viernes, 21 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Larentalia -23 de diciembre-

Acca Larentia

Festival funerario dedicado a Acca Larentia, nodriza de Rómulo y Remo, siendo la esposa del pastor Fáustulo. El festival también recibe los nombres de Larentinas, Larentinalia y Accalia, aunque son denominaciones poco empleadas.

Origen mítico del festival
Macrobio, pone en boca de G. Licinio Macro, tribuno de la plebe, en sus Saturnales I (10), un posible origen del antiguo festival: “[…] Macro asegura que Acca era la esposa de Fáustulo, y Larencia la nodriza de Rómulo y Remo; y que esta mujer, durante el reinado de Rómulo, se casó con un rico etrusco, un tal Carucio, y se enriqueció con la herencia del esposo; luego, dejó esta herencia a Rómulo, a quien había criado, y este, por piedad, instituyó un sacrificio fúnebre y un día de fiesta.”

Por lo tanto sería un festival fúnebre fundado por Rómulo, agradecido a Acca Larentia por salvarle la vida y criarlo, sin ser su hijo natural. Siendo, además, uno de los fundadores de los hermanos arvales (ver el Festival de Dea Dia), otorgando a Rómulo de prerrogativas religiosas.

El festival, según Varrón
Este autor nos explica someramente algunos detalles en su Lengua Latina VI (23,24): “Las Larentinas, día que algunos, en sus escritos, denominan Larentalia, recibieron su nombre por Acca Larencia, a quien nuestros sacerdotes dirigen un sacrificio en nombre del estado el día festivo que por ella recibe la denominación de dies Parentalium Accas Larentinas «día de las Parentales de Acca Larentina». Este sacrificio se hace en el Velabro, por donde se sale a la calle Nueva, junto al sepulcro de Acca, como afirman algunos, porque allí cerca los sacerdotes hacen sacrificios a los dioses manes de los esclavos –manes serviles-; y estos dos lugares estuvieron fuera de la ciudad antigua, no lejos de la puerta Románula […].”

Como puede deducirse de la denominación de dies Parentalium Accas Larentinas este festival honra a Acca como pariente de todos los romanos, siendo similar al festival de la Parentalia. A su vez, se honran a los lares, asimilados en este caso con Rómulo y Remo.

El barrio del Velabro
Valle situado a los pies de la colina capitolina y el monte palatino, entre el Foro romano y el Foro Boario, sin olvidar al cercano Tíber al oeste. Antaño un pantano, en este lugar quedó atrapada la cesta que transportaba a Rómulo y Remo cuando apenas eran unos bebés, siendo rescatados, según el mito por Fáustulo y su esposa Acca. Tiene especial importancia una higuera silvestre denominada Ficus Ruminalis, cuyas raíces fueron las que atraparon la cesta de los gemelos, permitiendo que la pareja pudiese rescatarlos.  Por lo tanto, el Velabro es un lugar cargado de simbolismo para los romanos. En tiempos imperiales es un distrito comercial –vino, aceite, alimentos-, vital y bullicioso, aunque a veces sufre inundaciones debido a la cercanía del río.
Aquí se encuentra, según la tradición, el sepulcro de Acca Larentia. Cercano al mismo se encuentra la Curia Aculeya (ver el festival de Angeronalia).

Acca Larentia
En los mitos romanos dos son las Acca Larentia, aunque ambas de singular reputación: estas mujeres tuvieron fama de ser lupae, esto es, lobas, un eufemismo para referirse a las prostitutas.
Como curiosidad, se puede decir que el femenino nombre de Acca puede traducirse de cierta forma como un simple e infantil “mamá”, aunque poco empleado entre los romanos; entre los griegos se escribe Akkó, y entre los etruscos Aka.
En el primer mito, siendo el más aceptado por los romanos, Acca es la esposa de Fáustulo, madre de doce hijos y fundadora del colegio sacerdotal de los Hermanos Arvales, siendo la madre adoptiva de los gemelos Rómulo y Remo.
Macrobio, en sus Saturnales I (10, 12-16) nos describe el otro mito: “[…] durante el reinado de Anco Marcio, el guardián del templo de Hércules, tomándose un descanso durante las fiestas, retó al díos al juego de los dados: el mismo tiraría los dados por los dos, pero con la condición de que el perdiera, pagaría cena y puta. Pues bien, venció Hércules, y el guardián introdujo en el templo a Acca Larentia, puta muy afamada en aquella época, y la cena; al día siguiente, Acca hizo correr el rumor de que, tras la coyunda con el dios –en sueños, como es propio de los dioses-, había recibido, como regalo, el augurio de que no desaprovechara la oportunidad de la primera ocasión que se le presentara de regreso a casa. Sucedió, pues, que, nada más salir del templo, un tal Carucio, cautivado por su belleza, le dirigió la palabra; Acca secundó sus deseos y se unió a Carucio en matrimonio; a la muerte de su esposo, se convirtió en dueña de todos sus bienes, y a su muerte, nombró heredero al pueblo romano. Por esta razón, Anco hizo que la enterraran en el Velabro, el lugar más concurrido de la ciudad, y decretó en su honor un sacrificio solemne, en el que, por medio de un flamen, se realizaría un sacrificio en honor de sus manes, y las fiestas fueron consagradas a Júpiter, porque los antiguos pensaban que era Júpiter quien daba las almas y las almas, tras la muerte, regresaban de nuevo a él. Según Catón, Larentia, enriquecida por el oficio de meretriz, dejó a su muerte al pueblo romano los campos de Turax, Semurio, Lintirio y Solinio, y por ello fue considerada digna de un sepulcro suntuoso y del honor de una conmemoración fúnebre anual.

