martes, 25 de marzo de 2008

FABULAE BREVE

Con este pequeñísimo relato deseo inaugurar esta sección de cuentos para Arcana, las fabulae breve –historias cortas-. Espero que disfrutéis con su lectura.
Como ya existen diversas entradas sobre la licantropía, que ayudarán un poco a la comprensión del mismo, esta breve historia está centrada en la “visión médica” de los versipellis, según un médico llamado Tiberio Calatino –se cree que este individuo es un teúrgo esculapio-, el cual se lleva una desagradable sorpresa durante su concienzuda investigación…

Licantropía médica, por Tiberio Calatino
-Aquí tenemos dos perfectos especimenes- exclamó el médico, el cual era una celebridad entre sus colegas, aunque todos sabían que era un poco excéntrico… en realidad muy excéntrico. Algunos decían que había perdido el juicio, que era peligroso y que por eso lo habían expulsado de la afamada escuela de medicina de Cos. Pero yo, que había incluso trabajado en el palacio imperial, creo que este hombre es una eminencia. Desgraciadamente para el arte médico, ha desaparecido sin dejar rastro hace poco tiempo, espero que se encuentre en uno de sus repentinos y secretos viajes, ya que gusta de visitar lugares remotos y exóticos en busca de raras plantas y minerales casi desconocidos, útiles para la ciencia médica.

Tiberio Calatino, tal es su nombre, se acercó a la enorme mesa y señaló al espécimen de su derecha. –Estimados colegas, a mi diestra podemos ver lo que parece un hombre normal, pese a ser un cadáver. Muy bien formado, en apariencia un atleta, fornido y bien alimentado.- Acercó su caja con sus utensilios de trabajo: pinzas, escalpelo, sondas, agujas, varios cortadores y un serrucho. Sacó uno de sus cuchillos aserrado y con perfecto precisión comenzó a realizar una incisión en el pecho del espécimen. La sangre manaba, parecía fresca, lo cual era difícil de explicar pues yacía muerto tres días, según explicó. –Bien, aquí- decía con voz entrecortada, debido al enorme esfuerzo al abrir el pecho con sus tenazas. –Esto que tenemos aquí es lo que yo llamó reflujo colérico. No es propio de los seres humanos, ni siquiera de animales extraños y exóticos, pero si, estimados colegas, de los afectados por el mal de la licantropía. ¡Cierto! No murmuren y escuchen. No sean necios. Déjense convencer por la evidencia. –El médico se lavó las manos y prosiguió su disección. -¿Cómo es posible que la sangre siga gresca? En otras palabras. ¡Que siga viva!- El médico se reía nervioso tras cada frase, satisfecho.

La situación era un tanto tétrica, pues nos había citado en un sótano acondicionado en su villa, a mi entender oculto a las autoridades del lugar, contrarias a la vivisección de seres humanos, aunque comenzaba a sospechar que el cadáver no lo era del todo. Lámparas de cinco llamas y braseros iluminaban la estancia, la cual estaba dominada por el intenso olor a incienso y otros perfumes que no pude determinar. Y la verdad, los dos esclavos que le acompañaban tenían un aspecto extraño, un tanto taciturnos y con aires de incultos plebeyos, con sus raídos sayos manchados por la tierra. Pero valía la pena ver trabajar al gran médico.

-Verán, no sabemos si la licantropía es un mal natural, o si por lo contrario su origen tal y como asegura la leyenda es debido a intervención divina.- Mirando fijamente al espécimen, prosiguió. –Debemos investigar en profundidad este mal que dicen procede del rey Licaón de Arcadia.-

Se acercó al espécimen y con un cuchillo rasgó en diversos puntos la piel. La desprendió, entregándola a sus esclavos, que la lavaron en una cubeta dispuesta con agua y otras sustancias. Nos mostraron el reverso. Parecía la piel de un animal, pues estaba recubierta de grueso y oscuro pelaje. –Aquí tienen una prueba irrefutable de licantropía. No se asombren, les mostraré otras. Verán como los huesos de este individuo parecen haberse roto en multitud de ocasiones y vuelto a unir. Cuando un licántropo cambia sus huesos tienen que modificarse en muy poco tiempo. Tiene que ser tremendamente doloroso. Otra prueba radica en el cráneo. Su forma no es la habitual. Tampoco la disposición de su mandíbula y el número de dientes ocultas en ella.- El célebre médico estaba pletórico mostrándonos cada paso. –A su vez, si se fijan, en la palma de la mano tiene abundante bello y sus dedos son anormalmente largos, digamos que está entre una mano humana y de animal. Si dignan fijarse verán que en el pulgar de la palma izquierda hay intercalada una falange que no poseen los humanos.- Todos estábamos asombrados. Hasta que llegó la prueba definitiva.

