miércoles, 1 de febrero de 2017

Calendario religioso romano: Supplicia canum –3 de agosto-


Peculiar festival en el que se conmemora a los gansos y castiga a los perros, como recuerdo de un hecho histórico bélico.

Origen histórico y mitológico
Tras la derrota de los romanos en la batalla del río Alía (390/387 a. C.) los galos asediaron Roma, aunque no pudieron tomar el Capitolio. Durante la noche, un grupo de guerreros galos intentó un asalto, con la esperanza de tomar por sorpresa la colina. Sin embargo, los gansos sagrados de Juno graznaron alertados, no así los perros guardianes –ni sus propios guardianes-, que guardaron silencio. Gracias a los gansos se pudo rechazar el asalto.
Plutarco, en su Fortuna de los romanos 12, lo describe someramente: “Se criaban gansos sagrados en el recinto del templo a Juno y estaban al servicio de la diosa. Este animal es por naturaleza fácilmente perturbable y muy asustadizo ante cualquier ruido. Y entonces los gansos estaban descuidados por las continuas dificultades de los de dentro –los asediados en el Capitolio-; su sueño era ligero e incómodo por el hambre y, por ello, se dieron cuenta de los enemigos en cuanto coronaron el acantilado. Comenzaron a chillar y se les lanzaron impetuosamente. A la vista de las armas se alborotaron aún más y llenaron el lugar de un áspero clamor disonante. Gracias a él los romanos se levantaron y comprendiendo lo que ocurría rechazaron a los enemigos y los despeñaron por el precipicio. En recuerdo de aquellos acontecimientos se lleva aún en procesión un perro empalado en una estaca y un ganso sentado con toda solemnidad en una lujosa litera portátil.”
Quizás como excusa puede decirse que, según el propio Plutarco y Eliano, consideran que los galos habían alimentado a los perros, que hambrientos, habían aceptado los alimentos con gusto; aunque este acto también puede considerarse como la aceptación de un soborno y la traición sería aún mayor.

La cruel procesión
Se llevan perros y gansos en procesión, desde los templos de Juventas y Summanus, hasta el Circo Máximo. Marco Manlio fue el cónsul romano que lideró a los asediados en el Capitolio, dirigiendo a los iuventa, a los jóvenes en edad militar. Por ello se honra a Juventas. En el caso de Summanus, se trata de una complicada deidad de carácter infernal, contrapartida negativa de Júpiter y similar a Plutón.
Los gansos van engalanados de oro y púrpura, transportados en una lujosa litera. Los perros no tienen la misma suerte. Sufren la pena de la furca, un instrumento de castigo máximo, con la forma de una Y, elaborado en madera. Este castigo suele estar reservado a los traidores o a los que cometen crímenes sexuales. Lo habitual es que se emplee madera de un arbor infelix, un árbol que no da frutos, o los que da son de apariencia sombría, esté asociado a la mala fortuna o a los dioses infernales. Plinio precisa que debe ser madera de saúco.
Se trata de un castigo especialmente cruel y brutal. La cabeza se sitúa en el vértice de la Y, un travesaño horizontal sujeta la cabeza. Debido a la posición de la víctima, esta suele morir por asfixia. La furca va acompañada de flagelación, siendo vendados los ojos de los condenados y sus manos –o en este caso, patas- atadas por cuerdas.
Como morbosa curiosidad, se puede precisar que se trata de una muerte considera maldita. Los espíritus de los que mueren en la furca, de igual modo de aquellos que mueren ahorcados o decapitados, ahogados o enterrados vivos, se consideran condenados, malditos a vagar por la tierra de los vivos.

La procesión según Plutarco
Plutarco, sin embargo, narra que en la procesión se emplean un solo ganso y un perro, y que este va empalado en una estaca –staurus-, que a menudo se traduce como cruz, aunque esta suele tener la forma de una T, elaborada en madera de igual forma que la furca.

Nota del autor: personalmente creo que se empleaban los dos sistemas de furca y staurus según el “gusto” del organizador del festival.