miércoles, 29 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Ludi Capitolini –del 15 al 30 de octubre-

Área capitolina, y el templo de Júpiter Feretrio marcado con el número 5

Antiguos juegos en honor de Júpiter Feretrio y, posteriormente, Júpiter Capitolino, salvador de Roma ante los galos.

Origen
Entre la historia y el mito, tras la desastrosa y humillante derrota romana en el río Alia, se nombra como dictador a Marco Furio Camilo, uno de los grandes héroes de la joven república. Este, que habitaba a las afueras de Roma, y tras alguna reticencia, acepta el cargo y con la voluntad y piedad que lo caracterizaba, ataca a los galos. Los galos reclamaban a Roma un humillante pago en oro –el famoso Vae Victis! (¡Ay, de los vencidos!)-, lo que no era del agrado de Camilo.
Tito Livio V, 49, nos narra la ocasión: “Pero los dioses y los hombres impidieron que los romanos viviesen rescatados, pues dio la casualidad de que, antes de que el execrable pago se efectuase, no estando aún pesado el oro en su totalidad debido al altercado, se presenta el dictador y ordena que se quite de en medio el oro y que los galos se retiren. Al negarse éstos, alegando que se había hecho un trato, dice que un pacto que ha sido convenido después de ser él nombrado dictador, sin orden suya, por un magistrado de rango inferior, no tiene validez, y advierte a los galos que se apresten al combate. Ordena a los suyos que pongan en un montón los bagajes y preparen las armas, y reconquisten la patria con el hierro, no con el oro, teniendo a la vista los templos de los dioses, las esposas e hijos, y el suelo patrio destrozado por los males de la guerra, y todo aquello que es un deber sagrado defender, recuperar y vengar. Forma, luego, a las tropas en orden de batalla, en la medida en que lo permitían las condiciones del terreno en el suelo de una ciudad medio derruida y de conformación accidentada, y toma todas las medidas favorables a los suyos que sus conocimientos bélicos le permitían adoptar y disponer. Los galos, desconcertados por lo inesperado de la situación, toman las armas y se lanzan contra los romanos con más ira que reflexión. La fortuna había cambiado, ya la ayuda de los dioses y la prudencia de los hombres favorecía a Roma. Así, al primer choque fueron dispersados los galos en no más tiempo del que les había llevado vencer en el Alia. Después, en otra batalla más regular, en el miliario ocho de la vía Gabinia, donde se habían reagrupado después de la huida, son vencidos bajo el mando y los auspicios del mismo Camilo. Allí la carnicería fue total, el campamento fue tomado y no quedó ni siquiera quien pudiese llevar la noticia del desastre. El dictador, recuperada la patria de manos del enemigo, volvió en triunfo a Roma, y en los rudos cantos de burla que profieren los soldados le llamaban Rómulo, y padre de la patria, y segundo fundador de Roma, elogios que no carecían de fundamento.”

Tras la victoria, Camilo instituyó en el 387 a. C. los ludi Capitolini como agradecimiento a Júpiter por salvaguardar el Capitolio de los galos, sin olvidar la derrota de los invasores. Así lo explica Tito Livio: “[…] se celebrarían juegos Capitolinos, porque Júpiter Óptimo Máximo había protegido su morada y la ciudadela del pueblo romano en circunstancias críticas; a este fin, el dictador Marco Furio formaría un colegio integrado por habitantes del Capitolio y la ciudadela.”

Los primeros sacerdotes encargados de la organización de los juegos eran patricios residentes en el Capitolio, escogidos por el propio Camilo. Este colegio sacerdotal recibe el nombre de collegium Capitolinorum.
Estos juegos se inician en los idus de octubre, con una duración de dieciséis días.

Otro posible origen
Según algunos autores, como Calpurnio Pisón –citado por Suetonio y Tertuliano- el origen de los ludi Capitolini están en unos previos instaurados por Rómulo, llamados ludi Tarpeii, al realizarse en ese lugar –la tristemente famosa Roca Tarpeya, desde la que se arrojaban en algunas ocasiones a los condenados-. Estos primeros juegos consistían en sencillas competiciones atléticas y pugilísticas.
Realizados en honor a Júpiter Feretrio –“el que golpea, ante aquel quien se lleva, llevar, transportar”-, en relación a los spolia opima, los trofeos de guerra ganados en combate personal. Su pequeño templo –aedes Iuppiter Feretrius- está situado en la colina Capitolina, siendo el primero en ser construido en Roma. Ninguna estatua representa a este Júpiter, sino un arcaico cetro, símbolo de su poder, y una roca –posiblemente un meteorito-. En su interior, además, se custodian antiguos trofeos.
Por lo tanto, es muy posible que los ludi Capitolini sustituyan a los arcaicos ludi Tarpeii de Rómulo.