Como puede verse, los dos mitos transcurren en dos épocas diferentes: uno antes de la fundación de Roma, y otro ya en la época de los reyes. En el primero son protagonistas Fáustulo, Rómulo y Remo, y en el segundo interviene Hércules y el etrusco Carucio –ya anciano en esta historia, muriendo poco después de casarse-. Cerca del Velabro se encuentra el Ara Máxima consagrada en honor del aguerrido Hércules.
Según Plutarco, existieron estas dos Larentia, aunque la segunda en realidad se llamaría Fábula. Ambas estarían enterradas, en ambos mitos, en el Velabro.

Mater Larum
Según algunos autores, en realidad Acca Larentia es una divinidad conocida como «Madre de los Lares» –Mater Larum-, aunque la maternidad de los lares está disputada entre diversas divinidades, como Larunda –denominada también Muta- o incluso Mania (por ejemplo, de los lares compitales), sin olvidar a Dea Dia.
Por lo tanto, existiría una tercera Acca Laurentia, aunque en este caso su nombre significaría simplemente Madre de los Lares, siendo una divinidad, posiblemente, de origen etrusco; o de origen sabino, según Varrón, y con el nombre, a su vez, de Mania (ver el festival Compitalia). Esta Acca sería, para algunos autores, la madre de los lares praestites, identificados a menudo con Rómulo y Remo, divinizados.
Un laberinto de maternidades y lares, entendiendo, además, que existen diversos tipos de lares. Un laberinto que incluso los romanos y griegos han intentado desentrañar.

El festival
Se realiza en el Velabro, como indica Varrón, siendo oficiado por el flamen quirinalis –sacerdote de Quirino/Rómulo-, asistido por los pontífices. Se da acción de gracias a la diosa por preservar los bienes de los romanos a lo largo de todo el año. Se sacrifica en el altar que la diosa posee en el lugar, tanto en su honor como a los manes y lares protectores de la ciudad. Es importante recordar que se trata de una ceremonia fúnebre similar a la Parentalia, por lo que es posible que los ritos llevados a cabo durante el festival sean similares.

El Velabro está situado casi en el centro de Roma

Calendario religioso romano: Brumalia -25 de diciembre-



Antiguo festival instituido por Rómulo para conmemorar el solsticio de invierno. Se realiza en honor a Saturno, Ceres y Baco. Algunos autores consideran que la Brumalia solo se realiza en honor a Baco –en este caso, el más romano y antiguo Liber Pater (ver Liberalia)-.

El término bruma
En latín es la palabra que designa el solsticio de invierno (época del año en que los días son más cortos), aunque también puede designar de forma poética y genérica el invierno. Varrón, en su Lengua Latina VI (8), nos lo detalla del siguiente modo, explicando el origen de la palabra: “El solsticio de invierno (bruma) recibió su denominación porque entonces es muy corto (brevissimus) el día.” (Ver el festival Angeronalia para la relación del solsticio de invierno y la diosa Angerona).
Otros autores, sin embargo, consideran que el festival recibe el nombre por uno de los sobrenombres de Baco: bromius, que significa «ruidoso, bullicioso, que ruge». Durante el festival se llenan unos pellejos con aire, y al saltar sobre los mismos se produce una sonora cacofonía, por lo que no es del todo imposible esta opción. La intención sería reproducir el estrépito de las ruidosas bacantes.

Sacrificios
El final de diciembre es época tenebrosa, oscura, de escasa o nula actividad agrícola y cinegética. Para la mentalidad antigua el mundo está dormido, en cierto modo muerto. Se realizan diversos sacrificios en honor a las divinidades más importantes de ese dormido mundo agrícola. Los agricultores sacrifican a Saturno y Ceres –aunque algunos sustituyen Ceres por Ops-, un cerdo; para Baco, una cabra, animal peligroso y devastador para las jóvenes viñas. Con los pellejos de las cabras sacrificadas se elaboran sacos, los cuales se llenan de aire; posteriormente se salta sobre ellos en un singular rito.

Ofrendas a la Magna Mater
Las autoridades ofrecen a los sacerdotes de esta divinidad ofrendas agrícolas recolectadas a lo largo del año: vino y aceite, grano y miel, sin olvidar los frutos arborícolas. Además, panes elaborados sin agua.

Otras posibles fechas
Algunos autores consideran que la Brumalia se realiza la noche del 24 de diciembre, no la del 25; o bien que la festividad se realiza desde el 17 hasta el 25 (para coincidir con el 21 de diciembre, fecha más apropiada para el solsticio); otros incluso que se realiza dos veces al año, el 12 de marzo y el 18 de septiembre, recibiendo la primera fecha el nombre de hiemalia y la segunda fecha la de bruma.

Nota del autor
Apenas sabemos nada sobre cómo celebraban los romanos la Brumalia, aunque al parecer la festejaban con una alegre cena, en la cual el vino era abundante y las costumbres se relajaban.
Catón, en su Sobre la agricultura (12,1), en relación al solsticio, explica lo siguiente: “Madera de roble y madera de vid para los adornos, siempre están maduros para el corte en el solsticio de invierno.” Quizás fuese costumbre realizar efigies de madera y regalarlos en esta fiesta, o solo fuese un consejo agrícola más.
Otra costumbre, aunque tardía, era brindar por los amigos, tras pronunciar su nombre en alto, con la frase Vives annos! (¡Vive por años!).
Desgraciadamente, gran parte de la información de este festival nos ha llegado alterada por las fuentes tardías cristianas, que la consideraban negativa, asociando a Saturno con el Inframundo de un modo peyorativo y negativo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Hilaria –del 15 al 27 de marzo-

Altar en honor a Cibeles y Atis
Festival en honor a Cibeles, en el cual se conmemora la resurrección del dios Atis. Durante el festival se celebra a su vez el equinoccio de primavera.

