lunes, 24 de abril de 2017

Calendario religioso romano: Feroniae –13 de noviembre-

Denario augustal representando a Feronia

Festival dedicado a Feronia, diosa sabina de la naturaleza salvaje; este día también está dedicado a Fortuna Primigenia, ambas divinidades muy unidas a la ciudad de Praeneste.

La diosa Feronia
Su nombre deriva del sabino feres, “terreno no cultivado”, en contraposición con el mundo civilizado agrícola, aunque no como un opuesto negativo –aunque otros consideran que su nombre procede de ferus, silvestre, animal salvaje-. Feronia es divinidad que habita en el linde del mundo silvestre y el agrícola. Puede considerarse que se trata de la naturaleza salvaje, sin domesticar, pero que es propicia a ello, siendo benefactora de la humanidad.
Es celosa de su privacidad, la que protege del modo que sea, como revela curiosamente Plinio el Viejo en su Historia Natural, II, 146: “En Italia, entre Terracina y el Templo de Feronia dejaron de hacer torres en tiempos de la guerra civil, al no quedar en pie ninguna de ellas por los rayos.” Se explica el fenómeno meteorológico, la inusual tormenta eléctrica, como una manifestación clara de la diosa por no tener vínculo alguno con las ciudades, símbolos de civilización. Feronia es agreste, y así desea permanecer. Una divinidad “salvaje” que no deseaba tener vínculo alguno con la ciudad, aunque cabe destacar que no se trata de una divinidad hostil: es patrona de los mercados agrícolas rurales.
Entre los sabinos se emitió moneda con su efigie, lo que muestra su importancia entre estas gentes.

Según Dionisio de Halicarnaso la diosa recibe tres epítetos diferentes:
  • Antóforos, portadora de flores
  • Filostéfanos, amante de las coronas
  • Perséfone, aunque esta más inusual

Érulo, el rey-demonio
La diosa Feronia tiene escasa mitología, aunque destaca su hijo Érulo, identificado como uno de los antiguos reyes de Praeneste, nombrado por Virgilio en la celebérrima Eneida. En ella se nos narra como un nostálgico Evandro, rey fundador de Palantia, lo había vencido en combate personal. Extraño y singular ser con tres cuerpos y tres almas, siendo similar al gigante Gerión:

“Ah, si quisiera Júpiter devolverme mis años juveniles,
Como era entonces cuando al pie de los muros de Praeneste
Arrollé la vanguardia de enemigos
Y quemé vencedor pilas de escudos
Y mandó este mi brazo a las simas del Tártaro
Al rey Érulo, aquel a quien su madre Feronia –horroriza contarlo-
Dio al nacer tres vidas. Le era dado vestir tres armaduras.
Tres veces era fuerza darle muerte.
Pues le arranco las tres, este mi brazo, con sus tres armaduras.”

El santuario de Lucus Feroniae
Posee numerosos santuarios silvestres en Italia central, aunque el más célebre y conocido está en Feronia, muy cerca del Monte Soracte –ver entrada en el blog sobre la licantropía y el dios Sorano-. Este lugar recibe el nombre de Lucus Feroniae –Bosque sagrado de Feronia-, destacando lo poco poblado de la región y sus frondosos y primigenios bosques.
En este lugar, desde antiguo, los sabinos, latinos y etruscos, se reúnen para mercadear, sin preocuparse de conflictos bélicos: todos respetan la naturaleza sagrada del santuario, siendo Feronia muy celosa del respeto debido a ella. Feronia es adorada por los tres pueblos antes citados.

Tito Livio, en su Historia de Roma XXVI, 11, 9, nos narra el saqueo que sufrió el santuario a mano del temible Aníbal durante las Guerras Púnicas, además nos detalla cómo las gentes de alrededor lo empleaban como refugio de sus riquezas agrícolas y pecuniarias y el temor que despertaba la deidad: “Desde allí continuó hacia el bosque sagrado de Feronia, cuyo templo era en aquellos tiempos famoso por sus riquezas. Los habitantes de Capena y demás convecinos llevaban allí las primicias de sus cosechas y otros presentes, de acuerdo con sus posibilidades, y lo habían adornado con gran cantidad de oro y plata. De todas estas donaciones fue entonces despojado el templo. Después de la marcha de Aníbal se hallaron grandes montones de bronce, pues los soldados tiraban las piezas impulsado por el temor religioso. Sobre el despojo de este templo no hay duda entre los historiadores.”

Debido a ello, a Feronia también se la considera garante de las primicias agrícolas, aunque pueda parecer contradictorio.

