sábado, 28 de enero de 2017

Calendario religioso romano: Ludi Apollinares -6 al 13 de julio-


Juegos establecidos en honor a Apolo, en su momento una divinidad extranjera para los romanos. Extranjera pero no desconocida, sin ser especialmente popular entre la plebe. En estos ludi se “convirtió” en uno más de los dioses nacionales romanos.

Origen y naturaleza del festival
El autor Macrobio, en sus Saturnales (libro I 23-30), obra erudita, nos detalla la razón y origen de estos juegos, así como los sacrificios adecuados a realizar, sin dejar de disertar sobre la naturaleza del propio Apolo:
 “Por este motivo adoramos también a Apolo, esto es, al sol, con epítetos que significan unas veces la salud, otras la peste; no obstante, dado que lanza la peste contra los culpables, significa claramente que este dios protege a los buenos. De aquí a Paquino, promontorio de Sicilia, se venera a Apolo Libistino –de los Libios, en referencia a los cartagineses- con una devoción extraordinaria. En efecto, cuando los libios, con la intención de invadir Sicilia, arribaron a este promontorio, Apolo, que era venerado en este lugar, fue invocado por los habitantes: envió una epidemia contra los enemigos, que fueron sorprendidos, casi todos, por una muerte repentina; por este motivo, recibió el epíteto de Libystinus. En nuestros anales también se documenta una manifestación similar de la intervención majestuosa de este dios. En efecto, se celebraban en Roma los juegos en honor a Apolo, conforme al oráculo del adivino Marcio y la profecía de la Sibila, cuando de repente llegan los enemigos, y la plebe, llamada a las armas, corre a su encuentro, y en ese preciso momento se vio volar contra ellos una nube de flechas que los puso en fuga y permitió a los romanos tornar, victoriosos, a los espectáculos en honor del dios salvador. De aquí se deduce que los juegos se instituyeron a causa de una guerra, no de una epidemia, como pretenden algunos. Ahora bien, he aquí la razón de esta creencia: durante los juegos, el sol brilló en su punto más alto de nuestra región. En efecto, Cáncer está en el trópico estival, y cuando se encuentra allí, sus rayos, enviados no de lejos, sino verticalmente, alumbran nuestra región templada fulgores directos. De aquí surgió la creencia de algunos de que los Juegos Apolinares se celebran para aplacar, justamente en esa fecha, al dios del calor. Pero leo en las fuentes literarias que estos juegos fueron instituidos a causa de una victoria, y no, como narran algunos escritores de anales, por motivos de salud. Es, en efecto, en el curso de la Guerra Púnica cuando, siguiendo a los libros sibilinos, estos juegos fueron instituidos por primera vez, a propuesta del decenviro Cornelio Rufo, que recibió por este motivo el sobrenombre Sibila y, más tarde, por alteración del vocablo, fue el primero en ser llamado Sila. Según la tradición, en las poesías del adivino Marcio, dos rollos del cual fueron llevados al Senado, se encontró el texto siguiente: «Si queréis, romanos, expulsar al enemigo de vuestro territorio, plaga de naciones que viene de lejos, mi consejo es que consagréis a Apolo unos juego, que se celebren cada año con alegría en honor a Apolo. Que presida la celebración de estos juegos el pretor urbano, quien impartirá justicia estricta a los ciudadanos y al pueblo. Que los decenviros sacrifiquen víctimas según el rito griego. Si hacéis esto escrupulosamente; seréis siempre dichosos y la República será más próspera; pues el dios exterminará a vuestros enemigos que pacen tranquilamente vuestros campos». De acuerdo con esta profecía, se consagra un día a ceremonias expiatorias, luego se promulgó un senadoconsulto para que los decenviros consultaran los Libros Sibilinos a fin de recabar más información acerca de la celebración de los juegos en honor a Apolo y acerca de la correcta celebración del sacrificio. Después de que los decenviros anunciaron que habían hallado las mismas prescripciones en los Libros Sibilinos, los senadores decidieron que serían consagrados y celebrados unos juegos en honor a Apolo, y con esa finalidad, entregaron al pretor doce mil ases y dos víctimas adultas, y ordenaron a los decenviros que hicieran el sacrificio según el rito griego con las víctimas siguientes: un buey con los cuernos dorados y dos cabras blancas con los cuernos dorados en honor de Apolo, y una vaca con los cuernos dorados en honor de Latona –su madre-. Ordenaron que el pueblo asistiera a los juego en el circo coronado de guirnaldas. Este es, según la tradición principal, el origen de los Ludi Apollinares.”

Los Carmina Marciana
Colección de libros proféticos atribuidos a Anco Marcio, cuarto rey de Roma, al que Macrobio llama simplemente Marcio –aunque existe controversia sobre quién fue realmente este Marcio-. Debido a esta ascendente regio, los carmina fueron incorporados a Libros Sibilinos en el 213 a. C. En estos carmina, entre otras cosas, se había predicho el desastre de Cannae.

Un poco de historia
En el 211 a. C., el senado, a propuesta del pretor Calpurnio, decretó que los juegos debían repetirse cada año, ya que el primero se celebró con el propósito de congraciarse con Apolo para detener a los cartagineses. El día que debía celebrarse era cuestión de debate. En el 208 a. C., cuando Roma fue castigada con una plaga, el pretor urbano –o edil curul, según otras fuentes- P. Licinio Varo, estableció que los juegos debían celebrarse siempre el 6 de julio. Durante el Imperio los días de celebración se amplían hasta el 13 de julio.
Julio César y Augusto tenían en gran estima y consideración estos ludi, promocionándolos como si fuesen asunto personal. En el caso de Julio César, al coincidir con su cumpleaños.

Los juegos
Días de alegre celebración, donde la plebe se engalana con guirnaldas de flores y banquetean en los porches de sus casas o en plena calle. Las matronas, mujeres casadas, suplican a Apolo, rezándole con diversas peticiones, ya que ese día les es propicio.
Se organizan juegos ecuestres en el Circo Máximo, otorgando premios a los asistentes –lo más habitual es que se celebren el día 13-. Además, se organizan unos ludi scaenici, en las que se ofrecen obras denominadas fabulae praetexta, típicamente romanas. No son pocos los actores famosos que pugnan por participar en los mismos, ya que gozan de gran prestigio.

Sin embargo, según las propias preferencias del emperador reinante, estos juegos pueden incluir otros festejos, como venationes.