza por el execrable y cobarde magnicidio. La ocasión se presentó en Filipos, población de Macedonia. Se entabló una durísima batalla que bien puede llamarse doble: dos fueron los enfrentamientos entre los ejércitos comandados por los vengadores de César y sus asesinos, los llamados libertadores. Entre ellos Bruto.
Durante dicha batalla Octaviano –aún no era Augusto- prometió un templo a Mars Ultor, dios guerrero y ahora vengador. Y cumplió su merecida venganza, derrotando al enemigo. Murió por su propia mano Bruto en la contienda al verse rodeado de enemigos y su causa derrotada. Tras Filipo se consideró vengado al gran César.

  • Regresan los estandartes capturados a Craso
Craso, uno de los hombres más ricos de su tiempo –si no el más rico-, vencedor contra Espartaco, dirigió su desmedida ambición contra el reino de los partos. Su campaña, aunque bien ideada, terminó abruptamente en la batalla de Carrhae (53 a. C.), una de las peores derrotadas sufridas por Roma. Quizás perdió a Craso su carácter soberbio, quizás menospreció al adversario. Como anécdota se puede nombrar la llamada Legión Perdida, legionarios que tras cierto tiempo de cautiverio, terminaron como soldados fronterizos en el extremo oriental del reino parto, finalizando, posiblemente, sus días en tierras de Sedere –la actual China-.
Ignominiosa derrota, mayor ignominia los estandartes romanos capturados. Para el soldado romano el águila es sagrada, y verla en manos del enemigo es la mayor afrenta y vergüenza que puede sufrir. Curioso resulta, que Julio César, poco antes de su asesinato, planeaba una campaña contra los partos teniendo en mente la derrota de Carrhae y la pérdida de los estandartes.
Pero fue Augusto el que los recuperó, empleando la diplomacia y la fuerza. Tiberio fue el encargado de derrocar al rey de Armenia e instalar a uno a favor de la causa romana. Y en un acto de buena voluntad, entregó a Fraates, el rey parto, al hijo que retenía Augusto como “huésped”. Ambas acciones fueron suficientes para la devolución de los estandartes, todo un triunfo para el orgullo romano. ¡Craso estaba vengado!

Augusto y Marte Vengador en los Fasti
El gran Ovidio, en sus Fasti V (550-595), nos describe los motivos de Augusto para prometer el templo a Marte Vengador. Una forma honrosa de entender el poder del bélico dios como garante del honor y la justa venganza en los conflictos guerreros:
“[…] Había llegado Marte y al llegar había dado señales de guerra. El propio Vengador había descendido del cielo a recibir sus honores y el templo que se divisa en el foro de Augusto. El es dios grande y su monumento también: no de otro modo debía habitar Marte en la ciudad de su hijo. […] Ve en las jambas armas de distinta hechura y armas de tierras conquistadas por sus soldados. En una parte ve a Eneas cargado del querido peso –su padre a hombros- y a tantos antepasados de la nobleza julia […]. Contempla también el templo con el nombre de Augusto en su fachada, y el edificio le parece más grande al leer el nombre de César. Augusto había prometido este templo de joven, cuando empuñó las armas que su amor le exigía; con hechos tan grandes tenía que inaugurarse el principado. Extendiendo las manos, mientras a un lado se alineaban las tropas leales y al otro, los conjurados, dijo las siguientes palabras: «Si mi padre, sacerdote de Vesta –Julio César era Pontífice Máximo-, es quien patrocina mi guerra, y estoy decidido a vengar a ambas divinidades, ve, Marte, y sacia de sangre criminal la espada, y que tu favor se incline por la causa mejor. Tendrás un templo, y si venzo yo, serás llamado el Vengador». Lo había prometido y regresó contento al derrotar al enemigo. No tuvo bastante con haber ganado una sola vez el calificativo de Vengador para Marte: fue en busca de las enseñas que habían quedado en poder de los partos. Eran una nación protegida por las llanuras, los caballos y las flechas, e inaccesible por los ríos que la circundan. La muerte de los Crasos había dado ánimos a esta nación, cuando perecieron a un tiempo tropa, enseñas y general. Los partos poseían las insignias romanas, honor de la guerra, y el abanderado del águila romana era el enemigo. Y esta vergüenza habría durado hasta hoy si las valientes armas del César no hubieran protegido el poder de Ausonia –Italia-. Él eliminó las antiguas manchas y el deshonor de largo tiempo. Las insignias recobradas reconocieron a sus dueños. […]. Religiosamente se ha dado un templo al dios y por dos veces el nombre del Vengador, y el honor benemérito ha cumplido con la deuda de la promesa. ¡Celebrad, Quirites, juegos solemnes en el Circo!”