Estrabón, en su Geografía, V, 2, 9, al describir someramente el santuario, destaca un curioso rito extático asociado al mismo: “La ciudad de Feronia se encuentra al pie del monte Soracte y tiene el mismo nombre que una divinidad del lugar que goza de gran veneración entre los habitantes de entorno; de hecho, en este lugar se levanta su santuario, en el que se celebran asombrosas ceremonias: así, poseídos por esta diosa, pasan con los pies desnudos sobre una gran superficie de carbones y ascuas ardientes, sin sentir dolor, y una muchedumbre de gentes se reúne en comunidad con motivo de esta fiesta solemne, que se celebra cada año, y para adorar a la citada diosa.”

En tiempos de Augusto, el lugar obtiene la categoría de colonia –siendo poblada con veteranos de guerra-, un gran honor, con el nombre de Colonia Iulia Felix Lucoferensis, disponiendo de anfiteatro –con capacidad para cinco mil espectadores-, basílica, termas y otros edificios públicos, ideales para celebrar su festival anual.

El santuario de Terracina
Situado a pocas millas al noroeste de Terracina –también llamada Anxur-, en la costa sur del Lacio. El santuario domina un bosquecillo. Aquí es costumbre que los esclavos manumitidos vayan en busca de su pileus, el gorro que les identifica como libertos. Lo habitual es que estos esclavos sean manumitidos en pleno mercado, siendo un evento multitudinario con más que suficientes testigos de la liberación.
Debido a la naturaleza de Feronia, se la considera protectora de los libertos e incluso de los esclavos, representándolos. Es una de las deidades más vinculadas a los libertos y las clases humildes. En este santuario se veneran a dos deidades, puer Iuppiter –Júpiter niño-, también llamado Anxyrus; y a Iuno virgo, identificada como Feronia.

El santuario en Roma –lucus Feroniae in Campo Martio-
Tras una guerra con los sabinos en el siglo III a.C., vencidos por el cónsul Curio Dentato, y por medio de evocatio –una petición formal a una divinidad para abandonar su ciudad para instalarse en Roma-, se inauguró un templo a Feronia en el Campo de Marte, cerca de la porta Salaria.

Notas sobre el festival
No se tiene una descripción exacta de su festival, aunque se puede tener una idea aproximada del mismo; sin embargo, es posible que no se celebrase en la propia ciudad de Roma, sino en sus santuarios rurales de Italia central, denominándose Feroniae in campo.
Comerciantes, artesanos y labradores aprovechan el festival como día de mercado, siendo así desde muy antiguo. Se trata de grandes ferias, de las más concurridas y activas de Italia, muy vinculadas al mundo rural. Los libertos suelen realizar donaciones en sus santuarios, siendo perfecto realizarlos durante el festival –o bien, celebrando el día de su liberación-. Los labradores utilizan los santuarios como grandes hórreos, ofreciendo sus primicias.
Estrabón, como ya se ha podido leer, narra los singulares ritos que se realizan en sus santuarios. Otro detalle del culto a Feronia se desarrolla en su santuario de Trebula Mutusca, ciudad sabina al norte del Lacio. Abundan los olivos en la zona, y allí viven multitud de pájaros carpintero, los cuales están asociados a dos divinidades: Marte y Feronia. Cuando hace referencia al primero se le llama picus martius, y cuando hace referencia a la diosa, picus feronius. Al pájaro carpintero se le atribuyen varias cualidades, una de ellas es estar vinculado al fuego, siendo portador del mismo –o protector-, y la otra, es que se le atribuye cierta capacidad profética. Por lo que no sería raro ver oferentes solicitando el favor de Feronia y su pájaro.

Mapa localizando Feronia -en azul- y el territorio sabino



lunes, 17 de abril de 2017

Calendario religioso romano: Ludi Plebeii –del 4 al 17 de noviembre-

Localización del Circo Flaminio en el Campo de Marte

Juegos en honor de Júpiter organizados por los ediles de la plebe, siendo el reverso plebeyo de los ludi romani de septiembre.

Origen
Se desconoce cuándo comenzaron, aunque se tiene información de los mismos desde el 220 a. C., posiblemente para contentar a la plebe, siendo similares a los grandes ludi romani. Por ello están organizados por los ediles de la plebe, siendo una forma de contentar al pueblo y darle notoriedad.
Según algunos autores su origen se remonta a la época regia de Roma; otros, sin embargo, la retrasan hasta la república. Es posible que los plebeyos lo celebrasen de un modo un tanto informal –un único día, el 13-, hasta añadirse a los calendarios oficiales y públicos en el 220 a. C., ampliando los días poco a poco.