Hilaria privada
La Hilaria recibe el nombre, siendo más “oficial”, de Hilaria Matris Deum; la idea es distinguirla del término privado de hilaria –que en latín significa «alegría, regocijo»- en relación a los días de júbilo familiar, como puede ser la celebración de una boda o el nacimiento de un hijo. Aunque este término es tardoimperial (siglo IV, posiblemente).

Origen del festival
Como se explica en los Ludi Megalenses, el culto a Cibeles llegó a Roma durante el siglo III a. C., por lo que es de suponer, que el culto a Atis comenzó a popularizarse a partir de esa fecha, procedente de Asia Menor. Lo que no se sabe es la fecha exacta de la primera Hilaria, ni a iniciativa de quien se instauró.
Ya en tiempos imperiales se realizan anualmente, como aseguran Herodiano o Macrobio, por lo que debe considerarse la popularidad entre los romanos del festival, siendo conocidos y muy participativos.

Nota del autor
Para saber algo más sobre Cibeles, ver Ludi Megalenses.

El dios Atis
Joven dios consorte de Cibeles, de origen frigio –en Asia Menor-, cuyo culto fue aceptado tanto por griegos como romanos. Representa el ciclo vital de la vegetación: el dios muere en invierno y resucita en primavera. Cuenta el mito que se castró bajo la sombra de un pino, enloquecido –aunque las circunstancias y el árbol pueden variar según la procedencia del mito y el autor que lo relate-. Culto sangriento cuyos sacerdotes, los galli, son eunucos. Atis está al servicio de Cibeles.

Cibeles y las Hilarias, según Macrobio
Este autor en sus Saturnales I (21, 7-10) reflexiona sobre la naturaleza de Cibeles y el inicio de la primavera, culminando con una explicación sobre la razón de las Hilarias: “De modo similar, los frigios, aunque con leyendas y prácticas religiosas diferentes, ofrecen la misma concepción de la Madre de los Dioses y Atis. Pues, ¿quién dudaría que la Madre de los Dioses es considerada la tierra? Esta diosa es conducida por leones, animales llenos de ímpetu y vehemencia, como la naturaleza del cielo, cuya bóveda encierra el aire que transporta la tierra. Una flauta y una vara adornan al sol, porque los vientos, entre los cuales no existe la igualdad, toman del sol su propia esencia; la vara, en cambio, confirma el poder del sol, que lo gobierna todo. Ahora bien, que la consideración del sol se torna fundamental en estas ceremonias sagradas puede deducirse asimismo del hecho de que, en el ritual de este pueblo, el comienzo de la alegría se celebra el octavo día antes de las calendas de abril, una vez que el sol ha completado el descenso y se ha puesto fin a la simulación del duelo. A este día lo llaman las Hilarias, porque es el primero en el que el sol hace el día más largo que la noche.”

Una anécdota histórica
Durante el principado de Cómodo se rebeló un antiguo militar llamado Materno, reconvertido en salteador de caminos. Gozaba este desertor de prestigio entre sus hombres –la mayoría caído en desgracia como él-. Materno solo tenía en mente una cosa: acabar con Cómodo. Para ello ideó un arriesgado y singular plan durante las Hilarias del año 187 d. C. Así lo detalla Herodiano en su Historia del Imperio Romano I (10, 5-6): “Al comienzo de la primavera, cada año en un día fijo, los romanos marchan en procesión en honor de la madre de los dioses. Todos los objetos más valiosos de los particulares y los tesoros imperiales, auténticas maravillas por su material o por su labor artística, desfilan en la procesión delante de la diosa. Se da a todo el mundo licencia absoluta para cualquier tipo de diversión y cada uno se disfraza como quiere. Y no hay cargo tan alto o privilegiado que no permita a quien quiera hacerlo disfrazarse con su indumentaria y con ello divertirse y esconder la verdadera identidad de tal forma que no sea fácil distinguir entre la persona real y la imitada. Materno pensó que era la ocasión propicia para que el plan se pusiese en práctica sin despertar sospechas. Creyó que, si se disfrazaba de pretoriano y se armaba del mismo modo a los suyos y, luego, se mezclaba entre la multitud de guardias de tal manera que fuera considerado como parte integrante de la comitiva, nadie estaría prevenido cuando se abalanzara inopinadamente sobre Cómodo y lo mataría.”

Desgraciadamente para Materno, fue delatado por uno de los suyos, siendo apresado y ejecutado posteriormente.

El festival
Las Hilarias duran varios días, comenzando el 15 de marzo para finalizar el 27 de marzo, constituyendo una “semana sagrada”. Todo el mundo puede participar en el festival como asistente, pero los ciudadanos romanos y libertos que deseen participar activamente en las celebraciones deben inscribirse en el collegium de los dendróforos, “los portadores del árbol”. Las mujeres, la mayoría de noble condición y vírgenes, se inscriben entre las canéforas, “las portadoras de los canastos”. Ambos tienen su función específica en las Hilarias, siendo hermandades religiosas de gran importancia social.