Foro de Augusto –Forum Augustum, o Augusti-
Situado en la zona central de los llamados foros imperiales, el foro de Augusto está dominado por el templo a Marte Vengador y su impresionante escalinata. El emperador había comprado el terreno gracias al botín obtenido en las diversas guerras, aunque no había quedado satisfecho: le hubiese gustado poder adquirir un terreno incluso mayor.
Suetonio, en su Vidas de los doce césares II (29) nos describe los motivos que Augusto sopesaba para la construcción de este foro y las prisas por inaugurarlo: “El motivo de levantar un foro fue la gran abundancia que había de hombres y de procesos, que parecía necesario un tercero por no dar abasto los dos ya existentes –el foro romano y el foro julio-; por eso también se abrió al público a toda prisa, sin que estuviera acabado el templo de Marte, y se dispuso que en él se celebraran especialmente los juicios públicos y los sorteos de los jueces. Había hecho voto de levantar el templo de Marte una vez entablada la guerra de Filipos para vengar a su padre; decidió, por tanto, que en él sería consultado el Senado a propósito de las guerras y de los triunfos, que de él partiría la escolta de los magistrados que se dirigieran a las provincias investidos del mando supremo y que a él traerían las insignias de sus triunfos los generales que hubiesen regresado vencedores.”

Debido a ello, a las prisas, a una posible mala gestión de los tiempos –Augusto, irónico, solía hacer referencia a la lentitud del arquitecto del foro en no pocas de sus conversaciones privadas-, se inauguró el foro el uno de agosto del 3 a. C., no así el templo, inaugurado un año después el doce de mayo, siendo su dies natalis. Pese a ello, el foro a veces recibe el nombre de forum Martis. Situó Augusto a lo largo del foro estatuas de bronce y mármol representando a los héroes y generales victoriosos de la historia romana, indicando su nombre y cursus honorum. Todo un espectáculo y motivo de orgullo para todo romano, que pueden contemplar a los triumphatores, comenzando con el mitológico Eneas.
Nota del autor: es posible, aunque existe controversia, que se instalase provisionalmente un templo a Mars Ultor en el Capitolio, hasta la inauguración del templo del foro de Augusto. Debido a ello existe cierta confusión sobre la fecha exacta de la inauguración del templo. Algunos autores consideran el 1 de agosto, otros el 12 de mayo –fecha por la que me inclino-.

Templum Mars Ultor
Este singular templo tiene diversas funciones desde su inauguración, todas relacionadas con el mundo bélico.
  • En tiempos de Augusto los senadores se reunían aquí para tratar y deliberar los asuntos relacionados con la guerra.
  • Aquí acuden los generales victoriosos a mostrar sus respetos a Roma y al emperador; aquellos que regresan a Roma con botines de guerra singulares, suelen depositarlos en este templo.
  • Los salii, los sacerdotes guerreros de Marte, a menudo realizan sus banquetes en el interior de este templo.
  • En su interior existe una capilla a la arcaica diosa guerrera Ultio, personificación de la venganza personal. Sin embargo, en tiempos imperiales se suele moderar el carácter vengativo de esta deidad, algo más clemente y misericordiosa con sus enemigos.
  • No pocos jóvenes de la nobleza, en ese tiempo que deben adquirir la toga viril, muestra clara de su madurez, acuden a este lugar para esta ceremonia pública tan importante. El foro y el templo son magníficos escenarios para estas ocasiones tan solemnes pero alegres y emotivas.
  • Durante un tiempo el templo se consideró seguro para custodiar riquezas y bienes, pero según Juvenal, cuando robaron de su interior el casco de Marte, ya no se consideró una fortaleza segura e inexpugnable. El poeta se mofaba asegurando que Marte el Vengador era incapaz de vengarse del robo perpetrado en su templo.