El circus de los plebeyos
Se celebran en el Circo Flaminio, en el extremo meridional del Campo de Marte, muy cerca del Tíber, siendo algo singular; lo más habitual en este tipo de ludi es organizarlos en el Circo Máximo. Pero el hecho de que el circo fuese inaugurado por un plebeyo, el censor Gayo Flaminio Nepos en el 220 a. C., es determinante: hasta los plebeyos tienen su orgullo, siempre ávidos y sensibles con su libertad política –en contrapunto al poder de los patricios u honestiores-. Los únicos juegos que comparten este circo son los ludi taurii quinquenales.
Los ediles plebeyos son los encargados del mantenimiento de los edificios públicos y de la organización de algunos festivales y juegos, como estos ludi plebeii, siendo representantes políticos de los plebeyos y garantes, en teoría, de su voz, autoridad y voluntad.
Desgraciadamente para los plebeyos, a lo largo del imperio el Circo Flaminio verá disminuir su longitud: de los originales quinientos metros aprox., terminará con unos trescientos. Además, se trata de una estructura sencilla, en nada comparable al Circo Máximo. En tiempos de Domiciano es un terreno llano utilizado como mercado y desalojado para celebrar los ludi. Posteriormente, se edificará una estructura más sólida y permanente.

Nota del autor: también es posible que el autor Valerio Máximo se equivoque, y estos ludi se celebrasen en el Circo Máximo. ¡Que los dioses sean benévolos si existe tal equívoco!

¿Cómo se organizan estos juegos?
No tenemos mucha información al respecto, pero al ser similares a los ludi romani, aunque no tan magníficos, comenzarían con una procesión, con un sacrificio posterior en honor a Júpiter, culminando con los juegos circenses –aunque existe discrepancia, al no disponer el Circo Flaminio de infraestructuras para carreras de carros; quizás se trataba de carreras de caballos, aunque esto es inusual en el mundo romano-.
Es muy posible que estos ludi incluyan combates de luchadores y pugilistas, así como ludi scaenici, juegos gladiatorios; y quizás competiciones atléticas. El día 13, de forma idéntica a los ludi romani, se celebra un epulum Jovis, un banquete público en honor a Júpiter.

Nota del autor: la forma más sencilla de entender estos ludi es imaginarlos como unos ludi romani más austeros, con menor pompa, pero muy vivos, siendo la encarnación de la voluntad y libertad de los plebeyos tras los conflictos que se vivieron en tiempos de la República, época de grandes tensiones sociales y económicas.

jueves, 6 de abril de 2017

Calendario religioso romano: October Equus –15 de octubre-


Carreras en honor a Marte, y posterior sacrificio del caballo ganador, siendo uno de los festivales más antiguos y llamativos de Roma.

Desacreditando el origen troyano del festival
Algunos autores griegos, especialmente Timeo, consideran que el origen del festival se remonta a la guerra de Troya. Cierto es que no pocos eruditos romanos y no pocas familias romanas de antigua raigambre, vinculan la fundación de Roma con los troyanos huidos a Italia. Por lo tanto, el fatídico Caballo de Troya, maldito regalo de los aqueos, fue la perdición de la gran Ilión; y, por extensión generacional, una ignominiosa trampa para los propios romanos como descendientes de los troyanos. Consideran, por ello, que en el october equus se sacrifica a un caballo como “castigo” por aquella afrenta bélica.
Polibio, en sus Historias XII, lo desmiente con sencillez: “Timeo, dice que los romanos conmemoran todavía hoy, en un día determinado, la caída de Troya y que arrojan lanzas contra un caballo de guerra en un sitio denominado «el Campo», lo cual se explica porque la toma de Troya se efectuó por medio de un caballo de madera. ¡He aquí lo más pueril! Según esta explicación deberíamos llamar a todos los bárbaros descendientes de los troyanos; en efecto: todos los bárbaros, o al menos en su gran mayoría, siempre que han de iniciar una guerra o han de arriesgarse contra alguien jugándose el todo por el todo sacrifican un caballo y conjeturan el futuro por el modo como se desploma la bestia. Pienso que, en este aspecto de su irreflexión, Timeo evidencia no sólo ignorancia, sino también, y en grado mayor aún, impertinencia: del hecho de que los romanos sacrifican un caballo ha deducido directamente que lo hacen por su creencia de que Troya fue conquistada por la argucia del caballo.”