Día 15: Canna intrat (la llegada de la caña)
Nacimiento de Atis y su hallazgo entre las cañas del río Sangario, en Asia Menor. Según la procedencia del mito, lo encontraron unos pastores o la propia Cibeles. Las canéforas son las encargadas de recoger la caña para este día. Comienza un periodo de nueve días de ayuno, en los que no se permite consumir pan, granadas, membrillos, así como cerdo y pescado. El vino está a su vez prohibido, pudiéndose consumir leche. No todos respetan tal ayuno, y menos el del vino. Ese día se sacrifica un toro.

Día 22: Arbor intrat (la llegada del árbol)
Se conmemora la castración y muerte de Atis bajo un pino. Los dendróforos deben cortar un árbol, y del mismo suspender una imagen del dios. El árbol debe depositarse en el templo de Cibeles. Comienzan tres días de luto, en las que las lamentaciones están permitidas. Bajo el principado de Claudio este día comenzó a inscribirse en los calendarios.

Día 23: Luctus (duelo)
Coincidiendo con el festival del Tubilustrium, el árbol, como símbolo fúnebre, se expone en el templo de Cibeles: de igual forma que los muertos deben velarse, así se hace con este árbol que no es otro que Atis. El sonido de los clipeus sagrados golpeados por los salii, así como el sonido de las trompetas, asemejan a la exótica música oriental de los coribantes, sacerdotes del culto.

Día 24: Dies sanguinis (día de la sangre)
Se desata el frenesí entre los asistentes, especialmente los galli, que salpican con su sangre al azotarse los altares en honor a Atis. Los más fanáticos se castran al estilo de los galli. Al caer la noche, se entierra simbólicamente a Atis: en este caso encarnado por el árbol talado por los dendróforos, junto a la imagen del dios.

Día 25: Hilaria (regocijo)
Los sacerdotes desentierran el árbol, recorren la multitud de asistentes, susurrando la gran noticia de la resurrección del dios. Se desata el júbilo entre los devotos y los galli. Los discípulos del culto acogen la noticia como una promesa de su propia resurrección. Como se ha detallado más arriba –Una anécdota histórica-, este día se permite a todo el mundo disfrazarse y gozar de la fiesta como desee.

Día 26: Requietio (descanso)
Como su propio nombre indica, un día tranquilo, de reposo tras los excesos emocionales de días anteriores.

Día 27: Lavatio (purificación, limpieza)
Se realiza una procesión desde el templo a Cibeles hasta el arroyo Almo, un afluente que desemboca en el Tíber a pocas millas al sur de Roma. Se abandona la ciudad por la Puerta Capena. Una figura argenta tallada en tosca piedra y que representa a Cibeles es lentamente transportada por varios bueyes. La nobleza romana precede la procesión, con sus pies desnudos. Un estrépito de tambores y sones de flautas les acompaña. El gran sacerdote del culto, ataviado con una llamativa túnica púrpura o roja, lava con agua del Almo la carreta, la efigie y demás objetos sagrados. Acto solemne de gran simbolismo religioso. A la vuelta, al anochecer, a la luz de las antorchas, se esparcen flores primaverales sobre el carro, la efigie y los sacerdotes. Nadie parece recordar los días previos de tristeza, luto y regocijo.
Este último día se cree fue instaurado por Augusto (o bien por Claudio). El colegio sacerdotal de los quindecimviri sacris faciundis asiste, desde tiempos de Claudio, a los sacerdotes de Cibeles durante el festival, siendo una de sus funciones vigilar los cultos extranjeros en Roma.

martes, 18 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Di Penates Publici in Velia -14 de octubre-

Di Penates (representados como los Dioscuros)

Festival en honor de los Di Penates Publici del templo del monte Velia, antiguas divinidades tutelares domésticas de la despensa y, por extensión, de los recursos vitales en general. Con el paso del tiempo su área de influencia se extiende a toda la casa e incluso la familia, como garantes de su continuidad. Son, a su vez, representantes del fuego doméstico –y por ello vinculados a Vesta-.

Sobre la naturaleza de los Penates
Divinidades de la despensa, de todo lo que nutre la vida, teniendo un lugar especial la sal, tan vital en el mundo antiguo. Ya dese tiempos arcaicos se discute y especula sobre su naturaleza. Cicerón, en Sobre la naturaleza de los dioses II (68), se pregunta sobre el significado de su denominación, oscilando entre penus «víveres» y penitus «profundamente»: “[…] Y no distan mucho de esta atribución los dioses Penates, nombre sacado de «víveres» (porque víveres son todo aquello que nutre a los hombres), o del hecho de que tienen su sede «en lo profundo», por lo que los poetas también los llaman «habitantes de la profundidad».”

Conjuntamente con los lares y Vesta conforman una triada, muy vinculada al mundo familiar, aunque en el festival que nos interesa se hacen en honor a los Di Penates Publici Populi Romani, los penates del pueblo romano en su conjunto, como una gran familia.
En las casas es tradición guardar los penates domésticos en un pequeño armario junto al hogar, que debe permanecer siempre encendido. Se les ofrendan sacrificios y ofrendas sencillas, habitualmente cuando acontece en la familia un evento de importancia, ya que participa de las vicisitudes de la misma. De igual modo, los Penates Publici se guardan en el templo de Vesta, el gran hogar de la familia romana –ver Penus Vestae en el festival de la Vestalia-.
Los penates en general no tienen una descripción clara, ni siquiera en su género, aunque siempre son dos; confundidos en ocasiones con los lares –ya que ambos comparten a menudo el larario-. Sin embargo, a veces se les representa como dos jóvenes soldados con lanzas o dos genios danzantes provistos de cuernos para beber.
Costumbre es ofrecerles las primicias agrícolas y consagrarles los alimentos durante las comidas. Para ello se arroja un poco de sal y libaciones a las llamas del hogar en su honor y en el de Vesta. Según el crepitar de las llamas, se interpreta si la divinidad está agradecida con la ofrenda. En este caso el paterfamilias oficia de sacerdote, teniendo en cuenta el importante vínculo de la matrona familiar con Vesta.