Ludi Martiales -12 de mayo-
Por motivo de la inauguración del templo a Marte Vengador, Augusto celebró unos juegos en su honor, que después se hicieron anuales y organizados por los cónsules. Los juegos también reciben el nombre de Martis Ultoris. En estos primeros juegos el emperador ofreció una naumaquia. Posteriormente, se suele ofrecer una venatio.
Sin embargo, el plato fuerte de los juegos está en la competición de las seis turmae –escuadrón de caballería, en teoría, formada por treinta jinetes y sus monturas-. Estas turmae están lideradas por los sodales augustales, miembros en el sentido más extenso de la familia imperial, encargados del culto a los julio-claudios. Los senadores tienen el privilegio de escoger, en esta ocasión, a una turma que les representa.


martes, 15 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: Dies natalis del templo a los Lares Permarini -22 de diciembre-

Representación de un puerto
Aniversario conmemorativo de la dedicación a los dioses marinos conocidos como lares permarini; aunque también denominados lares marini.

El término permarini
Groso modo, permarini puede traducirse como “de los mares”, aunque es un término algo más complejo. Sería más apropiado indicar que hace uso de los mares, ya sea navegando por los mismos o habitándolos.

¿Quiénes son estos lares permarini?
Divinidades protectoras de la navegación, de los marinos y sus navíos, especialmente en momentos de grave necesidad, como tormentas o borrascas. Son similares a los lares compitales o los lares praestites (ver los festivales de la Compitalia y Laribus respectivamente). En cierta medida y debido a su naturaleza “civilizada”, los permarini suelen tener mayor influencia en las aguas surcadas habitualmente por los barcos y las tutas marítimas mejor conocidas.
Muchos navíos disponen en sus proas una pequeña cella, un pequeño habitáculo, en la que depositan las efigies, de simple barro en la mayoría de los casos, de estos lares. Se trata, claro está, de un singular y marino lararium. Al fin y cabo, los permarini son los protectores de los marineros.
Son similares, curiosamente, a las divinidades fenicias denominadas pataicos, representados como niños grotescos, espantosos, de barrigas abultadas, ocultos también en la proa de sus navíos.
Debido a la influencia helenística, estos lares permarini, siempre de número y aspecto variable, han sido identificados a su vez con diversas divinidades, por ello se pueden considerar permarini a Castor y Pólux, a los tritones, a Palemon, Tetis, a Salacia– la griega Anfítrite- y su esposo, Neptuno. Por lo tanto, tenemos a los lares permarini y otras divinidades asociadas a ellos, o bien, que al ser identificadas con el mismo nombre, por costumbre o el paso del tiempo, se han convertido en permarini.

La batalla de Mioseno (190 a. C.)
Luchaba la república romana contra Antíoco III el Grande, rey de Siria, descendiente ya lejano de Seleuco, uno de los comandantes de Alejandro Magno. Ambos estados, Roma y Siria, decidían en esta contienda cual de ellos dominaría tanto la Hélade como Asia Menor. Antíoco deseaba que su reino recuperase el prestigio y el poder que había tenido antaño, tras una larga decadencia.
La guerra se libraba tanto por tierra como por mar, asunto que nos interesa. Comandaba la flota romana L. Emilio Régilo y la del rey Antíoco, Polixénidas, un general y almirante rodio desterrado. Tras diversos amagos y órdagos entre los dos líderes contendientes –cada uno buscaba el momento propicio para la batalla-, decidieron el combate naval en Mioseno, entre las islas de Quíos y Samos, en Asia Menor.
Apiano, en Sobre Siria (27), nos describe la batalla y su resultado: “Poco tiempo después tuvo lugar un combate naval entre Polixénidas y los romanos en las proximidades de Mioneso, donde se habían congregado Polixénidas con noventa naves acorazadas y Lucio, el almirante romano, con ochenta y tres, de las cuales veinticinco procedían de Rodas. Eudoxo, el comandante de estas últimas, estaba colocado en el ala izquierda y, cuando vio que Polixénidas por el otro lado extendía su línea mucho más allá de la establecida por los romanos, tuvo miedo de ser rodeado y, navegando velozmente alrededor con sus naves rápidas y sus remeros expertos en la mar, condujo en primer lugar contra Polixénidas a las naves portadoras de las máquinas de fuego, que resplandecían por las llamas desde todos los ángulos. Las naves de éste no se atrevían a embestirlas por temor al fuego y, dando vueltas alrededor en círculos, se escoraban llenándose de agua de mar y se golpeaban con las serviolas. Finalmente, una nave rodia embistió a una sidonia y, como consecuencia del fuerte golpe, salió disparada el ancla de la nave sidonia y fue a clavarse en la rodia quedando trabadas ambas naves entre sí. Por este motivo, al estar inmovilizadas las naves, el combate entre las tripulaciones tuvo lugar como en tierra firme. Entretanto, muchas otras naves acudieron en auxilio de una y otra, y se entabló una brillante pugna por ambos bandos en la que las naves romanas navegaron contra el centro de la línea de Antíoco, que había quedado desguarnecido por la razón expuesta, y rodearon al enemigo antes de que se diera cuenta. Cuando éstos lo advirtieron, se produjo la huida y la persecución y fueron destruidas veintinueve naves de Antíoco, de las que trece fueron capturadas con sus tripulaciones. Los romanos perdieron sólo dos.”

Durante la batalla, L. Emilio Régilo había prometido un templo a los lares permarini, sabiendo que una victoria naval en ese momento podía ser decisiva para el transcurso de la guerra siria. Tras Mioseno, se pierde el nombre de Polixénidas, que huyó hasta la corte de Antíoco.

Aedes Lares Permarini
El templo, prometido por L. Emilio Régilo durante la batalla de Mioseno, fue inaugurado, sin embargo, once años más tarde. Fue inaugurado por el censor M. Emilio Lépido el 22 de diciembre del 179 a. C., siendo su dies natalis.
Tito Livio en su Historia de Roma XL (52. 4) nos habla de un detalle que puede admirarse en el templo: una placa conmemorativa sobre la batalla.
“Encima de los batientes de la puerta del templo se fijó una placa con este texto: «A Lucio Emilio, hijo de Marco Emilio, que partió a resolver una importante guerra para someter a los reyes, esta batalla le sirvió de base para concluir la paz… bajo sus auspicios, su mando, su buena estrella y su dirección, entre Éfeso, Samos y Quios, ante los ojos del propio Antioco, de todo su ejército, de su caballería y sus elefante, la hasta entonces invicta flota del rey Antioco fue dispersada, aplastada y puesta en fuga, y allí fueron capturadas aquel día cuarenta y dos naves de guerra con toda su dotación. Después de librarse aquella batalla, el rey Antioco y su reino… Por esta victoria prometió con voto un templo a los lares del mar». Se fijó otra placa con el mismo texto sobre la puerta del templo a Júpiter en el Capitolio.”

El templo está situado en la zona meridional del Campo de Marte, entre los pórticos de Pompeyo y Minucia. En este último se realiza una importante función en la ciudad: la distribución de alimentos a la plebe, por lo que suele ser un lugar muy concurrido. El templo a los Lares Permarini está adscrito a una zona sagrada que comparte con otros templos dedicados a Feronia, a Fortuna Huiusce Diei y Juturna.

lunes, 7 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: Spei Victoriis Duabus -1 de agosto-

Moneda de cobre de Vespasiano, y Victoria Navalis
Aniversario conmemorativo de la dedicación de dos templos en esa fecha, a Spes, la esperanza y otro a Victoria.

¡Esperanza y Victoria!
El pueblo y el senado de Roma ha medida que avanzaban en su conquista de Italia –los samnitas no se lo pusieron fácil- y pugnaban contra la gran potencia de Cartago, sufrían tantas victorias como derrotas. Acompañadas estas guerras con hambrunas, escasez y privaciones de todo tipo, sin olvidar el gigantesco coste humano y material. Tiempos inciertos, de máxima tensión, de cambios, adaptación y, por supuesto, de dudas morales, cívicas y religiosas. Por ello, en esos tiempos, se solicitó la ayuda de multitud de divinidades que conforman las mejores cualidades de un ser humano. Se erigen templos a dioses como a Virtus, Honos, Fides o Mens –la Inteligencia-; y en este caso a Spes, la esperanza, y la Victoria.
A finales de la República en Roma abundan templos que no veneran a las divinidades “clásicas”, por llamarlas de algún modo –su nombre exacto es dii consentes-. Cicerón, como algunos eruditos de su tiempo, se mofan de esta multiplicidad de dioses asimilables a las necesidades y cualidades humanas. Así lo manifiesta en su Sobre la naturaleza de los dioses II haciendo una relación de divinidades, digamos, sospechosas: “Es el caso de Confianza y de Mens […]. Ves el templo de Valor, ves el de Honor […]. ¿Qué decir del templo a Ops, del de Salvación, del de Concordia, del de Libertad o del de Victoria?”.

Sin embargo, la mayoría de los romanos sí consideran a estas divinidades importantes, dignas de confianza y veneración.

La diosa Spes
La personificación divina de la esperanza –con especial dedicación a la juventud-, con amplio culto en Italia y otras partes del occidente romano, incluyo culto privado. Spes, así como los cultos de Fortuna o Fides, poseen asistentes que reciben el nombre de magistri, la mayoría esclavos, aunque también cuenta entre sus miembros libertos y ciudadanos libres –destacar que estos magistri pueden ejercer en Italia, pero no en la propia Roma-. Entre los griegos se la equipara a Elpis, aunque no tiene culto en la Hélade.
Se la representa como una joven portando un canasto floral, a veces una cornucopia, aunque su imagen más reconocida es la de una diosa de gesto sosegado, tranquilizador, jugueteando con una simple flor en la mano.
En tiempos imperiales, Spes Augusta se identifica con una de las virtutes, una de las cualidades que hacen mejor al ser humano y, por extensión, en el caso de la propaganda de la familia imperial, la capacidad del emperador de ofrecer a su pueblo de mejores condiciones de vida –o al menos, la esperanza de ello-.

Aedes Spei
Templo erigido e inaugurado por A. Atilio Calatino durante la primera guerra púnica, como rogativa a la esperanza de ganar una guerra de incierto final. La fecha es incierta, quizás el 247 a . C., siendo censor Calatino, aunque sí se sabe el día: 1 de agosto.
Está situado en el Foro Holitorium –mercado de verduras y hortalizas-, muy cerca del teatro de Marcelo; le acompañan dos templos más, el de Juno Sospita y el templo de Jano. Los tres miran hacia el Capitolio. Está unido por un pórtico al templo de Apolo Médico –porticus post Spei ad Tiberim ad aedem Apollinis Medici-, construido por orden de M. Fulvio en el 179 a. C.
En el 218 a. C. fue alcanzado por un rayo, época de grandes temores: comenzaba la segunda guerra púnica Tito Livio en su Historia de Roma 21 (62) nos narra el estado de ánimo de Roma en aquellos momentos, cuando se produjeron numerosos prodigios: “En Roma o sus aledaños ocurrieron aquel invierno muchos prodigios, o bien, como suele ocurrir cuando se apodera de los ánimos el temor religioso, se habló de muchos y se les dio crédito de forma irreflexiva; entre ellos, que un niño de seis meses nacido libre había gritado ¡Victoria! en el mercado de verduras, y que en el mercado de ganado vacuno un buey había subido por si solo a una tercera planta y, espantado por el alboroto de los vecinos, se había arrojado al vacío desde allí, y que en el cielo habían brillado unas imágenes de navíos, y que el templo de la Esperanza que está en el mercado de las verduras había sido alcanzado por un rayo […].”

En el 213 a. C. el templo ardió, junto a otros, tras un incendio que duró dos noches y un día, creándose una comisión especial para su reparación. Desgraciadamente, el templo sufre otro incendio en el 31 a. C. En este caso Dión Casio en su Historia romana L (10) nos explica las circunstancias de este hecho, posiblemente un acto de descontento e insurrección entre los libertos: “Un incendio destruyó, entre otros monumentos, una parte considerable del propio circo, así como el templo de Ceres y uno de los dos templos de Esperanza. Se creyó que habían sido los libertos quienes habían hecho aquello, pues a todos los libertos que vivían en Italia y poseían una fortuna superior a cincuenta mil denarios se les había ordenado que pagaran, en calidad de tributo, la octava parte. A raíz de aquella disposición provocaron numerosos disturbios, crímenes e incendios y no se restableció el orden hasta que fueron dominados por las armas.”