Los ludi durante el Imperio
Caídos en desuso, inexistentes y olvidados, durante el principado de Domiciano (en el 86 d. C., durante su consulado), son restablecidos con el nombre de agones Capitolini, aunque celebrados cada cinco años, siendo quinquenales. Con el tiempo, debido a su aceptación, se celebran cada cuatro años –lo que se denomina olimpiada-.
Domiciano torna estos ludi en agones al estilo griego, con competiciones atléticas y culturales. El propio emperador coloca coronas florales de laurel a los vencedores. Estos agones son tan populares que atraen a poetas, oradores, autores, comediantes, atletas,… de todos los lugares del Imperio. Aunque debido, precisamente, a su popularidad, atrae a su vez a charlatanes, adivinos, magos…

¡Sardianos en venta! (Sardi venales!)
 “¿Por qué al celebrar espectáculos en el Capitolio aún ahora gritan «sardianos en venta» y un anciano va delante para burla llevando colgado al cuello un amuleto infantil que llaman bulla?
¿Acaso porque los etruscos llamados veyos lucharon largo tiempo contra Rómulo, quien tomó esta ciudad la última y vendió en pública subasta a muchos cautivos junto con su rey, a la vez que se burlaba de su simpleza y de su necedad. Y puesto que los etruscos eran de origen lidio y Sardes era la capital de los lidios, anunciaban así a los de Veyes y hasta ahora conservan la costumbre como diversión?”
De ese modo se pregunta Plutarco, en sus Cuestiones romanas, sobre una particular costumbre durante los agones Capitolini. Al parecer, según algunos autores, la intención de esta venta ficticia es humillar a los etruscos de la ciudad de Veyes, derrotados por Roma tras una larga e incierta guerra. Muchos de ellos fueron esclavizados, incluyendo a su rey. Costumbre de los reyes etruscos era llevar una bulla de oro, un amuleto; en el mundo romano ésta recibe el nombre de bulla puerelis, siendo una protección mágica infantil contra el mal de ojo. Por ello, estos improperios son un recordatorio festivo y triunfal de una guerra compleja y difícil de Roma en tiempos arcaicos contra los etruscos de Veyes, originarios de Sardes –sardi-.
Lidera una procesión, al comienzo del festival, un anciano ataviado con una toga praetexta –símbolo de su poder regio-, y una bulla colgando de su cuello, representando al rey etrusco.
Sin embargo, algunos autores romanos, consideran que el epíteto deriva en realidad de los habitantes de Sardinia –la actual Cerdeña-, tomada en el 238 a. C., realizándose una numerosa venta de esclavos de guerra, al no encontrarse nada más de valor en la isla. Según la tradición, estos esclavos fueron de la peor calidad, por lo que se perpetuó la frase de «sardianos en venta» como un proverbio burlesco y jocoso.
Templo de Júpiter Feretrio

lunes, 27 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Fontinalia -13 de octubre-

Preparando las coronas florales

Festival en honor de Fons, deidad protectora de las fuentes y de los pozos.

El dios Fons
También conocido como Fontus. Hijo de Jano y Juturna, diosa a su vez de las fuentes y manantiales. A Fons le suele acompañar en el culto Juturna, las Tempestates, Flora o Mater Larum, todas deidades relacionadas con las aguas o la naturaleza.
Especialmente tras el 13 de octubre del 231 a. C, cuando el templete a Fons fue dedicado por el cónsul G. Papirio Masón, con parte del botín obtenido en la toma de Córcega. Este templete, que recibe el nombre de delubrum Fons, está situado en el exterior de la porta Fontinalis, en el extremo sur del Campo de Marte, en Roma. Además de este templete, Fons posee en su honor un altar cerca de la tumba de Numa Pompilio, en el Janículo.

Nota del autor
Apenas tenemos, desgraciadamente, información sobre cómo se realizaba y vivía este festival. Sí sabemos que durante el festival se engalanaban las fuentes y pozos, tal y como asegura Varrón en su Lengua Latina: “[…] lanzan coronas al interior de las fuentes y también ponen coronas a los pozos –en sus brocales-.” Además de estas coronas votivas florales, se realizaban libaciones de vino y aceite en sus aguas.
Debido a la falta de evidencias arqueológicas y literarias, es de suponer que su culto no era muy popular, aunque era feriae –festivo-, tratándose de un día de “vacaciones” a partir del mediodía.
Sabemos además de la existencia de magistri Fontis, encargados en algunas de las ciudades de las fuentes, aunque desconocemos si eran los oficiantes de las Fontinalia locales. 
A su vez, es común entre los romanos, y de igual modo entre los griegos, asociar las fuentes a las ninfas, culto muy popular y valorado, por lo que también es posible que las Fontinalia, debido a estas particularidades, sí fuesen populares.

jueves, 23 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Meditrinalia –11 de octubre-


Festival vinícola en el que se celebra la nueva vendimia ya finalizada, siendo la última de las celebraciones relacionadas con el vino del año. Se realizan libaciones de vino nuevo y viejo en honor a Júpiter, como protector de la cosecha, sin olvidar que los auspicios sobre el cultivo de los viñedos se realizan bajo su potestad (ver Vinalia).

Origen del nombre meditrinalia
Según Varrón, en su Lengua latina, el nombre procede de mederi «curar», al asegurar que L. Valerio Flaco, flamen de Marte, aseguraba que durante el festival se mezclan vino nuevo y viejo. Esta mezcla ensalza sus virtudes terapéuticas y sanadoras –haciendo hincapié en las virtudes “mágicas” del vino-. Costumbre que se conserva en tiempos imperiales. Tras la vendimia se obtiene, tras su pisado, vino nuevo, el mosto –mustum-, que aún no ha fermentado. Se mezcla este con el vino viejo, lo que impide que se avinagre. Los romanos, al tomar esta mezcla, recitan una fórmula que cae más en la superstición y la magia, que en el ámbito religioso:

“Vetus novum vinum bibo, novo veteri morbo medeor”
(Vino nuevo y viejo bebo, de nuevos y viejos males me curo)

Debido a estas virtudes sanadoras de la mezcla, algunos autores, como Festo, hablan de la diosa Meditrina –también denominada Meditrinae o Meritrina-, protectora de la cosecha, la salud, la longevidad y el vino. Es muy posible que esta deidad sea un “invento” para justificar el nombre del festival, ya que apenas existen registros sobre ella y todos son tardíos.

Nota del autor
Desgraciadamente apenas sabemos nada de este festival, aunque conociendo el carácter romano, es muy posible que durante ese día los ciudadanos y esclavos vinculados al campo y los viñedos tomasen vino mezclado con poca moderación, eso sí, siempre con conservar y preservar la buena salud.
Debía ser un día alegre, en el que, tras pisar las uvas y recoger el mosto, los celebrantes en solemne congregación, agradecían a Júpiter –y a Meditrina- por la cosecha. Tras la libación, realizada sobre la tierra, ahora empapada con mosto y vino viejo, se consumía la mezcla, posiblemente con sencillos alimentos rústicos.

martes, 21 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Ieiunium Cereris –4 de octubre-

La diosa Ceres y sus frutos

Ayuno que se realiza en honor a Ceres; tal es el significado de ieiunium, “ayuno, abstinencia”.

Origen del festival
En el año 191 a. C. acontecieron en diversos lugares de Italia varios prodigios, eventos que según la religión romana debían ser expiados, tal y como relata Tito Livio XXXVI (37): “Se tuvo noticia de que había llovido piedra varias veces en Tarracina y en Amiterno, que habían sido alcanzados por rayos el templo de Júpiter y las tiendas de los alrededores del foro en Menturnas, y que en Volturno, en la desembocadura del río, habían ardido dos naves alcanzadas por un rayo. Con motivo de estos portentos los decenviros fueron a consultar los Libros Sibilinos, por decisión del senado, y volvieron diciendo que era preciso instituir un ayuno en honor a Ceres que debía ser guardado cada cinco años; que se celebrase un novenario sagrado y un día de rogativa; que se hiciese la rogativa tocados con coronas.”

Poco antes de estos prodigios, el senado romano había instituido el culto a Cibeles –en el 204 a. C.-, denominada Magna Mater en Roma. Esta deidad, en cierta medida, comparte la naturaleza de Ceres, siendo su “rival”. Magna Mater es adorada y protegida de los honestiores; