lunes, 18 de septiembre de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Marte Vengador -12 de mayo-

Templo de Mars Ultor

Aniversario conmemorativo del templo a Mars Ultor, situado en el monumental Foro de Augusto.

Dos eventos bélicos para un templo
El emperador Augusto fue el instaurador del culto a este Marte vengador de perfidias relacionadas con el mundo bélico, aunque de un modo un tanto singular. Nada de victorias en batalla contra enemigos extranjeros o gestas heroicas comunes al imaginario romano. Dos hechos diferentes fomentaron el culto y la promesa de este templo. El primero, vengar el asesinato de Julio César, padre adoptivo de Octavio, triunfo conseguido en la batalla de Filipos; el segundo, recuperar las enseñas militares perdidas por Craso ante los partos en Carrhae, un triunfo diplomático y propagandístico. Dos hechos en relación con el mundo guerrero.

  • Filipos (42 a. C.), el final de la causa republicana
Octaviano y Marco Antonio, tras el asesinato del celebérrimo Julio César, juraron venganza por el execrable y cobarde magnicidio. La ocasión se presentó en Filipos, población de Macedonia. Se entabló una durísima batalla que bien puede llamarse doble: dos fueron los enfrentamientos entre los ejércitos comandados por los vengadores de César y sus asesinos, los llamados libertadores. Entre ellos Bruto.
Durante dicha batalla Octaviano –aún no era Augusto- prometió un templo a Mars Ultor, dios guerrero y ahora vengador. Y cumplió su merecida venganza, derrotando al enemigo. Murió por su propia mano Bruto en la contienda al verse rodeado de enemigos y su causa derrotada. Tras Filipo se consideró vengado al gran César.

  • Regresan los estandartes capturados a Craso
Craso, uno de los hombres más ricos de su tiempo –si no el más rico-, vencedor contra Espartaco, dirigió su desmedida ambición contra el reino de los partos. Su campaña, aunque bien ideada, terminó abruptamente en la batalla de Carrhae (53 a. C.), una de las peores derrotadas sufridas por Roma. Quizás perdió a Craso su carácter soberbio, quizás menospreció al adversario. Como anécdota se puede nombrar la llamada Legión Perdida, legionarios que tras cierto tiempo de cautiverio, terminaron como soldados fronterizos en el extremo oriental del reino parto, finalizando, posiblemente, sus días en tierras de Sedere –la actual China-.
Ignominiosa derrota, mayor ignominia los estandartes romanos capturados. Para el soldado romano el águila es sagrada, y verla en manos del enemigo es la mayor afrenta y vergüenza que puede sufrir. Curioso resulta, que Julio César, poco antes de su asesinato, planeaba una campaña contra los partos teniendo en mente la derrota de Carrhae y la pérdida de los estandartes.
Pero fue Augusto el que los recuperó, empleando la diplomacia y la fuerza. Tiberio fue el encargado de derrocar al rey de Armenia e instalar a uno a favor de la causa romana. Y en un acto de buena voluntad, entregó a Fraates, el rey parto, al hijo que retenía Augusto como “huésped”. Ambas acciones fueron suficientes para la devolución de los estandartes, todo un triunfo para el orgullo romano. ¡Craso estaba vengado!

Augusto y Marte Vengador en los Fasti
El gran Ovidio, en sus Fasti V (550-595), nos describe los motivos de Augusto para prometer el templo a Marte Vengador. Una forma honrosa de entender el poder del bélico dios como garante del honor y la justa venganza en los conflictos guerreros:
“[…] Había llegado Marte y al llegar había dado señales de guerra. El propio Vengador había descendido del cielo a recibir sus honores y el templo que se divisa en el foro de Augusto. El es dios grande y su monumento también: no de otro modo debía habitar Marte en la ciudad de su hijo. […] Ve en las jambas armas de distinta hechura y armas de tierras conquistadas por sus soldados. En una parte ve a Eneas cargado del querido peso –su padre a hombros- y a tantos antepasados de la nobleza julia […]. Contempla también el templo con el nombre de Augusto en su fachada, y el edificio le parece más grande al leer el nombre de César. Augusto había prometido este templo de joven, cuando empuñó las armas que su amor le exigía; con hechos tan grandes tenía que inaugurarse el principado. Extendiendo las manos, mientras a un lado se alineaban las tropas leales y al otro, los conjurados, dijo las siguientes palabras: «Si mi padre, sacerdote de Vesta –Julio César era Pontífice Máximo-, es quien patrocina mi guerra, y estoy decidido a vengar a ambas divinidades, ve, Marte, y sacia de sangre criminal la espada, y que tu favor se incline por la causa mejor. Tendrás un templo, y si venzo yo, serás llamado el Vengador». Lo había prometido y regresó contento al derrotar al enemigo. No tuvo bastante con haber ganado una sola vez el calificativo de Vengador para Marte: fue en busca de las enseñas que habían quedado en poder de los partos. Eran una nación protegida por las llanuras, los caballos y las flechas, e inaccesible por los ríos que la circundan. La muerte de los Crasos había dado ánimos a esta nación, cuando perecieron a un tiempo tropa, enseñas y general. Los partos poseían las insignias romanas, honor de la guerra, y el abanderado del águila romana era el enemigo. Y esta vergüenza habría durado hasta hoy si las valientes armas del César no hubieran protegido el poder de Ausonia –Italia-. Él eliminó las antiguas manchas y el deshonor de largo tiempo. Las insignias recobradas reconocieron a sus dueños. […]. Religiosamente se ha dado un templo al dios y por dos veces el nombre del Vengador, y el honor benemérito ha cumplido con la deuda de la promesa. ¡Celebrad, Quirites, juegos solemnes en el Circo!”

Foro de Augusto –Forum Augustum, o Augusti-
Situado en la zona central de los llamados foros imperiales, el foro de Augusto está dominado por el templo a Marte Vengador y su impresionante escalinata. El emperador había comprado el terreno gracias al botín obtenido en las diversas guerras, aunque no había quedado satisfecho: le hubiese gustado poder adquirir un terreno incluso mayor.
Suetonio, en su Vidas de los doce césares II (29) nos describe los motivos que Augusto sopesaba para la construcción de este foro y las prisas por inaugurarlo: “El motivo de levantar un foro fue la gran abundancia que había de hombres y de procesos, que parecía necesario un tercero por no dar abasto los dos ya existentes –el foro romano y el foro julio-; por eso también se abrió al público a toda prisa, sin que estuviera acabado el templo de Marte, y se dispuso que en él se celebraran especialmente los juicios públicos y los sorteos de los jueces. Había hecho voto de levantar el templo de Marte una vez entablada la guerra de Filipos para vengar a su padre; decidió, por tanto, que en él sería consultado el Senado a propósito de las guerras y de los triunfos, que de él partiría la escolta de los magistrados que se dirigieran a las provincias investidos del mando supremo y que a él traerían las insignias de sus triunfos los generales que hubiesen regresado vencedores.”

Debido a ello, a las prisas, a una posible mala gestión de los tiempos –Augusto, irónico, solía hacer referencia a la lentitud del arquitecto del foro en no pocas de sus conversaciones privadas-, se inauguró el foro el uno de agosto del 3 a. C., no así el templo, inaugurado un año después el doce de mayo, siendo su dies natalis. Pese a ello, el foro a veces recibe el nombre de forum Martis. Situó Augusto a lo largo del foro estatuas de bronce y mármol representando a los héroes y generales victoriosos de la historia romana, indicando su nombre y cursus honorum. Todo un espectáculo y motivo de orgullo para todo romano, que pueden contemplar a los triumphatores, comenzando con el mitológico Eneas.
Nota del autor: es posible, aunque existe controversia, que se instalase provisionalmente un templo a Mars Ultor en el Capitolio, hasta la inauguración del templo del foro de Augusto. Debido a ello existe cierta confusión sobre la fecha exacta de la inauguración del templo. Algunos autores consideran el 1 de agosto, otros el 12 de mayo –fecha por la que me inclino-.

Templum Mars Ultor
Este singular templo tiene diversas funciones desde su inauguración, todas relacionadas con el mundo bélico.
  • En tiempos de Augusto los senadores se reunían aquí para tratar y deliberar los asuntos relacionados con la guerra.
  • Aquí acuden los generales victoriosos a mostrar sus respetos a Roma y al emperador; aquellos que regresan a Roma con botines de guerra singulares, suelen depositarlos en este templo.
  • Los salii, los sacerdotes guerreros de Marte, a menudo realizan sus banquetes en el interior de este templo.
  • En su interior existe una capilla a la arcaica diosa guerrera Ultio, personificación de la venganza personal. Sin embargo, en tiempos imperiales se suele moderar el carácter vengativo de esta deidad, algo más clemente y misericordiosa con sus enemigos.
  • No pocos jóvenes de la nobleza, en ese tiempo que deben adquirir la toga viril, muestra clara de su madurez, acuden a este lugar para esta ceremonia pública tan importante. El foro y el templo son magníficos escenarios para estas ocasiones tan solemnes pero alegres y emotivas.
  • Durante un tiempo el templo se consideró seguro para custodiar riquezas y bienes, pero según Juvenal, cuando robaron de su interior el casco de Marte, ya no se consideró una fortaleza segura e inexpugnable. El poeta se mofaba asegurando que Marte el Vengador era incapaz de vengarse del robo perpetrado en su templo.

Ludi Martiales -12 de mayo-
Por motivo de la inauguración del templo a Marte Vengador, Augusto celebró unos juegos en su honor, que después se hicieron anuales y organizados por los cónsules. Los juegos también reciben el nombre de Martis Ultoris. En estos primeros juegos el emperador ofreció una naumaquia. Posteriormente, se suele ofrecer una venatio.
Sin embargo, el plato fuerte de los juegos está en la competición de las seis turmae –escuadrón de caballería, en teoría, formada por treinta jinetes y sus monturas-. Estas turmae están lideradas por los sodales augustales, miembros en el sentido más extenso de la familia imperial, encargados del culto a los julio-claudios. Los senadores tienen el privilegio de escoger, en esta ocasión, a una turma que les representa.


martes, 15 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: Dies natalis del templo a los Lares Permarini -22 de diciembre-

Representación de un puerto
Aniversario conmemorativo de la dedicación a los dioses marinos conocidos como lares permarini; aunque también denominados lares marini.

El término permarini
Groso modo, permarini puede traducirse como “de los mares”, aunque es un término algo más complejo. Sería más apropiado indicar que hace uso de los mares, ya sea navegando por los mismos o habitándolos.

¿Quiénes son estos lares permarini?
Divinidades protectoras de la navegación, de los marinos y sus navíos, especialmente en momentos de grave necesidad, como tormentas o borrascas. Son similares a los lares compitales o los lares praestites (ver los festivales de la Compitalia y Laribus respectivamente). En cierta medida y debido a su naturaleza “civilizada”, los permarini suelen tener mayor influencia en las aguas surcadas habitualmente por los barcos y las tutas marítimas mejor conocidas.
Muchos navíos disponen en sus proas una pequeña cella, un pequeño habitáculo, en la que depositan las efigies, de simple barro en la mayoría de los casos, de estos lares. Se trata, claro está, de un singular y marino lararium. Al fin y cabo, los permarini son los protectores de los marineros.
Son similares, curiosamente, a las divinidades fenicias denominadas pataicos, representados como niños grotescos, espantosos, de barrigas abultadas, ocultos también en la proa de sus navíos.
Debido a la influencia helenística, estos lares permarini, siempre de número y aspecto variable, han sido identificados a su vez con diversas divinidades, por ello se pueden considerar permarini a Castor y Pólux, a los tritones, a Palemon, Tetis, a Salacia– la griega Anfítrite- y su esposo, Neptuno. Por lo tanto, tenemos a los lares permarini y otras divinidades asociadas a ellos, o bien, que al ser identificadas con el mismo nombre, por costumbre o el paso del tiempo, se han convertido en permarini.

La batalla de Mioseno (190 a. C.)
Luchaba la república romana contra Antíoco III el Grande, rey de Siria, descendiente ya lejano de Seleuco, uno de los comandantes de Alejandro Magno. Ambos estados, Roma y Siria, decidían en esta contienda cual de ellos dominaría tanto la Hélade como Asia Menor. Antíoco deseaba que su reino recuperase el prestigio y el poder que había tenido antaño, tras una larga decadencia.
La guerra se libraba tanto por tierra como por mar, asunto que nos interesa. Comandaba la flota romana L. Emilio Régilo y la del rey Antíoco, Polixénidas, un general y almirante rodio desterrado. Tras diversos amagos y órdagos entre los dos líderes contendientes –cada uno buscaba el momento propicio para la batalla-, decidieron el combate naval en Mioseno, entre las islas de Quíos y Samos, en Asia Menor.
Apiano, en Sobre Siria (27), nos describe la batalla y su resultado: “Poco tiempo después tuvo lugar un combate naval entre Polixénidas y los romanos en las proximidades de Mioneso, donde se habían congregado Polixénidas con noventa naves acorazadas y Lucio, el almirante romano, con ochenta y tres, de las cuales veinticinco procedían de Rodas. Eudoxo, el comandante de estas últimas, estaba colocado en el ala izquierda y, cuando vio que Polixénidas por el otro lado extendía su línea mucho más allá de la establecida por los romanos, tuvo miedo de ser rodeado y, navegando velozmente alrededor con sus naves rápidas y sus remeros expertos en la mar, condujo en primer lugar contra Polixénidas a las naves portadoras de las máquinas de fuego, que resplandecían por las llamas desde todos los ángulos. Las naves de éste no se atrevían a embestirlas por temor al fuego y, dando vueltas alrededor en círculos, se escoraban llenándose de agua de mar y se golpeaban con las serviolas. Finalmente, una nave rodia embistió a una sidonia y, como consecuencia del fuerte golpe, salió disparada el ancla de la nave sidonia y fue a clavarse en la rodia quedando trabadas ambas naves entre sí. Por este motivo, al estar inmovilizadas las naves, el combate entre las tripulaciones tuvo lugar como en tierra firme. Entretanto, muchas otras naves acudieron en auxilio de una y otra, y se entabló una brillante pugna por ambos bandos en la que las naves romanas navegaron contra el centro de la línea de Antíoco, que había quedado desguarnecido por la razón expuesta, y rodearon al enemigo antes de que se diera cuenta. Cuando éstos lo advirtieron, se produjo la huida y la persecución y fueron destruidas veintinueve naves de Antíoco, de las que trece fueron capturadas con sus tripulaciones. Los romanos perdieron sólo dos.”

Durante la batalla, L. Emilio Régilo había prometido un templo a los lares permarini, sabiendo que una victoria naval en ese momento podía ser decisiva para el transcurso de la guerra siria. Tras Mioseno, se pierde el nombre de Polixénidas, que huyó hasta la corte de Antíoco.

Aedes Lares Permarini
El templo, prometido por L. Emilio Régilo durante la batalla de Mioseno, fue inaugurado, sin embargo, once años más tarde. Fue inaugurado por el censor M. Emilio Lépido el 22 de diciembre del 179 a. C., siendo su dies natalis.
Tito Livio en su Historia de Roma XL (52. 4) nos habla de un detalle que puede admirarse en el templo: una placa conmemorativa sobre la batalla.
“Encima de los batientes de la puerta del templo se fijó una placa con este texto: «A Lucio Emilio, hijo de Marco Emilio, que partió a resolver una importante guerra para someter a los reyes, esta batalla le sirvió de base para concluir la paz… bajo sus auspicios, su mando, su buena estrella y su dirección, entre Éfeso, Samos y Quios, ante los ojos del propio Antioco, de todo su ejército, de su caballería y sus elefante, la hasta entonces invicta flota del rey Antioco fue dispersada, aplastada y puesta en fuga, y allí fueron capturadas aquel día cuarenta y dos naves de guerra con toda su dotación. Después de librarse aquella batalla, el rey Antioco y su reino… Por esta victoria prometió con voto un templo a los lares del mar». Se fijó otra placa con el mismo texto sobre la puerta del templo a Júpiter en el Capitolio.”

El templo está situado en la zona meridional del Campo de Marte, entre los pórticos de Pompeyo y Minucia. En este último se realiza una importante función en la ciudad: la distribución de alimentos a la plebe, por lo que suele ser un lugar muy concurrido. El templo a los Lares Permarini está adscrito a una zona sagrada que comparte con otros templos dedicados a Feronia, a Fortuna Huiusce Diei y Juturna.

lunes, 7 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: Spei Victoriis Duabus -1 de agosto-

Moneda de cobre de Vespasiano, y Victoria Navalis
Aniversario conmemorativo de la dedicación de dos templos en esa fecha, a Spes, la esperanza y otro a Victoria.

¡Esperanza y Victoria!
El pueblo y el senado de Roma ha medida que avanzaban en su conquista de Italia –los samnitas no se lo pusieron fácil- y pugnaban contra la gran potencia de Cartago, sufrían tantas victorias como derrotas. Acompañadas estas guerras con hambrunas, escasez y privaciones de todo tipo, sin olvidar el gigantesco coste humano y material. Tiempos inciertos, de máxima tensión, de cambios, adaptación y, por supuesto, de dudas morales, cívicas y religiosas. Por ello, en esos tiempos, se solicitó la ayuda de multitud de divinidades que conforman las mejores cualidades de un ser humano. Se erigen templos a dioses como a Virtus, Honos, Fides o Mens –la Inteligencia-; y en este caso a Spes, la esperanza, y la Victoria.
A finales de la República en Roma abundan templos que no veneran a las divinidades “clásicas”, por llamarlas de algún modo –su nombre exacto es dii consentes-. Cicerón, como algunos eruditos de su tiempo, se mofan de esta multiplicidad de dioses asimilables a las necesidades y cualidades humanas. Así lo manifiesta en su Sobre la naturaleza de los dioses II haciendo una relación de divinidades, digamos, sospechosas: “Es el caso de Confianza y de Mens […]. Ves el templo de Valor, ves el de Honor […]. ¿Qué decir del templo a Ops, del de Salvación, del de Concordia, del de Libertad o del de Victoria?”.

Sin embargo, la mayoría de los romanos sí consideran a estas divinidades importantes, dignas de confianza y veneración.

La diosa Spes
La personificación divina de la esperanza –con especial dedicación a la juventud-, con amplio culto en Italia y otras partes del occidente romano, incluyo culto privado. Spes, así como los cultos de Fortuna o Fides, poseen asistentes que reciben el nombre de magistri, la mayoría esclavos, aunque también cuenta entre sus miembros libertos y ciudadanos libres –destacar que estos magistri pueden ejercer en Italia, pero no en la propia Roma-. Entre los griegos se la equipara a Elpis, aunque no tiene culto en la Hélade.
Se la representa como una joven portando un canasto floral, a veces una cornucopia, aunque su imagen más reconocida es la de una diosa de gesto sosegado, tranquilizador, jugueteando con una simple flor en la mano.
En tiempos imperiales, Spes Augusta se identifica con una de las virtutes, una de las cualidades que hacen mejor al ser humano y, por extensión, en el caso de la propaganda de la familia imperial, la capacidad del emperador de ofrecer a su pueblo de mejores condiciones de vida –o al menos, la esperanza de ello-.

Aedes Spei
Templo erigido e inaugurado por A. Atilio Calatino durante la primera guerra púnica, como rogativa a la esperanza de ganar una guerra de incierto final. La fecha es incierta, quizás el 247 a . C., siendo censor Calatino, aunque sí se sabe el día: 1 de agosto.
Está situado en el Foro Holitorium –mercado de verduras y hortalizas-, muy cerca del teatro de Marcelo; le acompañan dos templos más, el de Juno Sospita y el templo de Jano. Los tres miran hacia el Capitolio. Está unido por un pórtico al templo de Apolo Médico –porticus post Spei ad Tiberim ad aedem Apollinis Medici-, construido por orden de M. Fulvio en el 179 a. C.
En el 218 a. C. fue alcanzado por un rayo, época de grandes temores: comenzaba la segunda guerra púnica Tito Livio en su Historia de Roma 21 (62) nos narra el estado de ánimo de Roma en aquellos momentos, cuando se produjeron numerosos prodigios: “En Roma o sus aledaños ocurrieron aquel invierno muchos prodigios, o bien, como suele ocurrir cuando se apodera de los ánimos el temor religioso, se habló de muchos y se les dio crédito de forma irreflexiva; entre ellos, que un niño de seis meses nacido libre había gritado ¡Victoria! en el mercado de verduras, y que en el mercado de ganado vacuno un buey había subido por si solo a una tercera planta y, espantado por el alboroto de los vecinos, se había arrojado al vacío desde allí, y que en el cielo habían brillado unas imágenes de navíos, y que el templo de la Esperanza que está en el mercado de las verduras había sido alcanzado por un rayo […].”

En el 213 a. C. el templo ardió, junto a otros, tras un incendio que duró dos noches y un día, creándose una comisión especial para su reparación. Desgraciadamente, el templo sufre otro incendio en el 31 a. C. En este caso Dión Casio en su Historia romana L (10) nos explica las circunstancias de este hecho, posiblemente un acto de descontento e insurrección entre los libertos: “Un incendio destruyó, entre otros monumentos, una parte considerable del propio circo, así como el templo de Ceres y uno de los dos templos de Esperanza. Se creyó que habían sido los libertos quienes habían hecho aquello, pues a todos los libertos que vivían en Italia y poseían una fortuna superior a cincuenta mil denarios se les había ordenado que pagaran, en calidad de tributo, la octava parte. A raíz de aquella disposición provocaron numerosos disturbios, crímenes e incendios y no se restableció el orden hasta que fueron dominados por las armas.”

En el 17 d. C., en tiempos de Augusto, es restaurado por Germánico, en el amplio programa restaurador ordenado por el emperador.
Como curiosidad se puede decir que el emperador Claudio nació un 1 de agosto, coincidiendo con el dies natalis del templo a Spes. Debido a ello la efigie de la diosa es habitual en las monedas acuñadas durante su principado.

La diosa Victoria
Divinidad que encarna, como su propio nombre indica, la victoria, aunque especialmente aquella relacionada con el mundo bélico. Su nombre deriva de vincere, «la vencedora», aunque Varrón, en su Lengua Latina V, es algo más creativo y la deriva de vincire, atar, “por el hecho de que los vencidos son atados”.
Es una divinidad de gran importancia en la sociedad romana, involucrada en los triunfos de los generales victoriosos y en la existencia misma de Roma como vencedora y conquistadora de la ecumene. Aparece por doquier en monedas y otros objetos, coronada, con sus características alas, llevando la palma y la corona de laurel en gesto de ofrecimiento, de triunfo, acompañada de dos trofeos, dos monumentos consagrados que representan, junto a ella, la triada de Marte, Venus y Victoria, tan importantes en el culto militar. A Victoria se le ruega para vencer antes de la batalla, y se le agradece si se derrota al adversario. Para los soldados, y especialmente los legionarios, Victoria junto a Fortuna, son sus diosas. Divinidades como Vica Pota se identifican casi plenamente con Victoria.

Templum Victoriae
Situado en el Palatino, ascendiendo desde el Velabro por la escalinata que lleva su nombre –Clivus Victoriae-, partiendo desde la Porta Romana. Esta subida se bifurca debido a la antigua casa del emperador Tiberio, la domus Tiberiana. Se trata de un tramo subterráneo, de una calle interior. Aquí muchos se esconden para jugar con dados y apostar, lo que está prohibido por ley (aunque también hay guardias por la zona que no parecen entorpecer estos juegos y apuestas).
Este templo fue, según la más antigua tradición, erigido por el mítico Evandro. Dionisio de Halicarnaso en su Historia antigua de Roma I (32, 5), lo narra sucintamente al describir las obras de este rey: “En la cima de la colina eligieron el lugar consagrado a la diosa Victoria e instituyeron sacrificios anuales en su honor, que incluso en mi época los romanos le ofrecían.”

Siendo edil curul L. Postumio Megello (c. 307 a. C), en tiempos de las guerras samnitas, logró recaudar una nada despreciable cantidad de dinero cobrando las multas de aquellos que no respetaban las leges Liciniae-Sextiae. Una alcanzada una cantidad suficiente, Postumio prometió un templo a Victoria, inaugurándolo siendo cónsul el 1 de agosto del 294 a.
Durante los años 204-191 a. C. se construyó el templo a la Magna Mater (ver el festival de los Ludi Megalenses), por lo que era necesario encontrar un lugar seguro y adecuado para depositar la gran piedra de Cibeles, siendo escogido este templo.
Tito Livio, en su Historia de Roma XXXV (9) nos dice que el severo y tradicional M. Porcio Catón inauguró una capilla a Victoria Virgo, aunque desconocemos la razón de su voto: “Por las mismas fechas Marco Porcio Catón dedicó una capilla a la Victoria Virgen, cerca del templo de la Victoria, dos años después de haberlo prometido con voto”.

Ubicación del templo a Victoria en el Palatino

sábado, 5 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Mens -8 de junio-

Ubicación del Aedes Mentis en el Capitolio
Aniversario de la inauguración del templo erigido en honor a la diosa Mens; a esta diosa a veces se la conoce como Mens Bona. Este dies natalis también se conoce como Mentis in Capitolio.

La diosa Mens…
Personificación de la inteligencia, de la facultad intelectual, del buen juicio y la prudencia. Cuando se prometió su templo se tuvo en cuenta especialmente el uso de la inteligencia para la planificación de las campañas militares: se dedicó tras una desastrosa derrota en Trasimeno.

…¿O la diosa Venus Mimnermia?
Algunos autores consideran que Mens es un aspecto de Venus, con el epíteto de Mimnermia. El gramático Servio la denomina “quod meminerit omnium” –la que lo recuerda todo-. Cuando se consagró su templo se hizo junto al de Venus Ericina, siendo solicitados los dos cultos por los libros Sibilinos.

Plinio el Viejo y su valoración sobre Mens
Este autor en su Historia Natural II (14-15) nos muestra una crítica feroz sobre la divinización de cualidades humanas, como la Inteligencia, entre otros. Muchos eruditos romanos, incluido Cicerón, censuran a estos dioses “inventados”: “Desde luego, es incurrir en la mayor simpleza el creer que hay innumerables dioses (y, aún más, creerlo por los defectos de los hombres) como la Honestidad, la Concordia, la Inteligencia, la Esperanza, el Honor, la Clemencia y la Lealtad, o, como quería Demócrito, solamente dos, el Premio y el Castigo. Los mortales, perecederos y sufrido, recordando su propia debilidad hacen esta clasificación por partes, de forma que cada cual rinde culto a aquellos aspectos de los que más falto está.”

El desastre del Lago Trasimeno (217 a. C.)
Tras la desastrosa derrota romana a manos de Aníbal en la batalla del Lago Trasimeno, Roma entró en pánico. Habían muerto o caído prisioneros más de veinticinco mil combatientes, incluido el cónsul C. Flaminio. La ciudad no contaba en ese momento con efectivos militares y la segunda guerra púnica se perfilaba de una dureza singular. Entre varias medidas se nombró dictador a Q. Fabio Máximo, apodado Cunctator, que escogió hostigar al enemigo, asediarlo en Italia pero evitando cualquier confrontación directa. Aníbal en esos momentos era invencible.
Se consultaron los libros Sibilinos para averiguar que medidas debían tomarse en relación a la divinidad. Tito Livio, en su Historia de Roma XXII (9-11) nos narra los hechos: “Los decenviros, consultados los libros del destino, informaron a los senadores que el voto que se había hecho a Marte con motivo de aquella guerra no había sido realizado en debida forma y había que hacerlo de nuevo desde el principio y con mayor solemnidad; además, había que prometerle con voto a Júpiter unos grandes juegos, y a Venus Ericina y a Mens, un templo, y celebrar una rogativa y un banquete sagrado […].”

De este modo se votó por el templo a Mens, una súplica, una búsqueda más racional y planificada de la larga guerra que debía librarse en casa, en la patria italiana. Dos fueron los templos prometidos: uno a Venus Ericina y otro a Mens. El primero debía ser prometido por la autoridad máxima, por lo que el templo a Mens lo prometió un pretor. Tito Livio nos lo explica: “La promesa del templo a Venus Ericina la hizo el dictador Q. Fabio Máximo, pues de acuerdo con los libros del destino se había dictaminado que hiciese el voto quien detentase la máxima autoridad en la ciudad; la promesa votiva del templo a Mens la hizo el pretor Tito Otacilio Craso.”

El 8 de junio del 215 a. C. los templos fueron inaugurados, siendo su dies natalis, por Q. Fabio Máximo y T. Otalicio, oficiando como duumviri aedi dedicandae, cargos especiales cuya función es inaugurar templos.

Aedes Mentis
El templo está situado en el Capitolio, un área densamente poblada de edificios religiosos. Junto a él se encuentra el templo de Venus Ericina, separados solo por un pequeño desagüe –canali discretae-.
Debido a su situación, en la esquina suroeste, se puede ver la Roca Tarpeya o el templo de Júpiter Capitolino.
En el 115 a. C (o en el 107) fue restaurado por M. Emilio Escauro, uno de los políticos más relevantes y brillantes de su tiempo, victorioso tanto en la guerra como en la diplomacia, demostrando con creces ser el más idóneo para restaurar un templo a la inteligencia.
En el 193 d. C., el emperador Pertinax hace acuñar monedas con la efigie de Mens, resaltando sus dotes de inteligencia política y militar. La divinidad aparece junto a Juno y el epígrafe mentes laudandae –alabemos o elogiemos la inteligencia-.

viernes, 4 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Honos y Virtus -17 de julio-

Sestercio de oricalco acuñado por Vitelio (69 d. C.) representando a Honos y Virtus
Aniversario del templo dedicado a Honos y Virtus, dos cualidades divinizadas por los romanos (y por los griegos).

Virtus
Esta divinidad encarna el conjunto de cualidades que dan al hombre su valor físico y moral, es su carácter distintivo, lo que le convierte en un “hombre”. De virtus deriva la palabra virtudes, sus dotes, su calidad. Hace especial referencia al valor guerrero, a la cualidad de un milite o un general, al coraje o la excelencia en el ejercicio del arte militar. Por ello no es raro que se le asocie con Honos, el honor. Su equivalente griego es la diosa Areté.
Se la representa, a menudo, como un joven ataviado con una simple túnica y una lanza (o jabalina). A veces se le ve portando un casco y un escudo. Siendo una virtud militar no se le suele representar con un aspecto bélico fiero. Incluso en numerosas monedas se le representa como una joven con atributos militares.

Honos
De igual forma que Virtus, esta deidad hace referencia especialmente a su aspecto bélico, siendo el honor ganado en batalla. Representa tanto el honor como el respeto y la honra en el mundo militar, destacando su devoción entre el orden ecuestre. En cierto sentido también es el honor debido a Roma. Así, en las legiones, los centuriones honran el Honos Aquilae, el emblema de la legión, al que consideran sagrado.
Se le suele representar como un joven con armadura sosteniendo un globo que simboliza el mundo y una rama de olivo; a veces sostiene una cornucopia en la mano izquierda y una lanza en la derecha.

Aedes Honos et Virtus
Situado en lo que era las afueras de la ciudad en época republicana, muy cerca de la Porta Capena –Regio I de Roma, al sureste-. Posee dos capillas, cada una dedicada a una deidad: Honos, la más antigua, y a Virtus. Antes de su construcción en la zona se encontraba una aedicula Camenarum, una pequeña capilla dedicada por Numa en honor de las Camenas. Se encontraba dañada por la caída de un rayo, así que durante un tiempo estas diosas compartieron espacio con Honos y Virtus, hasta que fue trasladada al templo de Hércules Musarum (ver el festival de la Carmentalia para más información sobre las Camenae).
El templo original fue inaugurado por Q. Fabio Máximo Verrucoso el 17 de julio del 234 a. C. tras una guerra contra los ligures, siendo su dies natalis. Este general le había prometido el templo a Honos si vencía.
En el 222 a. C., M. Claudio Marcelo venció a los insubres en la batalla de Clastidio en el norte de Italia, prometiendo un templo a Honos y Virtus. De esta contienda destaca que Claudio Marcelo obtuvo una spolia opima, un singular botín de guerra: solo se puede obtener este honor al combatir y ganar a un oponente en combate singular. El oponente, claro está, es el comandante del ejército adversario. En este caso se trató de Viromaro, el rey de la tribu celta de los gaesetae.
Claudio Marcelo, tras la toma de Siracusa (214-212 a. C.), renovó sus votos de dedicar el templo a Honos y Virtus. En el 208 a. C., ya en Roma, intentó dedicar el mismo templo a las dos deidades, provocando la ira de los pontífices, que alegaban que era imposible inaugurar un solo templo a dos divinidades de ese modo. Tito Livio, en su Historia de Roma XXVII (25, 7-9), lo detalla: “A Marcelo lo retenían en Roma una serie de escrúpulos religiosos que se le venían a la mente, entre ellos el hecho de que en Clastidio, durante la guerra con la Galia, había prometido con voto un templo al Honor y el Valor pero los pontífices ponían inconvenientes a la dedicación del mismo, diciendo que en rigor un único santuario no podía ser dedicado más que a una única divinidad, porque si era alcanzada por un rayo o tenía lugar en él algún hecho portentoso, la expiación iba a ser problemática al no poder saber a cual de los dioses se ofrecía el culto, pues propiamente una sola víctima no puede ser sacrificada a dos dioses salvo que estén bien determinados.”

Por lo tanto, se restauró el templo a Honos y se construyó una nueva capilla para Virtus. De ese modo el aedes tiene una capilla doble –gemella facie-. Fue inaugurado por su hijo Marcelo en el 205 a. C. En su interior eran abundantes los tesoros y obras de arte, donadas por Claudio Marcelo tras la conquista de Siracusa. Desgraciadamente, en tiempos del Imperio, muchos de estos tesoros han desaparecido.
El emperador Vespasiano restauró el templo –posiblemente dañado tras el incendio del principado de Nerón o a causa de la caída de un rayo-, encargando a dos notorios pintores, Cornelio Pino y Atio Prisco, su decoración.

Ubicación de la Porta Capena

jueves, 3 de agosto de 2017

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Tempestates -1 de junio-


Aniversario del templo consagrado a la diosa Tempestates; también Tempestas, en singular.