Origen
Cuenta el mito que fue Eneas el que trajo los Penates de Troya a Lavinio, en el Lacio, siendo una de las piedras de toque, posteriormente, de la fundación de Roma. Y en este punto es donde existe mayor controversia, pues según el autor dónde se hallan estos penates es un misterio: algunos aseguran que permanecen en Lavinio, otros que fueron finalmente llevados a Roma, al templo de Vesta. Es un asunto delicado, cuya investigación por los historiadores romanos y griegos motiva recelos religiosos y gran respeto, tal y como expresa Dionisio de Halicarnaso precisamente sobre este tema: “Yo, por mi parte, creo que aquello que no les es lícito ver a todos, ni debo escucharlo de boca de quienes lo ven, ni tampoco contarlo; me indigno también contra todos los que valoran el indagar o conocer más de lo permitido por ley.”

La cuestión, es que los penates, al contrario que los lares, son divinidades que sí pueden ser trasladadas de una ciudad a otra, cambiando un santuario por otro, aunque eso no significa que sea común o sencillo. Cada ciudad tiene sus propios penates.

Templo de los dioses Penates -Aedes Deorum Penatium-
Dos son los templos en los que los Penates Publici están depositados: el templo de Vesta (ver Vestalia), y el templo del monte Velia, al norte del Palatino, el que aquí se detalla.
Dionisio de Halicarnaso, en su Historia antigua de Roma I (68,1), nos describe el templo situado en el monte Velia: “En Roma se ve un templo pequeño no lejos del Foro, construido en el corto camino que lleva a las Carinas y oscurecido por la altura de los otros edificios. El lugar se llama en lengua local Velia. Allí hay imágenes de los dioses troyanos, que a todos les es lícito contemplar, con una inscripción que evidencia que son los Penates. Hay dos jóvenes sentados con sendas lanzas: obra de técnica arcaica.”

El templo se fundó sobre el antiguo palacio del rey Tulio Hostilio, probablemente en el siglo III a. C. Se llega al mismo por una calle llamada scalae deum Penatium -una scala es una calle conformada por una escalera-.
Dos son los prodigios que se le atribuyen: fue golpeado por un rayo en el año 167 a. C., y dos años después, durante la noche, sus puertas se abrieron aún estando bien cerradas, como si tuviesen voluntad propia (y simultáneamente, se vieron lobos en el Esquilino).
A los Penates del Velia se les confunde a menudo con Castor y Pólux, los dioscuros hijos de Júpiter, o incluso con los propios Penates del templo de Vesta. Con el tiempo se les identifica con los Cabiros de Samotracia, suponiéndose que fue el propio Eneas el que los trajo.

Nota del autor
Desgraciadamente no sabemos nada sobre este festival, aunque es de imaginar que sería sencillo y similar al que realizaría el paterfamilias en su hogar: una pequeña ofrenda y una libación, tanto en honor de los Penates como de Vesta. Como se ha leído, saber dónde se hallan los penates públicos es complicado. Lo más plausible sería el templo de Vesta, pero no poco autores antiguos consideran que los penates del templo situado en el monte Velia también lo son; o como Varrón asegura: “La primera ciudad de estirpe romana que se fundó en el Lacio, fue Lavinio; en efecto, allí están nuestros dioses penates.” ¡Solo Vesta sabe la verdad de este misterio!

jueves, 13 de julio de 2017

Calendario religioso romano: Augurium Salutis –5 de agosto-

Salus Augusta

Festival en honor de Salus, diosa de la salud y la salvaguardia. En tiempos imperiales se la conoce oficialmente como Salus Publica Populi Romani. Se la equipara a la diosa griega Hygea, por lo que podría considerarse hermana de Meditrina (ver Meditrinalia).
Este festival oficialmente recibe el nombre de Saluti in colle quirinale sacrificium publicum.

La diosa Salus
Antiquísima diosa sabina garante de la salud personal y pública, así como del bienestar en un sentido amplio. En latín esta palabra tiene muy diversos significados: salvación, seguridad personal, vida, conservación, incluso en la referente a la salud moral o civil.
Al ser divinidad tan positiva, se la suele honrar junto a dioses como Concordia, Fortuna, la Paz o Spes –la esperanza-. A Salus, junto a Esculapio y a Apolo, se les considera una triada. Se trata de una deidad muy popular y querida en todo el Occidente romano.
Se la representa sentada en su trono con las piernas cruzadas, asiendo firmemente con su mano izquierda una serpiente a la que alimenta; o bien la serpiente aparece enroscada en su brazo. A veces, en su mano derecha, porta un caduceo similar al de Esculapio o una pátera.

Salus y los astros
Para la mentalidad antigua los astros gozan de gran influencia sobre todos los aspectos de la vida, incluyendo la salud. De este modo relata Macrobio en sus Saturnales I (20) de que modo el Sol y la Luna están relacionadas con Salus y la serpiente que lleva entre sus manos: “La Salud, en cambio, es un efecto de la naturaleza lunar que beneficia a los cuerpos de los seres vivos, vigorizándolos con una temperatura templada y salutífera. A sus estatuas, pues, se les agregan figuras de serpientes, porque dan testimonio de que los cuerpos humanos, una vez que se han despojado de la piel de la enfermedad, reverdecen hasta recobrar su vigor original, tal como las serpientes reverdecen, cada año, después de mudar la piel vieja. Asimismo, la imagen de la serpiente hace referencia al propio sol, porque el sol retorna siempre desde el punto más bajo, que es, por así decirlo, la vejez, hasta su punto más alto, como el vigor de la juventud.

Salus y los campesinos
Entre los habitantes paganos, rústicos, en Italia, se suele pronunciar a modo de plegaria para conjurar diversos males relacionados con el mundo agrícola a las siguientes divinidades: Salus, Semonia, Seya, Segecia o Tutilina.
Así, Salus les ayuda a conservar la salud y les protege, Semonia protege las semillas, Seya a la siembra y Segecia las mieses, Tutilina en particular protege las cosechas. Una plegaria entre la religión, la superstición y la magia, aunque al invocar a estas divinidades debe respetar un día de feria, esto es, dedicado a las divinidades.

Santuario de Salud -Aedes Salutis-
Situado en el monte Quirinal, en un lugar conocido como Collis Salutaris, cerca del clivus Salutis –una calle en pendiente-. Fue prometido en el 311 a. C. por el cónsul C. Junio Bubulco durante una guerra contra los samnitas, siendo inaugurado en el 5 de agosto del 303 a. C., siendo ya dictador.
El templo ha tenido la mala fortuna de ser dos veces golpeado por un rayo (276 a. C. y el 206 a. C.), además de sufrir un incendio en tiempos de Claudio, aunque siempre ha sido restaurado.
El templo posee unos magníficos frescos en su interior, pintados por C. Fabio, un miembro de la gens Fabia. Por su maestría, tan inusuales en aquellos tiempos de la República, se ganó el apodo de Pictor. Apodo que aún conservan algunos fabios. Desgraciadamente, muchos de los frescos fueron destruidos por el incendio de época claudiana.
En el año 180 a. C., como relata Livio en su Historia de Roma XL (37), asolaba Roma una epidemia, por lo que se ofrendó a la triada constituida por Apolo, Esculapio y Salus. Eran muchos los romanos notables de buena familia que caían muertos por la pestilencia: “Se instó al pontífice máximo Gayo Servilio a buscar los medios expiatorios de la cólera de los dioses, a los decenviros a consultar los libros Sibilinos, y al cónsul a prometer con voto presentes a Apolo, Esculapio y la Salud y dedicarles estatuas doradas, promesas y dedicaciones que hizo.”

Aunque, como curiosidad, se puede decir que el senado investigó más a fondo estas muertes y resultó que varias mujeres habían aprovechado la epidemia para asesinar a familiares cercanos. Al fin y al cabo, Salus también se encarga de la seguridad personal y la salvaguardia.

¿Cuándo se realiza el festival?
En tiempos de la República la fecha de su realización variaba. En algunos casos, siendo lo ideal, lo realizaban los cónsules al ser investidos, pero el festival exige un requisito indispensable: solo podía llevarse a cabo si Roma no estaba en guerra en ese momento. Debido a la dificultad de tan benigno momento de paz, lo habitual era postergarlo hasta fecha propicia.
Durante siglos el rito fue cayendo en el olvido. Más por la dificultad de realizarlo, que por falta de interés o fervor religioso; hasta que Augusto lo restauró, instituyéndolo el 5 de agosto, tal y como relata Tácito en sus Anales XII (23): “Se estimó conveniente restablecer y continuar para lo sucesivo el augurio de la Salvación -augurium Salutis-, interrumpido durante veinticinco años”.

Nota del autor
Apenas sabemos nada de este festival, salvo que se trata de un augurio estatal para conocer la voluntad de los dioses, rogar por el bienestar del Estado romano y que si todo salía como debía, la plebe tenía el derecho (casi la obligación) de burlarse de los oficiantes de forma jocosa y excesiva, con la idea de expulsar todo posible mal. Debía realizarse un sacrificio, como reza su nombre oficial, pero desconocemos en que consistía. Quizás fuesen similares a los vota publica del uno de enero (ver Inicio oficial del año).
Sí sabemos que se trataba de un augurio-festival de gran antigüedad, importante, que se realizaba en toda Italia y, probablemente, en otros lugares del Imperio –tenemos testimonios arqueológicos del mismo en lugares tan distantes como Hispania, Numidia o en los campamentos romanos de Siria-.

lunes, 1 de mayo de 2017

Calendario religioso romano: Angeronalia –21 de diciembre-

Dea Angerona

Discreto festival en honor a Angerona –o Angeronia-, diosa del secreto y el silencio, aunque su naturaleza es compleja. Este festival también es conocido como Divalia –que puede traducirse como “de la divinidad”-.

La diosa Angerona
Antigua divinidad de naturaleza múltiple, casi podría decirse que enmarañada, laberíntica. Su culto es antiguo. Macrobio, en sus Saturnales, I, 10, 7-10, y en boca de Julio Modesto, da una explicación sobre el origen del mismo: “[…] el duodécimo son las fiestas de la diosa Angeronia, en cuyo honor los pontífices celebran sacrificios en el santuario de Volupia. Según Verrio Flaco, recibe el nombre de Angeronia, porque, bien propiciada, conjura las penas (angores) y angustias del alma. Masurio añade que la estatua de esta diosa, con la boca vendada y sellada, fue colocada sobre el altar de Volupia, porque aquellos que disimulan sus dolores y sus inquietudes llegan, en recompensa a su paciencia, al colmo del placer. Julio Modesto afirma que se hacen sacrificios en honor de esta diosa porque el pueblo romano, después de haber formulado un voto, fue librado de una enfermedad denominada «angina».