-Ahora, en este recipiente tengo polvo de aconitum lycoctónon, una planta que solo crece de forma salvaje, especialmente en Italia, y es altamente ponzoñosa en contacto con la piel de estos seres, nociva para los lobos comunes. Al parecer produce una reacción parecida al veneno en este ser aún tras la muerte.- Vertió un poco del contenido en la sangre del espécimen y esta se secó, como si llevase varios días al aire.

Satisfecho prosiguió su experimento -Bien, ahora, el segundo espécimen. Las pruebas deben realizarse al menos un par de veces para verificar.- Todos asentimos, anonadados por la experiencia. Tiberio se acercó a la segunda mesa y quitó el mantón que cubría el cuerpo. Un hombre de gran estatura y musculatura yacía inerte, tenía marcas de haber muerto ahorcado. Realizó un corte en el pecho y lo abrió con sus tenazas. Se oyó un sonoro crujido durante la acción. La sangre parecía seca. El médico miró extrañado. –Curioso, este hombre me aseguraron que lo vieron transformado en un lobo de gran tamaño. Sigamos, quizás no se den todos los requisitos.

El médico extrajo los órganos. Parecían normales. La prueba de la piel dio negativo. Piel humana. Y por último, el polvo de aconitum. –Si esto falla, no tenemos ante nosotros un licántropo, se trata de otra cosa.- El médico expectante, dejo caer el polvo. Ningún efecto. –Vaya, ante nosotros tenemos un espécimen humano capaz de transformarse en lobo sin ser un licántropo. Fascinante.-

Se alejó más que contrariado, fascinado. Consultó sus viejos papiros y pergaminos. Todos sabíamos que disponía de una de las mejores colecciones médicas de Roma. Al cabo de un rato, que a mi me pareció muy largo, el médico exclamó -¡Eureka! Aquí está la respuesta.- y enunció textualmente desde un viejo y gastado papiro. –Pellismutari, “que cambia de piel”, ser híbrido entre humano y animal salvaje, nunca doméstico. Difiere notablemente de la licantropía, mal del lobo o de Licaón. El pellismutari sufre de un mal que puede controlar la mayoría de las veces. Según algunos proceden de viejos cultos del término de Oriente.- Enrolló el papiro e hizo varias anotaciones en su libro. Nos miró abatido, pidió disculpas y prácticamente nos echó de su sótano. Aún me preguntó que fue lo que le afectó tanto.

Tiberio había recordado después de tanto tiempo algo que quería olvidar. Algo de su pasado. Sabía que no podía luchar contra ello. Le fascinaba el mundo animal, lo salvaje. Bajo su fachada de ciudadano civilizado se escondía un animal. Lo sabía, pero no podía seguir luchando. Sabía que él era un pellismutari.

martes, 18 de marzo de 2008

Lectura recomendada: La caverna de las Ideas, de José Carlos Somoza


“Crueles asesinatos de efebos tienen lugar en la Atenas de Platón. Diágoras, miembro y maestro de la Academia platónica contrata al Descifrador de Enigmas, Hércules Póntor para que averigüe quién ha matado a un joven discípulo suyo, mutilándolo y arrancándole el corazón. Hércules pone en marcha su investigación.”

Esta es la breve y concisa premisa de la Caverna de las Ideas, de Somoza. Allá por enero me recomendaron la lectura de este libro en Nación Rolera. Y puedo decir que Gavilán, que fue el culpable de tal recomendación, acertó de pleno. La Caverna de las Ideas es una obra interesante y amena, juega con el lector hasta el final. Su planteamiento, desarrollo y conclusión me encantaron. La idea que plantea Somoza de la eidesis literaria es genial. Y no, no voy a explicar que significa este término. Para ello es necesario leer la novela, listillos.