La diosa Tempestates
Esta divinidad personifica la tormenta, aunque su nombre suele figurar en plural. Sería más correcto decir “Diosa de las tempestades”
Su nombre, según Varrón, procede, curiosamente, de tempus, tiempo; lapso de tiempo, momento, época; y según contexto, buen o mal tiempo; aunque es común el significado de tormenta, tempestad, desgracia, infortunio, calamidad, peligro o perturbación.
Su culto (escaso, eso sí), suele ir acompañado de otras divinidades de índole natural y acuático, como Juturna, Fons, o incluso Flora. Sin embargo, no es raro jurar por Tempestas, especialmente si uno es un marinero o un mercader acostumbrado a ir por los caminos. Esta divinidad también rige los cambios bruscos del tiempo.

Cicerón y la diosa Tempestates
Este gran autor, en su Sobre la naturaleza de los dioses III (51), duda de la existencia de esta divinidad (entre otros). Considera que no todo son dioses. Lo explica del siguiente modo: “[…] habrá de incluirse entre ellos –a los dioses-, a buen seguro, a los temporales –tempestates-, que han sido consagrados mediante los ritos del pueblo romano. Y, en consecuencia, se ha de pensar que son dioses las lluvias, los aguaceros, las tormentas y los torbellinos… Nuestros caudillos, al menos, tenían la costumbre de inmolar una víctima a las olas, cuando se hacían a la mar.”

Al sacrificio al que hace referencia es costumbre tanto griega como romana. Las vísceras -cruda exta- de la víctima inmolada son arrojadas al mar en honor de las divinidades marítimas. El mar es peligroso y un poco de ayuda divina nunca viene mal. Nadie cree en los dioses hasta que aparece una borrasca en alta mar.
Podría aclararse que para muchos eruditos romanos y griegos, las tormentas y la mayoría de los fenómenos meteorológicos tienen un origen natural, explicable en gran medida. Eso no impide que, a veces, la divinidad sea la causante de tales perturbaciones y violencias.

Aedes Tempestates
Erigido por L. Cornelio Escipión (abuelo del célebre L. Cornelio Escipión Africano) tras un solemne voto, como promotor particular, muestra clara de su devoción y su poder económico –fuente de prestigio y envidia por igual-.
Siendo cónsul (259 a. C.), durante la primera guerra púnica, la flota que comandaba sufrió una tormenta cerca de las costas corsas: su misión era tomar Córcega e impedir que los cartagineses al mando de Hannón establecieran una base naval en la isla. Todo parecía perdido, cuando Escipión prometió a la diosa un templo si salvaba las naves, y así ocurrió. Salvó la flota y tomó la isla y su capital, Aleria.
El aedes fue inaugurado un 1 de junio, siendo su dies natalis. Está situado en la Regio I de Roma, entre la Porta Capena y el templo de Marte, no muy lejos de la tumba de los Escipiones.
En una de las tumbas reza su epitafio: “
“Los romanos en su mayoría están de acuerdo
que este fue el mejor de los hombres buenos
Lucio Escipión, hijo de Barbato,
fue cónsul, censor, edil
tomó Córcega y la ciudad de Aleria
dedicó un templo de mérito a las tempestades”

Nota del autor
Algunos historiadores consideran que el dies natalis del templo es el 23 de diciembre, pero es improbable; se basan en la lista de los Fasti Antiates Maiores, pero muchas de sus fechas no mantienen un orden coherente. Ovidio, sin embargo, deja muy clara la fecha (salvo que se equivoque, que nadie es infalible). En sus Fasti VI, al hablar del 1 de junio, dice lo siguiente: “También tú, Tempestad, confesamos que mereciste un santuario cuando la escuadra fue casi sepultad en las aguas corsas.”

Localización del Sepulcrum Scipionum y del aedes Tempestates

Calendario religioso romano: dies natalis del templo a Bellona -3 de junio-

Ubicación del templo a Bellona
Aniversario del templo a la guerrera diosa Bellona en el Campo de Marte.

La diosa Bellona
Diosa de la guerra de origen sabino. Según Varrón, en su Lengua Latina VIII, la divinidad recibía antaño el nombre de Duellona. Se la representa ataviada como una guerrera con casco, portando un escudo, una lanza o una espada, o bien una antorcha o, como describe Virgilio en la Eneida VIII, “un látigo sanguinolento”. Se dirige a la batalla conduciendo una cuadriga.
Debido a su naturaleza, se la identifica con Nerio, antigua divinidad bélica compañera de Marte; a Nerio a menudo se le ofrecen los botines de guerra, aunque con el tiempo pierde preeminencia. A Nerio también se la confunde con Minerva. Un asunto complejo.
Para los griegos, sin embargo, Bellona es la diosa de la guerra Enyo, compañera de Ares –a veces madre, hermana o esposa-.
En la lejana Capadocia, se identifica con Ma, una antiquísima deidad bélica. Tanto es así que a menudo se la denomina Ma-Bellona. En tiempos imperiales puede decirse que es una sola divinidad. Es interesante decir que las legiones de Sila fueron las que realmente trajeron a la diosa Ma a Roma: los milites son perfectos vehículos para traer nuevos cultos a la ciudad.
Se le rinde culto, muy a menudo, conjuntamente con Marte y con Virtus, símbolo de varonil actitud, incluyendo el valor militar. Tiene devotos y santuarios en todo el Occidente romano, destacando, además de la propia Italia, Numidia y Germania Superior; aunque debe aclararse que se trata de un culto minoritario.
Además de su carácter bélico, su naturaleza, a menudo, es brutal, incluso sanguinaria. En el imaginario disfruta de la violencia y la carnicería. En la poesía se la describe disfrutando al decapitar la cabeza de sus enemigos, observando hasta el paroxismo escenas truculentas. La compañera ideal para la guerra.

