lunes, 20 de febrero de 2017

Calendario religioso romano: Nemoralia –13 de agosto-

Lago de Nemi
Conmemoración de la consagración del templo a Diana en el Aventino, y a su vez de la Diana Nemorensis, importante deidad del Lacio.

Distintos nombres para un mismo festival
Este festival recibe distintos nombres, como Nemoralia, Sacrum Dianae o Natalis Dianes. El apelativo de Nemoralia está en relación con el nombre que recibe Diana en su santuario más sagrado y visitado en Italia, junto al lago de Nemi -Nemorensis lacus-.

Templo del Aventino
Erigido –según la tradición- por Servio Tulio a imitación del Artemisión, el célebre templo de Ártemis en Éfeso, santuario de la Liga de las Doce Ciudades Jónicas. El rey Tulio lo fundó con la intención de crear un santuario común a todos los latinos. Es el más antiguo e importante templo de esa colina; en tiempos primitivos el Aventino recibió el nombre de Collis Dianae. Aunque inaugurado en Roma, el festival que se le asocia es celebrado en todo el Lacio e incluso en Italia –ya en tiempos imperiales, en las provincias más romanizadas-.
Ovidio en sus Fasti III (295-300), describe como percibían los romanos el primitivo solaz donde después sería construido el templo, lugar sumamente sagrado: “Al pie del Aventino había un bosque sombreado por encinas negras, que una vez visto podías decir: «Aquí está la divinidad». En su interior había una pradera, y de unas rocas fluía un manantial de agua viva, cubierto de musgo verdoso. De él bebían sólo, prácticamente, Fauno y Pico.”
Dos son las particularidades de este templo: sus primeras leyes –lex templi- fueron redactadas en griego, y sobre el dintel de la puerta, cuelgan cuernos de ternera –la víctima favorita de la diosa; en el resto de sus templos cuelgan cuernos de ciervos-.
El Aventino siempre ha sido una colina considerada “plebeya, por la que la Nemoralia es popular entre las gentes humildes. Al fin y al cabo, Diana es garante de fertilidad humana y animal, y propicia los buenos partos.

Nemorensis lacus
Situado en el corazón del Lacio, el lago de Nemi está consagrado a la antiquísima Diana, divinidad silvestre y feraz, que con el paso de los siglos fue suavizando en algo su carácter primitivo –asimilada a Ártemis-. Al norte del lago y al sur del Monte Albano, está situado el santuario, donde se custodia una arcaica estatua de madera de la diosa. Poéticamente al lago se le denomina speculum Dianae –el espejo de Diana-.
Ovidio, en sus Fasti III (260-275), describe este sobrecogedor lugar: “Hay un lago, rodeado por la selva sombría del valle de Aricia, consagrado por la antigua religión. Aquí está oculto Hipólito, descuartizado por las riendas de sus caballos, motivo por el cual ningún caballo puede entrar en aquel bosque. Cuelgan hilos que recubren largas estacadas y hay dispuestas tablillas en honor de la meritoria diosa. Muchas veces una mujer cumpliendo con su voto y ciñendo las sientes con guirnaldas transporta antorchas relucientes desde la ciudad. Corre desde allí un riachuelo pedregoso con murmullo inseguro. Yo he bebido muchas veces de él, pero a pequeños sorbos. La que ofrece el agua es Egeria, diosa grata de las Camenas –ninfas de las fuentes-. Ella era la esposa y consejera de Numa.”

Templo de Diana en el lago Nemi

El festival
Las gentes plebeyas y los esclavos, a los que se les permite participar –siendo uno de sus escasos días de “vacaciones”-, se dirigen en solemne procesión nocturna, portando antorchas, a los lugares de culto de la diosa –el templo del Aventino, el lago de Nemi, así como otros santuarios a lo largo del Imperio-.
El festival es especialmente popular entre las mujeres de toda condición social, siendo sus indiscutibles protagonistas. En los santuarios lavan sus cabellos, adornándose con guirnaldas florales. Muchas llevan a sus perros, ya sean domésticos o fieros guardianes, siendo a su vez engalanados con flores; los perros están bajo la protección de Diana, la gran diosa cazadora.
Los fieles realizan sus peticiones a la divinidad, colgando de las ramas de los sagrados árboles cintas coloridas con escritos suplicatorios, así como exvotos con las partes corporales que desean sean curadas, bendecidas o protegidas –aunque las peticiones más habituales están relacionadas con la fertilidad y lo spartos-; incluyendo imágenes de sus hijos, efigies de arcilla representando ciervas –uno de los animales preferidos de Diana-, figuras de bronce de la diosa portando una antorcha o simple lámparas de barro con ánimo votivo.
Tras la procesión y la exposición de los exvotos, se purifican a los asistentes más jóvenes. Posteriormente, se realiza un alegre banquete nocturno en el que se consumen cabritos asados, tortas recién horneadas, acompañadas de manzanas transportadas en cestos elaborados con ramas de manzanos.
Los sacrificios cruentos y la caza están prohibidos durante el festival.

El lago de las mil estrellas
Durante la nocturna procesión en el lago de Nemi, llamado acertadamente “espejo de Diana”, el reflejo de las antorchas da un aspecto sobrecogedor a la superficie lacustre. Los fieles, además, acuden al santuario tanto a pie como en pequeñas y humildes barcas, iluminando aún más su superficie. Además, al menos durante cierto tiempo e idealmente, la fecha del festival debe coincidir con la luna llena –por ello en algunas ocasiones se realiza entre el 13 y el 15 de agosto-. Un magnífico espectáculo natural en la época más calurosa del año. Diana es una diosa compleja, múltiple, que también representa la luna y los aspectos más sombríos de la noche, por lo que se la invoca no solo como Diana, sino como Luna –la griega Selene- y Hécate.

Denario de plata representando a Diana Nemorensis