El libro se desarrolla en la Atenas de Platón (siglo IV a. C.) En principio dos son sus protagonistas, el “descifrador de enigmas” Hércules Póntor y el filósofo Diágoras, que lo contrata. A lo largo del libro un tercer “protagonista” se une al enigma que se plantea, encarnado en varios asesinatos y enredos en esta Grecia sofistica y filosófica, pero que esconde sus secretos. Amena e inteligente, cómplice obra, en algunos momentos un tanto bizarra e inquietante. De todas formas, es una obra de la cual es mejor no decir demasiado, pues al fin y al cabo es una novela de “misterio”.

Gavilan comentó que la idea en sí es apropiada para una aventura para el Arcana y la verdad, solo requiere omitir la parte del “Traductor” y escribir la aventura. Ciertamente recomendable para aquellos que gusten de la lectura de una muy buena novela histórica, por el placer de leer y sumergirse en una Atenas desconocida y peligrosa.

martes, 4 de marzo de 2008

Revelando secretos del mundo antiguo: la licantropía (4)








La tierra del Occidente: Hispania entre lobos

El lobo, animal entre dos mundos
Fiero, astuto, guerrero prudente, de pronta huida y ataque súbito e inesperado, el lobo es el gran cazador de los bosques, cerros y campos ibéricos. Pero no solo se trata de un animal, para los íberos y celtas es un ser vinculado al mundo infernal y a los difuntos. Costumbre es colocar sobre sarcófagos y tumbas pieles de lobo como ayuda en el transito en el sombrío y frío más allá, pues el lobo acompaña a los muertos al otro lado, ya que al fin y al cabo, el lobo viaja al inframundo sin gran dificultad. Según la mitología de los turdetanos, en la provincia de la Bética, el infierno está custodiado por un ser mitológico con tres cabezas de lobo. Amuletos se elaboran contra los lobos, tanto para defenderse de ellos físicamente como contra sus poderes sobrenaturales: cinturones, medallones, cabezas de bronce, falcatas,… todas ellas con representación del lobo, siempre mostrado de forma agresiva y bravía. Estos amuletos pueden llevarse encima o bien colocarse en lugares, como casas o murallas.

Secretas fratrías de guerreros
Animal y demonio, odiado, temido y envidiado en parte, pues posee características que ansían los guerreros. En gran parte de Hispania los jóvenes guerreros se unen en secretas fratrías guerreras, tanto entre los celtas como los íberos –famosos por ello los lusitanos, celtíberos y cántabros-. Durante la iniciación deben colocarse de forma ritual una piel de lobo cazados por ellos sobre el cuerpo. Muchos se tatúan en la piel símbolos representando al lobo. De esta forma la “esencia” del lobo les posesiona, adquiriendo sus virtudes, lejos ahora de las leyes de los hombres. A partir de ese momento actúan en parte como lobos, aunque se dice que algunos son capaces de transformarse completamente, incluso de forma física, siendo formidables guerreros. Estas fratrías deben obediencia total a su jefe, habitualmente el más fuerte y astuto. Las autoridades romanas prohíben estás fratrías, con variable resultado.
Curiosamente, en el mundo antiguo a los proscritos, exiliados y fugitivos se les asocia con el carácter y naturaleza del lobo.

Pueblos asociados al lobo
Algunos pueblos incluso aseguran proceder de un ser licoformo, una entidad divina con forma de lobo, como los celtas lucenses. O bien lo adoran como un dios, como entre los ilergetes. El nombre ibérico de Lleida, era Iltirda, que significa la “ciudad del lobo”, siendo una de las poblaciones más importantes de los ilergetes. No son pocas las ciudades prerromanas con nombres asociados al lobo. Incluso en los poblados a expensas de la gente se suele cuidar y alimentar a un lobo, como muestra de respeto. Cuando este muere se le entierra o incinera como si fuese un ser humano.

Demonios y dioses con figura de lobo
Otros pueblos, como los vacceos, tienen que defenderse de una entidad llamada Vaelicus –asociado al dios celta Sucellus-, siempre presto a la hora de devorar el ganado y seres humanos. Por ello le ofrecen sacrificios, para calmar su apetito –los teúrgos del Pacto acusan a los vacceos de realizar sacrificios humanos, y siempre que pueden de un teúrgo del Pacto-. Importantes dioses infernales como Endovellico y Ataecina tienen cierta vinculación con el lobo.