En el 17 d. C., en tiempos de Augusto, es restaurado por Germánico, en el amplio programa restaurador ordenado por el emperador.
Como curiosidad se puede decir que el emperador Claudio nació un 1 de agosto, coincidiendo con el dies natalis del templo a Spes. Debido a ello la efigie de la diosa es habitual en las monedas acuñadas durante su principado.

La diosa Victoria
Divinidad que encarna, como su propio nombre indica, la victoria, aunque especialmente aquella relacionada con el mundo bélico. Su nombre deriva de vincere, «la vencedora», aunque Varrón, en su Lengua Latina V, es algo más creativo y la deriva de vincire, atar, “por el hecho de que los vencidos son atados”.
Es una divinidad de gran importancia en la sociedad romana, involucrada en los triunfos de los generales victoriosos y en la existencia misma de Roma como vencedora y conquistadora de la ecumene. Aparece por doquier en monedas y otros objetos, coronada, con sus características alas, llevando la palma y la corona de laurel en gesto de ofrecimiento, de triunfo, acompañada de dos trofeos, dos monumentos consagrados que representan, junto a ella, la triada de Marte, Venus y Victoria, tan importantes en el culto militar. A Victoria se le ruega para vencer antes de la batalla, y se le agradece si se derrota al adversario. Para los soldados, y especialmente los legionarios, Victoria junto a Fortuna, son sus diosas. Divinidades como Vica Pota se identifican casi plenamente con Victoria.

Templum Victoriae
Situado en el Palatino, ascendiendo desde el Velabro por la escalinata que lleva su nombre –Clivus Victoriae-, partiendo desde la Porta Romana. Esta subida se bifurca debido a la antigua casa del emperador Tiberio, la domus Tiberiana. Se trata de un tramo subterráneo, de una calle interior. Aquí muchos se esconden para jugar con dados y apostar, lo que está prohibido por ley (aunque también hay guardias por la zona que no parecen entorpecer estos juegos y apuestas).
Este templo fue, según la más antigua tradición, erigido por el mítico Evandro. Dionisio de Halicarnaso en su Historia antigua de Roma I (32, 5), lo narra sucintamente al describir las obras de este rey: “En la cima de la colina eligieron el lugar consagrado a la diosa Victoria e instituyeron sacrificios anuales en su honor, que incluso en mi época los romanos le ofrecían.”

Siendo edil curul L. Postumio Megello (c. 307 a. C), en tiempos de las guerras samnitas, logró recaudar una nada despreciable cantidad de dinero cobrando las multas de aquellos que no respetaban las leges Liciniae-Sextiae. Una alcanzada una cantidad suficiente, Postumio prometió un templo a Victoria, inaugurándolo siendo cónsul el 1 de agosto del 294 a.
Durante los años 204-191 a. C. se construyó el templo a la Magna Mater (ver el festival de los Ludi Megalenses), por lo que era necesario encontrar un lugar seguro y adecuado para depositar la gran piedra de Cibeles, siendo escogido este templo.
Tito Livio, en su Historia de Roma XXXV (9) nos dice que el severo y tradicional M. Porcio Catón inauguró una capilla a Victoria Virgo, aunque desconocemos la razón de su voto: “Por las mismas fechas Marco Porcio Catón dedicó una capilla a la Victoria Virgen, cerca del templo de la Victoria, dos años después de haberlo prometido con voto”.

Ubicación del templo a Victoria en el Palatino

sábado, 5 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Mens -8 de junio-

Ubicación del Aedes Mentis en el Capitolio
Aniversario de la inauguración del templo erigido en honor a la diosa Mens; a esta diosa a veces se la conoce como Mens Bona. Este dies natalis también se conoce como Mentis in Capitolio.

La diosa Mens…
Personificación de la inteligencia, de la facultad intelectual, del buen juicio y la prudencia. Cuando se prometió su templo se tuvo en cuenta especialmente el uso de la inteligencia para la planificación de las campañas militares: se dedicó tras una desastrosa derrota en Trasimeno.