Angina en latín puede traducirse por “sofocación”, pero también “angustia, decaimiento del espíritu por enfermedad física”, por lo que a la diosa se la relaciona con las penas y los sufrimientos emocionales. Tanto los puede atraer, como los puede eliminar; y en consecuencia, tras estos males, trae el placer, el gozo; y de ahí que se la identifique a menudo con Volupia, diosa de los deleites –hija de Cupido y Psíque-.
De igual forma, angustia en latín significa “brevedad, cortedad”, y cuando se la relaciona con las emociones, “cortedad de la respiración”, siendo similar a angina. Por lo que la diosa, nuevamente, se la relaciona con la pesadez y malestar físico ocasionado por un mal emocional.

Algunos autores la consideran diosa del solsticio de invierno. Su nombre, relacionado con el significado de angustia, brevedad, hace referencia a la palabra latina para ese solsticio: bruma –de brevima, brevis-. Bruma hace referencia a la cortedad, la brevedad, de los días en esa etapa invernal. Angerona representa ese momento en que los días comienzan a ser más luminosos, indicando el fin de la bruma, que no debe olvidarse  puede traducirse directamente como “solsticio de invierno”.

El nombre secreto de Roma
Se la representa con la boca sellada y un dedo sobre sus labios indicando silencio. Garante de los secretos, en Roma se la considera protectora de la ciudad, específicamente de su nombre secreto, como explica Plinio el Viejo, en su Historia Natural, III, 9, 65: “Y sobre todo, la mismísima Roma, cuyo segundo nombre es un sacrilegio pronunciar salvo en los arcanos de las ceremonias rituales. Rigurosamente escondido con la mejor y más saludable observancia, lo hizo público Valerio Sorano y enseguida sufrió castigo. No parece fuera de propósito incluir en este lugar el caso de un viejo culto instituido principalmente por causa de este secreto. La diosa Angerona, a la que se ofrecen sacrificios el día doce antes de las calendas de enero, tiene su estatua con la boca atada y sellada.”

Durante la guerra, los romanos practican la evocatio, un rito bélico y religioso. Consiste en invocar, llamar, a los dioses adversarios protectores de una ciudad enemiga, prometiendo que en Roma gozarán de mejor culto y templos más suntuosos. Juno Regina, por ejemplo, llegó de ese modo de Veyes a Roma.
Por ello, si se desconoce el nombre de una divinidad, no puede ser ni invocada, ni llamada. En el caso romano, el nombre de la divinidad protectora de Roma es un misterio, un secreto sagrado. Revelar dicho nombre es un sacrilegio castigado con la crucifixión.
Mucho se ha especulado sobre el nombre secreto de esta divinidad que conocemos como Roma. Algunos consideran que es Valentia, traducción del griego Rhomé, fortaleza; otros dicen que Sorania o Hirpia. O simplemente, Amor –el inverso del nombre Roma-. Es posible que nunca se conozca.

La gens ancharia de Faesulae
En Etruria, la familia de los ancharii, cuyo origen se pierde en el tiempo, adora con especial devoción a una diosa del lugar conocida como Ancharia, que se identifica con Angerona. Entre sus miembros destacan senadores en Roma, por lo que se trata de una familia de renombre.

El festival
Se desarrolla en el interior de la Curia Aculeya –in curia Acculeia-, en la vertiente septentrional del Palatino, cerca de la Porta Romanula y el Velabro. En esta curia se encuentra un templete en honor a Volupia –Sacellum Volupiae-. El sepulcro de Acca Larentia, nodriza de Rómulo y Remo, se encuentra cercano –o bien en su interior-. Esta curia no está techada, para propiciar los auspicios realizados por los augures.
Se trata, por lo tanto, de un lugar especialmente sagrado preñado de historia y mito, aunque discreto.
Apenas sabemos algo sobre este festival, salvo que los pontífices realizan un sacrificio en honor a Angerona en el templete. Debido a la propia naturaleza de la diosa, protectora del nombre secreto de Roma y garante del silencio, posiblemente nunca sepamos en realidad que sucedía en la Curia Aculeya.

miércoles, 26 de abril de 2017

Calendario religioso romano: Septimontium –11 de diciembre-

Septimontium, la Roma primitiva

Celebración privada de los habitantes de los montes de Roma, poco antes del solsticio de invierno, como conmemoración del sinecismo entre los montes. Se celebra cada cinco años, siendo lustral, siendo muy popular en sus barrios. Augusto amplía el festival a toda la ciudad de Roma.

Nota sobre el sinecismo
Agrupación de pequeñas poblaciones independientes pero afines culturalmente para crear una entidad mayor, siendo notorios el caso de Roma y Atenas.
En el caso que nos atañe, Roma, los habitantes de los siete montes, latinos, estaban unidos en una liga o confederación; sin olvidar la cercanía de pueblos sabinos y etruscos, que tan decisivos e influyentes fueron en esta Roma primitiva.

El nombre Septimontium
Según Varrón, en su Lengua Latina V, 41, antes de que Roma fuese Roma, a la dispersa población que habitaba los montes y colinas romanas, se la conocía como Septimontium: “Donde ahora está Roma, fue designado con el nombre de Septimontium «Los Siete Montes» por tantos montes cuantos después la ciudad abarcó con sus muros.
Varrón tiene en mente los siete montes más conocidos de Roma, aunque el festival se desarrolla en otros. Al suroeste del Septimontiun se funda la llamada Roma Quadrata, habitada por latinos y sabinos, además de etruscos; ambas poblaciones se unen para formar lo que será Roma.