Otro autor, Festo, nos detalla algo el festival y, nuevamente, desmiente su origen troyano: “Caballo de octubre: se llama así al que es sacrificado anualmente en honor de Marte, en el Campo de Marte en el mes de octubre, el caballo derecho de la biga victoriosa en una carrera. Por su cabeza solía producirse una pelea muy violenta entre los de la Subura y los de la Vía Sacra. Estos últimos pretendían fijarla a los muros de la Regia; aquello, a la torre Mamilia. Y la cola del mismo caballo se lleva con gran rapidez a la Regia, para que de ella gotee la sangre sobre el hogar, para ser empleada en ritos de la divinidad. Dicen que esta víctima se inmola en honor a Marte, dios de la guerra y no, como cree el vulgo, porque se vengaran sobre él, ya que los romanos son oriundos de Troya, y los troyanos fueron capturados mediante la efigie de un caballo.”

Apuntes sobre el festival, según Plutarco
Gracias a sus preguntas en sus Cuestiones romanas (97), nos detalla algo más el festival: “¿Por qué en las idus de diciembre –lapsus del autor, ya que se trata de octubre-, cuando se celebran las carreras de carros, el caballo del lado derecho del tiro del carro vencedor es sacrificado a Marte y, después, se le corta la cola, se lleva a la zona llamada Regia y se salpica de su sangre el altar, mientras que unos que bajan de la llamada Vía Sacra y otros de la Subura se pelean por su cabeza?
¿Acaso, según algunos dice, castigan a un caballo por considerar que Troya había sido tomada por un caballo, porque, en verdad, son: «ilustres vástagos de los troyanos mezclados con hijos de los latinos»?
¿O porque el caballo es fogoso, belicoso y marcial y sacrifican a los dioses lo que les es particularmente afecto y apropiado, y el vencedor en las carreras es sacrificado, por ser Marte la divinidad específica de la victoria y el poder?
¿O, más bien, porque la obra de la divinidad es firme y quienes permanecen en sus puestos vencen a los que no permanecen y huyen, y la velocidad es castigada como recurso de cobardía y enseñan simbólicamente que no hay salvación para quienes huyen?

¿Cuál es el origen del festival?
Se desconoce con exactitud, pero debido a su conexión con otros festivales –como las Parilia-, se estima que se remonta a la misma fundación de la ciudad. Además, el sacrificio de un caballo y su guirnalda de panes –como se explica más adelante-, nos muestra a un Marte arcaico, vinculado al campo, antes de convertirse en un dios de naturaleza más bélica.
Por lo tanto, se trata de un festival de purificación guerrera –las tropas tradicionalmente regresaban de la guerra por esas fechas- y agrícola, simbolizando los panes, fruto del cereal, como el logro de mantener los campos sembrados libres de enemigos.
Ya desde antiguo nadie se atrevía a poner fecha exacta al festival, ni nombrar un fundador con nombre propio.

La carrera y el sacrificio
Se realiza en el Campo de Marte una carrera de bigas –carros tirados por dos caballos-. Es posible que el sitio concreto de la carrera sea el llamado Trigarium, en la zona noroeste del Campo de Marte, fuera del pomoerium, el límite sagrado de la ciudad.
De la biga ganadora, se escoge al caballo de la derecha para ser sacrificado. El caballo situado en esa posición es, debido a la naturaleza de la carrera, el más fuerte y veloz.
Al caballo se le sacrifica, en un lugar denominado ad Nixas, con una lanza sagrada consagrada a Marte, guardada en la Regia. Se trata de un arma ritual que simboliza a la misma deidad. Aunque no lo sabemos con certeza, es muy posible que el oficiante sea el flamen martialis, acompañado de los pontífices. Tras el sacrificio se cortan la cabeza y la cola del caballo.

Caput acris equi
La cabeza es motivo de dura disputa. Dos barrios luchan por ella, en una contienda casi bélica: los habitantes de la Vía Sacra y los de la Subura. Si ganan los primeros, la cabeza se fija en la Regia –antigua residencia de los reyes romanos-; si los segundos logran hacerse con ella, en la torre Mamilia, lugar vinculado a la gens mamilia, que en el pasado estuvo relacionada con Tarquinio el Soberbio, el último rey de Roma.
La cabeza se fija con una lanza –posiblemente la lanza sagrada-, expuesta al público. Una vez allí, se adorna con una guirnalda de panes, como señala Festo: “Rodeaban con panes –como una guirnalda- la cabeza del caballo inmolado durante los idus de octubre en el Campo de Marte, porque este sacrificio se hacía por el éxito de la cosecha, y se inmolaba un caballo mejor que un buey porque un caballo es apropiado para la guerra, el buey para producir la cosecha.”