…¿O la diosa Venus Mimnermia?
Algunos autores consideran que Mens es un aspecto de Venus, con el epíteto de Mimnermia. El gramático Servio la denomina “quod meminerit omnium” –la que lo recuerda todo-. Cuando se consagró su templo se hizo junto al de Venus Ericina, siendo solicitados los dos cultos por los libros Sibilinos.

Plinio el Viejo y su valoración sobre Mens
Este autor en su Historia Natural II (14-15) nos muestra una crítica feroz sobre la divinización de cualidades humanas, como la Inteligencia, entre otros. Muchos eruditos romanos, incluido Cicerón, censuran a estos dioses “inventados”: “Desde luego, es incurrir en la mayor simpleza el creer que hay innumerables dioses (y, aún más, creerlo por los defectos de los hombres) como la Honestidad, la Concordia, la Inteligencia, la Esperanza, el Honor, la Clemencia y la Lealtad, o, como quería Demócrito, solamente dos, el Premio y el Castigo. Los mortales, perecederos y sufrido, recordando su propia debilidad hacen esta clasificación por partes, de forma que cada cual rinde culto a aquellos aspectos de los que más falto está.”

El desastre del Lago Trasimeno (217 a. C.)
Tras la desastrosa derrota romana a manos de Aníbal en la batalla del Lago Trasimeno, Roma entró en pánico. Habían muerto o caído prisioneros más de veinticinco mil combatientes, incluido el cónsul C. Flaminio. La ciudad no contaba en ese momento con efectivos militares y la segunda guerra púnica se perfilaba de una dureza singular. Entre varias medidas se nombró dictador a Q. Fabio Máximo, apodado Cunctator, que escogió hostigar al enemigo, asediarlo en Italia pero evitando cualquier confrontación directa. Aníbal en esos momentos era invencible.
Se consultaron los libros Sibilinos para averiguar que medidas debían tomarse en relación a la divinidad. Tito Livio, en su Historia de Roma XXII (9-11) nos narra los hechos: “Los decenviros, consultados los libros del destino, informaron a los senadores que el voto que se había hecho a Marte con motivo de aquella guerra no había sido realizado en debida forma y había que hacerlo de nuevo desde el principio y con mayor solemnidad; además, había que prometerle con voto a Júpiter unos grandes juegos, y a Venus Ericina y a Mens, un templo, y celebrar una rogativa y un banquete sagrado […].”

De este modo se votó por el templo a Mens, una súplica, una búsqueda más racional y planificada de la larga guerra que debía librarse en casa, en la patria italiana. Dos fueron los templos prometidos: uno a Venus Ericina y otro a Mens. El primero debía ser prometido por la autoridad máxima, por lo que el templo a Mens lo prometió un pretor. Tito Livio nos lo explica: “La promesa del templo a Venus Ericina la hizo el dictador Q. Fabio Máximo, pues de acuerdo con los libros del destino se había dictaminado que hiciese el voto quien detentase la máxima autoridad en la ciudad; la promesa votiva del templo a Mens la hizo el pretor Tito Otacilio Craso.”

El 8 de junio del 215 a. C. los templos fueron inaugurados, siendo su dies natalis, por Q. Fabio Máximo y T. Otalicio, oficiando como duumviri aedi dedicandae, cargos especiales cuya función es inaugurar templos.

Aedes Mentis
El templo está situado en el Capitolio, un área densamente poblada de edificios religiosos. Junto a él se encuentra el templo de Venus Ericina, separados solo por un pequeño desagüe –canali discretae-.
Debido a su situación, en la esquina suroeste, se puede ver la Roca Tarpeya o el templo de Júpiter Capitolino.
En el 115 a. C (o en el 107) fue restaurado por M. Emilio Escauro, uno de los políticos más relevantes y brillantes de su tiempo, victorioso tanto en la guerra como en la diplomacia, demostrando con creces ser el más idóneo para restaurar un templo a la inteligencia.
En el 193 d. C., el emperador Pertinax hace acuñar monedas con la efigie de Mens, resaltando sus dotes de inteligencia política y militar. La divinidad aparece junto a Juno y el epígrafe mentes laudandae –alabemos o elogiemos la inteligencia-.