Aedes Bellonae
Acontecía la tercera guerra contra los samnitas –apoyados además por los etruscos-, liderado el ejército romano por Apio Claudio, el Ciego. Se presentó batalla contra estos, y temiendo Claudio la derrota, rogó a Bellona por una cruenta victoria, prometiendo un templo en su honor si Roma vencía. Era el año 296 a. C., y la diosa cumplió: derrotado quedó el enemigo samnita. Años después el templo fue inaugurado un 3 de junio, siendo su dies natalis.
El aedes está situado en el extremo meridional del Campo de Marte, al este de la Via Trimphalis, a la vista del Circo Flaminio. Erigido fuera del pomoerium, el límite sagrado de la ciudad, es adecuado para recibir a los generales victoriosos que reclaman el triunfo. Los senadores deben deliberar y decidir si aceptan esta reclamación. De igual modo, se suelen recibir a los embajadores de las naciones extranjeras en este lugar. Cerca del templo se encuentra un senaculum, un recito apropiado tanto para las reuniones del senado como para la recepción de embajadores u otros personas a las que no se les permita atravesar el pomoerium.
Plinio el Viejo en su Historia Natural XXXV (12) nos detalla una curiosa decoración del templo, entre lo bélico, pues se trata de escudos, y lo privado, pues en ellos están pintados efigies de antepasados del promotor del templo: “Por lo que sé, Apio Claudio, que era cónsul con P. Servilio, fue el primero en dedicar escudos en honor a su propia familia en un lugar público o privado. Puso las representaciones de sus antepasados en el templo de Bellona, erigidas por mandato suyo en un lugar elevado, para ser admiradas, y en ellas inscritas sus honores y hazañas para ser leídas. Una disposición sumamente elegante; más singularmente cuando una multitud de niños aparecen representados por tantas figuras minúsculas, mostrando la continuación de la saga familiar; escudos como éstos nadie puede mirar sin sensación de placer y de vivo interés.”

Estos escudos, denominados clypei en plural, son de antigua manufactura, circulares y elaborados en metal bruñido, aunque muy delgados para llevar en batalla; en este caso son decorativos. Pintados sobre ellos las efigies de los familiares fallecidos. Como puede leerse en el texto, Apio Claudio fue el que inició esta costumbre ya común en tiempos imperiales.

La Columna Bellica y los fetiales
Cerca del templo se halla una pequeña columna truncada –columella-, que recibe la curiosa denominación de Columna Bellica.
También se asocia a Apio Claudio, el Ciego. Era el año 280 a. C., y Pirro, rey del Epiro, guerreaba al sur de Italia. El senado, agotado en la contienda estaba dispuesto a firmar la paz con el rey, pero Apio lo impidió tras dar un emotivo discurso patriótico, y aquí es donde entra en la historia la columna de la guerra.
Costumbre era desde antaño declarar la guerra al enemigo en una ceremonia en la que se arroja una lanza en suelo adversario. Los encargados de este arcaico y simbólico rito bélico son los fetiales, colegio sacerdotal instituido por Numa Pompilio. Son los que declaran formalmente la guerra o la paz. Sin ellos no se puede firmar un tratado con pueblos extranjeros.
Apio, tras su discurso, ya con el senado enardecido, se dirigió a la columella. Una vez allí, sabiendo los pormenores necesarios para realizar el rito, obligó a uno de los soldados de Pirro allí presentes en la comitiva a que “comprase” un pequeño terruño ante la estatua. Y así hizo. Ya tenía ante sí Apio, el Senado y Roma un pedazo de territorio enemigo al que hincar la lanza. Había nacido la Columna Bellica.
Ovidio en sus Fasti VI (200-205) hace mención del curioso y aguerrido episodio: “Cuando hayan pasado dos mañanas y Febo haya repetido su salida y las mieses se hayan humedecido dos veces con al escarcha caída, un día como ese dicen que fue consagrada Belona durante la guerra etrusca, y siempre asiste favorablemente al Lacio. Su promotor fue Apio, quien, al negar la paz a Pirro, vio bien con el entendimiento, pero estaba privado de la luz del día. Un breve llano ofrece desde el templo la vista de la parte alta del Circo Flaminio. Allí una pequeña columna de no pequeño significado: desde ella es costumbre arrojar con la mano una lanza, que anuncia la guerra, cuando deciden empuñar las armas contra un rey y pueblos.”

Este singular rito aún perdura en tiempos de Marco Aurelio. Dion Casio comenta en su Historia romana que la lanza se encuentra en el templo a Bellona. En su dies natalis se recrea la acción de Apio y su declaración de guerra contra Pirro.

Las Hilarias de Ma-Bellona
En marzo acontecen las Hilarias a Cibeles, deidad procedente de Asia Menor. Esta gran diosa está vinculada a Ma-Bellona. Ambos son cultos extremos, mistéricos, en esencia orientales. Las Hilarias duran varios días, siendo denominado el día 27 dies sanguinis, el día de la sangre. Los sacerdotes de Cibeles, los galli, se flagelan violentamente en honor a Atis. La sangre brota en abundancia este día, y los propios sacerdotes de Ma-Bellona les van a la zaga. Reciben el nombre popular, plebeyo, de bellonarii –su nombre oficial es hastiferi, portadores de lanzas, organizados como una milicia-. Se flagelan y mutilan con cuchillos de doble hoja, arrancando parte de su carne, para apaciguar la ira, la violencia de su cruel y bélica deidad. La sangre que produce sus tremendas heridas es el sacrificio. Incluso llegan a consumirla. Corren poseídos por la deidad, gritando grotescamente, profiriendo profecías. Para muchos son una plaga, ocasionando destrozos allí donde se encuentren. El poeta Marcial los llama turba entbeata Bellonae –la turba posesa de Bellona-. También se dice que emplean estramonio, planta de naturaleza alucinógena –nuestra atropa belladonna-, para llegar al éxtasis con su divinidad. Para ello se bebe con vino.
La cuestión es que en tiempos de Cómodo, la mayoría de estos bellonarii simulan las heridas, produciéndose pequeños cortes. Todo un espectáculo pero sin cortes reales. El emperador, al ser informado del engaño, puso especial énfasis en remediar esta cuestión: nada de cortes simulados con sus cuchillos de doble hoja. Una muestra más de la crueldad de Cómodo, muy acorde, además, con la brutalidad de Bellona.