Es gran motivo de orgullo para el barrio vencedor lograr esta cabeza, arrebatada a sus adversarios tradicionales. Cabeza, además, que adquiere las características propias de un talismán.

Nota del autor: en origen el Campo de Marte era terra regis, terrenos de cultivo pertenecientes a los reyes romanos. Es posible que en los primigenios festivales del caballo de octubre, la cabeza fuese ofrecida al rey como ofrenda religiosa.

Cauda
La cola se coge recién cortada, siendo llevada hasta la Regia en una carrera a pie. Una vez allí, se esparce sangre sobre el altar de Vesta. Existe controversia sobre que es exactamente la cauda, la cola del caballo. Se considera que puede tratarse de un eufemismo para denominar los genitales del animal, del falo; siendo, a mi parecer, lo más plausible. Contiene más sangre que la cola de un caballo, haciendo posible al corredor llegar hasta el altar y esparcir algunas gotas sobre el mismo. Además, la simbología del falo está relacionada con la fertilidad, siendo a su vez un elemento apotropaico, un talismán contra el mal de ojo.

Suffimen
Con la sangre del caballo sacrificado, junto a otros elementos rituales, se elabora un sahumerio de gran importancia para la religión romana. Ovidio, en sus Fasti IV, nos detalla someramente los ingredientes del suffimen: “Los materiales para ese sahumerio serán la sangre de un caballo y la ceniza de un ternero; el tercer ingrediente, el tallo vacío de un haba dura”.
Se trata, concretamente, de un producto sagrado elaborado por las vestales, mezclando las cenizas provenientes de los fetos de las vacas sacrificadas durante la Fordicidia, la sangre proveniente del caballo sacrificado durante el October Equus, y las cenizas de vainas de habas.

Nota del autor: sin embargo, no pocos autores modernos consideran que el caballo mencionado por Ovidio no es el sacrificado en el October Equus, tratándose de otro diferente, mutilado expresamente para la elaboración del suffimen.

jueves, 30 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Iuvenalia –1 de enero-

Mosaico representando a la diosa Iuventas

Juegos en honor a Iuventas, divinidad de la juventud masculina. También denominados Iuvenales ludi.

Origen: la iuvenalia de Nerón
Con motivo del primer afeitado de un joven Nerón –apenas contaba con veintiún años-, el emperador instituyó un festival en su honor y, por extensión, en el de Iuventas. El asunto de la barba no era baladí: simbolizaba el paso de la juventud a la madurez. Además, ansiaba el emperador actuar como actor y músico, siendo un gran mecenas de artistas y entusiasta del arte escénico griego; y este festival parece creado ex profeso con esa intención. Era la excusa perfecta, aunque no fue del agrado de los romanos más tradicionalistas.
Tácito, en sus Anales (XIV, 15) lo explica con detalle –aunque debe tenerse en cuenta la animadversión de este autor con algunos emperadores-:
“[…] instituyó unos juegos a los que llamó Juvenales, para los que todo el mundo dio su nombre. Ni la nobleza ni la edad ni los cargos desempeñados supusieron un impedimento para nadie a la hora de ejercer el arte de los histriones griegos o latinos, hasta llegar a gestos y cantos impropios de varones. Incluso damas ilustres se preparaban a actuaciones indecentes. En el bosque que Augusto había plantado en torno a su estanque para combates navales se construyeron lugares de reunión y tabernas, y se pusieron a la venta los artículos capaces de excitar a la orgia. Se repartía una cantidad de dinero para gastar, los buenos por necesidad, los libertinos por vanidad. Siguió creciendo en consecuencia el escándalo y la infamia, y nunca unas costumbres ya corrompidas de tiempo atrás se vieron rodeadas de excesos más abundantes que los provocados por aquella podredumbre. Aún entre las conductas honestas se mantiene a duras penas el pudor, ¡cuánto más difícil era que se conservara la dignidad, la moderación o un resto de honestidad en medio de aquella competición de vicios! Al fin se presenta el mismo en escena, tentando con gran cuidado la cítara a modo de preludio y acompañado por sus maestros de canto. Aparecía también con él una cohorte de soldados, tribunos y centuriones y Burro doliéndose y alabándolo. Entonces se reclutó por vez primera a los caballeros romanos llamados augustianos, notables por su edad y vigor, llevados los unos de su ingenio procaz, los otros por la ambición de poder. Los tales le aplaudían día y noche, aclamando la belleza y voz del príncipe con invocaciones apropiadas a los dioses; y así llegaban la fama y el honor como si fuera por su virtud.”