Cercado de montes
Otros autores, además, consideran que el nombre del festival no hace referencia al número de montes, sino que hace referencia a saeptum montium, «cercado de montes», clarificando que se trataba de lugares poblados, bien delimitados y, posiblemente, amurallados. ¿Puede que se trate más o menos del mismo trazado que las Murallas Servianas?

Una fiesta singular
No aparece en los fastos estatales, pero sí en los calendarios rurales, siendo antiquísima. Se trata de un dies sacer, o feriae, aunque no del pueblo en general, sino de los montani pro montibus, los habitantes de los siguientes montes de Roma: Palatino, Veliae, Fagutali, Cermalo, Caelio, Oppio y Cispio –incluyendo el barrio de Subura-. Debido a su antigüedad, el Capitolio, el Quirinal y el Viminal no están incluidos; aunque algunos autores difieren al respecto, incluyendo alguno de estos.
Como curiosidad, citar que los montes Cispius, Caelius y Oppius hacen referencia a héroes epónimos, héroes que dan nombre a esos montes, siendo los siguientes: Laevius Cispius, Caelius Vibenna y Opiter Oppius.

Columela y sus habas septimonciales
Este autor hace referencia al festival en su libro Sobre la labranza II, 10, indicando que es momento propicio para la siembra de legumbres –en este caso habas-. Es habitual que los festivales fijos sirvan como referencia agrícola: “Las habas no toleran el terreno delgado o arenoso; en cambio, suelen darse muy bien en las tierras prietas. Debe sembrarse una parte a mitad del tiempo de siembra, otra parte al final: es la llamada siembra «septimoncial».”

El caso es que Columela, que no era oriundo de Roma –era gaditano-, conocía el festival, siendo prueba de la notoriedad del mismo, pese a su carácter exclusivo y privativo de Roma. Su pasaje, sin dejar de ser interesante si eres un amante de las habas, indica sobre todo lo popular del festival.

El festival
Antiguo, prácticamente una reliquia entre los propios romanos. Se inicia, por tradición, con una procesión entre el Palatino y el Esquilino, realizándose sacrificios en cada uno de los siete montes –muy cerca de los santuarios de los argei-; aunque es posible que solo se realicen sacrificios en el Palatino y el Velia. Posiblemente las víctimas propicias sean carneros.
El sacerdote encargado de este festival es el flamen Palatualis. Su nombre procede de Palatuar, el nombre más antiguo que se conoce del monte Palatino, creyéndose, además, que se trata de una diosa protectora de dicho monte. En tiempos históricos se considera que el sacrificio que se realiza en este monte es en honor a Pales, divinidad de los pastores y el ganado lanar (ver Parilia). A Pales se le identifica con Palatuar, siendo la misma divinidad. Por ello, se considera que también se realiza una lustración simbólica de ganado.
Poco más sabemos del festival, aunque gracias a Suetonio y Plutarco tenemos algunos detalles del mismo, como se explica a continuación.

Domiciano y el festival
Suetonio, en su Vida de Domiciano, 5, nos describe el modo en que el emperador patrocinaba este festival, siendo algo singular en su fondo y forma: “Dio tres veces al pueblo donativo de trescientos sestercios por cabeza, y durante un espectáculo de gladiadores le ofreció un opíparo festín con ocasión de las fiestas del Septimontium, haciendo distribuir los víveres a los senadores y caballeros en cestas de pan, y a la plebe en unos capazos, y poniéndose él a comer el primero; al día siguiente hizo lanzar a los espectadores regalos de todo tipo, y, como la mayor parte habían caído en las gradas destinadas al pueblo, prometió cincuenta bonos a cada uno de los sectores reservados al orden senatorial y ecuestre.”

Domiciano ofrecía donativos, espectáculos gladiatorios y banquetes públicos. Es muy posible que otros emperadores también ofreciesen los mismos parabienes durante el festival, lo que explicaría la popularidad del mismo, tanto entre la plebe como entre los honestiores.

Prohibición de carruajes
Plutarco, en sus Cuestiones romanas, 69, indica una curiosa prohibición durante el festival: “¿Por qué en la festividad llamada Septimontium se cuidaban de no utilizar carros de animales uncidos y aún hoy quienes no menosprecian a los antiguos se cuidan de ello? Esta festividad la celebran para conmemorar la anexión de la séptima colina de la ciudad, por lo que Roma se convirtió en Ciudad de Siete Colinas.
¿Acaso, y según algunos romanos piensan, a causa de que la ciudad no estaba uncida por completo en todas partes?
¿O esto, por el contrario, no tiene nada que ver con la cuestión y piensan, una vez realizada la gran labor de consolidación, que la ciudad ya ha cesado de crecer en extensión, y ellos se tomaron un descanso y se lo dieron también a los animales que habían colaborado en su trabajo y les concedieron el disfrutar en el ocio de la fiesta común?
¿O quisieron que la presencia de los ciudadanos honrara y adornara siempre toda festividad pero especialmente la celebrada en honor de la consolidación de la ciudad. Y para que no abandonasen la ciudad, cuya fiesta se celebraba, no se les permitió hacer uso de carruajes durante aquel día?

Durante el festival está prohibido que los carruajes circulen por los montes, aunque según puede deducirse de las palabras de Plutarco, no todo el mundo respeta esta sagrada tradición.