lunes, 2 de enero de 2017

Calendario religioso romano: Forti Fortunae -24 de junio-

Dea Fortuna
Festival en honor a Fors Fortuna, conmemorando la dedicación de su primer templo en Roma por el rey Servio Tulio –al que se consideraba bendecido por la diosa-. El 24 de junio, para los antiguos, es el solsticio de verano; o el 23, siendo asunto de debate entre los expertos de la época.

La diosa Fors Fortuna
Dos conceptos básicos que representan a esta divinidad: fors asociada a los hombres, y fortuna a las mujeres; además, asimilada a la Tyche griega. Suerte, azar, destino, están bajo su dominio; así como la fertilidad, aunque ninguna actividad escapa a su poder, benéfico o negativo –también suya es la mala suerte-. Sus numerosos apelativos son muestra de su poder: virgo, primigenia, equestris, victrix, redox, felix, domina, obsequens, conservatrix, bona, gubernans, virilis, muliebris

Origen del festival
Ovidio en sus Fasti, VI 775-785, explica la razón del mismo –la fundación del templo por el rey Servio Tulio-, y someramente cómo lo viven la plebe y los esclavos: “¡Qué pronto han llegado los honores de Fors Fortuna!; dentro de siete días junio habrá pasado. Venid, Quirites, celebrad contentos a la diosa Fors; en la ribera del Tíber tiene sus regalos de rey. Bajad corriendo, los unos a pie, los otros también en rápida barca, y no os avergüence volver de ahí borrachos a casa. Llevad, barcas adornadas con guirnaldas, a jóvenes y sus francachelas, y que en medio de las aguas beban abundante vino. La plebe venera a esta diosa porque quien fundó su templo era de la plebe, según se dice, y de humilde origen llegó a detentar el cetro. También a los esclavos les va bien, porque Tulio, que levantó el templo vecino de la ambigua diosa, nació de de esclava –se refiere al rey Servio Tulio, cuya madre era Ocrisia, una prisionera de guerra-.”

El festival
La más humilde plebe y los esclavos acuden a este célebre festival, en el que está permitido emborracharse –casi una obligación- y comer sin medida, permaneciendo en vela toda la noche si les es posible. Los esclavos tienen permiso de sus amos para acudir a su fiesta particular.
Una gran multitud a pie guiada por la ribera del Tíber acude a los dos templos que Fortuna posee en el Trastevere –uno en el primer miliario, el segundo en el sexto miliario, cerca del santuario de Dea Dia; otros llegan río abajo, en pequeños botes engalanados con flores y un lucero como guía. Este descenso es todo un rito que se conoce como tiberina descensio: es verano y el descenso por el río es una petición por las lluvias y la abundancia de aguas fluviales, esenciales para la vida y la agricultura. Entre ambos templos hay numerosos santuarios en su honor.
Los cantos y bailes de todo tipo, muchos obscenos, son la mayor diversión del festival caracterizado por el desenfreno.
Se encienden hogueras –no debe olvidarse que es el solsticio de verano-. Se salta sobre ellas en número impar, siendo los más propicios el tres y el siete.
A los nacidos este día de festival se les considera afortunados, protegidos bajo su égida.

Regalos a los esclavos
También es costumbre que los amos hagan regalos a sus esclavos en esta fecha, aunque rara vez de gran valía, como relata Ovidio: "Y, Además, al esclavo que te lo pida, ofrécele regalillos el día de la Fortuna; poco es el desembolso".


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