martes, 2 de abril de 2013

Calendario religioso romano: festival de los argei –15 y 16, o 16 y 17 de marzo /14 o 15 de mayo-

Arcaico festival cuyo objetivo es la renovación de lo viejo y la eliminación de las impurezas religiosas de Roma, encarnado en unos muñecos elaborados en mimbre, los cuales son depositados en unas capillas y posteriormente ser arrojados al Tíber. Tales ritos se realizan y completan a lo largo de diferentes meses. Por ello, aunque se trata un único festival, se celebraba en diferentes fechas –las indicadas en el título son aproximativas, pues difieren según los autores, ya sean modernos o antiguos-.

Nota del autor
En la explicación del festival se observarán incongruencias y contradicciones debido a la escasa y confusa información que se puede encontrar para su descripción. Contradicciones que ya existían en tiempos de los antiguos romanos. ¡Que cada cual según su criterio escoja las que considere más creíbles o apropiadas y que Saturno le ayude!

Oscuro origen
Los autores antiguos no se ponen de acuerdo sobre el origen de este festival tan controvertido. De todos ellos, Dionisio de Halicarnaso y Ovidio son los que gozan de mayor autoridad para desentrañar el misterio de este festival.

Primero es importante decir que según la más vieja tradición existía una colonia griega en lo que sería Roma, en la colina llamada de Saturno –después llamada colina Capitolina-. Serían los descendientes de Evandro y otros griegos. Cabe decir que en la antigüedad los griegos recibían el nombre de “argivos”, lo que derivaría en el nombre que recibe el festival –argei-.

Los escasos griegos de aquella agreste región –siempre se debe recordar que hablamos de tiempos arcaicos antes de la fundación de Roma- eran sometidos periódicamente a algún tipo de feroz ritual por los más numerosos habitantes itálicos. Cada año dos griegos eran sacrificados, arrojados atados de pies y manos, al fondo del Tíber, todo en honor a Saturno. Según Ovidio en sus Fasti, el sacrificio humano se realizaba en respuesta a un oráculo solicitado en Dodona.

Tras el paso del tiempo llegó el gran Hércules a la región, asentando a un grupo de sus acompañantes, argivos también. Estos, según Ovidio, añoraban su lejana tierra griega, solicitaron no ser enterrados al morir, sino ser arrojados al Tíber para poder regresar “simbólicamente” a Grecia. Sus descendientes omitieron este detalle y enterraron a sus progenitores. Al Tíber, por sustitución, eran arrojados muñecos de mimbre que los representaban.

Hércules fue el que sustituyó a su vez los sacrificios humanos por otro menos cruento y más civilizado, tal y como relata Dionisio de Halicarnaso en sus Antigüedades romanas:

“Tras las indicaciones de Hércules, en lugar de los hombres a los que precipitaban en él atados de pies y manos, arrojaban al Tíber simulacros de forma humana y dispuestos de la misma manera, a fin de que el terror religioso que subyace en sus espíritus fuera desterrado, aunque respetando las creencias antiguas. Los romanos continuaban practicándolo en mi época. Lo hacían después del equinoccio de primavera, en el mes de mayo, el día que denominaban idus y que fijan a mediados del mes. Ese día, después de haber sacrificado según los ritos, los llamados pontífices y los sacerdotes considerados como de mayor importancia, las vírgenes que guardan el fuego perpetuo, los pretores y aquellos otros ciudadanos cuya existencia a los sacrificios está prescrita, arrojan desde el puente a las aguas del Tíber simulacros de forma humana, en número de treinta, y a los que llaman argei”

Ovidio también plantea la posibilidad de que en tiempos antiguos los arrojados al Tíber fueron los sexagenarios. Costumbre brutal que él mismo desmentía del siguiente modo:

“Quien crea que lo que se entregaba a la muerte eran los ancianos mayores de setenta años está acusando de un crimen a nuestros antepasados. Hay quien opina que los jóvenes, para disfrutar ellos solos del derecho al voto, tiraban a los ancianos desde el puente.”

Puede notarse que existe cierta contradicción en lo que cuentan los antiguos, pero como ya se había advertido, no existía confirmación del origen del festival.

Los argei
Se trataba de sencillas figurillas elaboradas en mimbre con forma humana, recibiendo también el nombre de scirpeas effigies, o bien, priscorum simulacra virorum. No debe olvidarse que estas se “ataban de pies y manos”. Según los autores se elaboran 27, otros dicen que 30. Los elaboraban los pontífices, las vestales, los pretores y otros ciudadanos tras realizar el pertinente sacrificio. En teoría representaban a las treinta curias en las que se dividía el pueblo romano en origen, o las primeras treinta poblaciones latinas de la región.

Las capillas de Numa
Algunas fuentes, como Livio, atribuyen a Numa Pompilio la creación de 27 capillas para la celebración de diversos ritos religiosos, distribuidas en diferentes distritos en la ciudad de Roma. Estas capillas fueron llamadas “argei”. En ellas, además, se guardaba importante material topográfico relacionado con la zona en la que se hallaban.

Varrón nos explica su distribución:

“Antaño los distintos lugares de la ciudad fueron perfectamente delimitados desde el momento en que las 27 capillas de los Argei se repartieron en cuatro demarcaciones urbanas. Se cree que el nombre de argei deriva de los príncipes que llegaron a Roma en compañía del argivo Hércules y se asentaron en la tierra Saturnia. De tales demarcaciones, la primera en la lista es la regio Suburana; la segunda la Esquilina; la tercera la Collina, y la cuarta la Palatina”

Festival de marzo -15 y 16, o 16 y 17 de marzo-
En esta fecha se realizaba una procesión hasta cada capilla, donde eran depositados en cada una de ellas un muñeco de mimbre. Desgraciadamente se desconoce cómo se realizaba dicha procesión, así como su recorrido. La intención ritual o religiosa era que estos muñecos actuasen como pharmakós, es decir, que absorbieran todas las impurezas de las gentes de la ciudad. Los antiguos consideraban que era el más poderoso de los amuletos que podían elaborarse en ese aspecto.

Festival de mayo -14 o 15 de mayo-
En esta fecha una procesión compuesta de los pontífices, las vestales, los pretores y ciudadanos ilustres recogían las efigies depositadas en las capillas. Se dirigían al puente Sublicio, el más antiguo y sagrado de los que se hallaban en Roma. Desde allí las vestales eran las encargadas de arrojar los muñecos de mimbre, teniendo cuidado de ser arrojados al centro del Tíber, para que la corriente los llevase sin descuidos hacia el mar, además, se les ataba de pies y manos con la clara intención de impedirles nadar –aunque fuese un acto simbólico- hasta la orilla.

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