Se trataba de un festival en el que se representaban obras de teatro, canto, danza, mimo… todo tipo de artes escénicas, para mayor gloria del emperador y su caterva de aduladores, simpatizantes, parásitos, delatores. Para no pocos senadores y otros prohombres del Imperio, estos juegos eran indecentes e inmorales, un simple escenario para el deleite de los vicios de Nerón.
Esta primer iuvenalia se representó el 18 de octubre del año 59 d. C. El festival se marchitó con rapidez, perdiendo Nerón pronto el interés, desdeñándolos al ser poco concurridos. Para la ocasión no se escogió un circo, como era lo habitual, sino que se creó en la naumaquia de Augusto un teatro y otros edificios.

Nota del autor
No se tiene constancia clara de que, tras Nerón, se siguiesen celebrando estas iuvenalia de octubre. Además, resulta curioso que el emperador esperase a cumplir los veintiún años para constatar su paso de la juventud a la madurez –una edad tardía para un romano-.

La iuvenalia de enero
Tras el paso de algunos años, el emperador Domiciano recupera la iuvenalia, en la forma de unos ludi, celebrándolos, además, el uno de enero. No incluye en ellos juegos escénicos, sino circenses: carreras de carros y venationes, cacerías de bestias salvajes. Como anécdota, puede contarse que su idea era acabar con un cónsul de nombre Glabrio, que había actuado como gladiador. Para ello, le hizo venir a una de sus villas en el Lacio, donde debía luchar contra un gigantesco y fiero león. Era una imaginativa sentencia de muerte, pero, contrariando a Domiciano, Glabrio se negó a morir: acabó con el león sin sufrir un solo rasguño.

Nota del autor
Tampoco es seguro del todo que fuese Domiciano el que recuperase este festival, aunque sí sabemos que gracias a él duró al menos un siglo más, y que era habitual celebrarlo en las ciudades de casi toda Italia, donde los jóvenes se organizaban en collegia –asociaciones- para honrar el culto a Iuventas.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Ludi Capitolini –del 15 al 30 de octubre-

Área capitolina, y el templo de Júpiter Feretrio marcado con el número 5

Antiguos juegos en honor de Júpiter Feretrio y, posteriormente, Júpiter Capitolino, salvador de Roma ante los galos.

Origen
Entre la historia y el mito, tras la desastrosa y humillante derrota romana en el río Alia, se nombra como dictador a Marco Furio Camilo, uno de los grandes héroes de la joven república. Este, que habitaba a las afueras de Roma, y tras alguna reticencia, acepta el cargo y con la voluntad y piedad que lo caracterizaba, ataca a los galos. Los galos reclamaban a Roma un humillante pago en oro –el famoso Vae Victis! (¡Ay, de los vencidos!)-, lo que no era del agrado de Camilo.
Tito Livio V, 49, nos narra la ocasión: “Pero los dioses y los hombres impidieron que los romanos viviesen rescatados, pues dio la casualidad de que, antes de que el execrable pago se efectuase, no estando aún pesado el oro en su totalidad debido al altercado, se presenta el dictador y ordena que se quite de en medio el oro y que los galos se retiren. Al negarse éstos, alegando que se había hecho un trato, dice que un pacto que ha sido convenido después de ser él nombrado dictador, sin orden suya, por un magistrado de rango inferior, no tiene validez, y advierte a los galos que se apresten al combate. Ordena a los suyos que pongan en un montón los bagajes y preparen las armas, y reconquisten la patria con el hierro, no con el oro, teniendo a la vista los templos de los dioses, las esposas e hijos, y el suelo patrio destrozado por los males de la guerra, y todo aquello que es un deber sagrado defender, recuperar y vengar. Forma, luego, a las tropas en orden de batalla, en la medida en que lo permitían las condiciones del terreno en el suelo de una ciudad medio derruida y de conformación accidentada, y toma todas las medidas favorables a los suyos que sus conocimientos bélicos le permitían adoptar y disponer. Los galos, desconcertados por lo inesperado de la situación, toman las armas y se lanzan contra los romanos con más ira que reflexión. La fortuna había cambiado, ya la ayuda de los dioses y la prudencia de los hombres favorecía a Roma. Así, al primer choque fueron dispersados los galos en no más tiempo del que les había llevado vencer en el Alia. Después, en otra batalla más regular, en el miliario ocho de la vía Gabinia, donde se habían reagrupado después de la huida, son vencidos bajo el mando y los auspicios del mismo Camilo. Allí la carnicería fue total, el campamento fue tomado y no quedó ni siquiera quien pudiese llevar la noticia del desastre. El dictador, recuperada la patria de manos del enemigo, volvió en triunfo a Roma, y en los rudos cantos de burla que profieren los soldados le llamaban Rómulo, y padre de la patria, y segundo fundador de Roma, elogios que no carecían de fundamento.”

Tras la victoria, Camilo instituyó en el 387 a. C. los ludi Capitolini como agradecimiento a Júpiter por salvaguardar el Capitolio de los galos, sin olvidar la derrota de los invasores. Así lo explica Tito Livio: “[…] se celebrarían juegos Capitolinos, porque Júpiter Óptimo Máximo había protegido su morada y la ciudadela del pueblo romano en circunstancias críticas; a este fin, el dictador Marco Furio formaría un colegio integrado por habitantes del Capitolio y la ciudadela.”

Los primeros sacerdotes encargados de la organización de los juegos eran patricios residentes en el Capitolio, escogidos por el propio Camilo. Este colegio sacerdotal recibe el nombre de collegium Capitolinorum.
Estos juegos se inician en los idus de octubre, con una duración de dieciséis días.

Otro posible origen
Según algunos autores, como Calpurnio Pisón –citado por Suetonio y Tertuliano- el origen de los ludi Capitolini están en unos previos instaurados por Rómulo, llamados ludi Tarpeii, al realizarse en ese lugar –la tristemente famosa Roca Tarpeya, desde la que se arrojaban en algunas ocasiones a los condenados-. Estos primeros juegos consistían en sencillas competiciones atléticas y pugilísticas.
Realizados en honor a Júpiter Feretrio –“el que golpea, ante aquel quien se lleva, llevar, transportar”-, en relación a los spolia opima, los trofeos de guerra ganados en combate personal. Su pequeño templo –aedes Iuppiter Feretrius- está situado en la colina Capitolina, siendo el primero en ser construido en Roma. Ninguna estatua representa a este Júpiter, sino un arcaico cetro, símbolo de su poder, y una roca –posiblemente un meteorito-. En su interior, además, se custodian antiguos trofeos.
Por lo tanto, es muy posible que los ludi Capitolini sustituyan a los arcaicos ludi Tarpeii de Rómulo.

Los ludi durante el Imperio
Caídos en desuso, inexistentes y olvidados, durante el principado de Domiciano (en el 86 d. C., durante su consulado), son restablecidos con el nombre de agones Capitolini, aunque celebrados cada cinco años, siendo quinquenales. Con el tiempo, debido a su aceptación, se celebran cada cuatro años –lo que se denomina olimpiada-.
Domiciano torna estos ludi en agones al estilo griego, con competiciones atléticas y culturales. El propio emperador coloca coronas florales de laurel a los vencedores. Estos agones son tan populares que atraen a poetas, oradores, autores, comediantes, atletas,… de todos los lugares del Imperio. Aunque debido, precisamente, a su popularidad, atrae a su vez a charlatanes, adivinos, magos…

¡Sardianos en venta! (Sardi venales!)
 “¿Por qué al celebrar espectáculos en el Capitolio aún ahora gritan «sardianos en venta» y un anciano va delante para burla llevando colgado al cuello un amuleto infantil que llaman bulla?
¿Acaso porque los etruscos llamados veyos lucharon largo tiempo contra Rómulo, quien tomó esta ciudad la última y vendió en pública subasta a muchos cautivos junto con su rey, a la vez que se burlaba de su simpleza y de su necedad. Y puesto que los etruscos eran de origen lidio y Sardes era la capital de los lidios, anunciaban así a los de Veyes y hasta ahora conservan la costumbre como diversión?”
De ese modo se pregunta Plutarco, en sus Cuestiones romanas, sobre una particular costumbre durante los agones Capitolini. Al parecer, según algunos autores, la intención de esta venta ficticia es humillar a los etruscos de la ciudad de Veyes, derrotados por Roma tras una larga e incierta guerra. Muchos de ellos fueron esclavizados, incluyendo a su rey. Costumbre de los reyes etruscos era llevar una bulla de oro, un amuleto; en el mundo romano ésta recibe el nombre de bulla puerelis, siendo una protección mágica infantil contra el mal de ojo. Por ello, estos improperios son un recordatorio festivo y triunfal de una guerra compleja y difícil de Roma en tiempos arcaicos contra los etruscos de Veyes, originarios de Sardes –sardi-.
Lidera una procesión, al comienzo del festival, un anciano ataviado con una toga praetexta –símbolo de su poder regio-, y una bulla colgando de su cuello, representando al rey etrusco.
Sin embargo, algunos autores romanos, consideran que el epíteto deriva en realidad de los habitantes de Sardinia –la actual Cerdeña-, tomada en el 238 a. C., realizándose una numerosa venta de esclavos de guerra, al no encontrarse nada más de valor en la isla. Según la tradición, estos esclavos fueron de la peor calidad, por lo que se perpetuó la frase de «sardianos en venta» como un proverbio burlesco y jocoso.
Templo de Júpiter Feretrio

lunes, 27 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Fontinalia -13 de octubre-

Preparando las coronas florales

Festival en honor de Fons, deidad protectora de las fuentes y de los pozos.

El dios Fons
También conocido como Fontus. Hijo de Jano y Juturna, diosa a su vez de las fuentes y manantiales. A Fons le suele acompañar en el culto Juturna, las Tempestates, Flora o Mater Larum, todas deidades relacionadas con las aguas o la naturaleza.
Especialmente tras el 13 de octubre del 231 a. C, cuando el templete a Fons fue dedicado por el cónsul G. Papirio Masón, con parte del botín obtenido en la toma de Córcega. Este templete, que recibe el nombre de delubrum Fons, está situado en el exterior de la porta Fontinalis, en el extremo sur del Campo de Marte, en Roma. Además de este templete, Fons posee en su honor un altar cerca de la tumba de Numa Pompilio, en el Janículo.

Nota del autor
Apenas tenemos, desgraciadamente, información sobre cómo se realizaba y vivía este festival. Sí sabemos que durante el festival se engalanaban las fuentes y pozos, tal y como asegura Varrón en su Lengua Latina: “[…] lanzan coronas al interior de las fuentes y también ponen coronas a los pozos –en sus brocales-.” Además de estas coronas votivas florales, se realizaban libaciones de vino y aceite en sus aguas.
Debido a la falta de evidencias arqueológicas y literarias, es de suponer que su culto no era muy popular, aunque era feriae –festivo-, tratándose de un día de “vacaciones” a partir del mediodía.
Sabemos además de la existencia de magistri Fontis, encargados en algunas de las ciudades de las fuentes, aunque desconocemos si eran los oficiantes de las Fontinalia locales. 
A su vez, es común entre los romanos, y de igual modo entre los griegos, asociar las fuentes a las ninfas, culto muy popular y valorado, por lo que también es posible que las Fontinalia, debido a estas particularidades, sí fuesen populares.

jueves, 23 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Meditrinalia –11 de octubre-


Festival vinícola en el que se celebra la nueva vendimia ya finalizada, siendo la última de las celebraciones relacionadas con el vino del año. Se realizan libaciones de vino nuevo y viejo en honor a Júpiter, como protector de la cosecha, sin olvidar que los auspicios sobre el cultivo de los viñedos se realizan bajo su potestad (ver Vinalia).

Origen del nombre meditrinalia
Según Varrón, en su Lengua latina, el nombre procede de mederi «curar», al asegurar que L. Valerio Flaco, flamen de Marte, aseguraba que durante el festival se mezclan vino nuevo y viejo. Esta mezcla ensalza sus virtudes terapéuticas y sanadoras –haciendo hincapié en las virtudes “mágicas” del vino-. Costumbre que se conserva en tiempos imperiales. Tras la vendimia se obtiene, tras su pisado, vino nuevo, el mosto –mustum-, que aún no ha fermentado. Se mezcla este con el vino viejo, lo que impide que se avinagre. Los romanos, al tomar esta mezcla, recitan una fórmula que cae más en la superstición y la magia, que en el ámbito religioso:

“Vetus novum vinum bibo, novo veteri morbo medeor”
(Vino nuevo y viejo bebo, de nuevos y viejos males me curo)

Debido a estas virtudes sanadoras de la mezcla, algunos autores, como Festo, hablan de la diosa Meditrina –también denominada Meditrinae o Meritrina-, protectora de la cosecha, la salud, la longevidad y el vino. Es muy posible que esta deidad sea un “invento” para justificar el nombre del festival, ya que apenas existen registros sobre ella y todos son tardíos.

Nota del autor
Desgraciadamente apenas sabemos nada de este festival, aunque conociendo el carácter romano, es muy posible que durante ese día los ciudadanos y esclavos vinculados al campo y los viñedos tomasen vino mezclado con poca moderación, eso sí, siempre con conservar y preservar la buena salud.
Debía ser un día alegre, en el que, tras pisar las uvas y recoger el mosto, los celebrantes en solemne congregación, agradecían a Júpiter –y a Meditrina- por la cosecha. Tras la libación, realizada sobre la tierra, ahora empapada con mosto y vino viejo, se consumía la mezcla, posiblemente con sencillos alimentos rústicos.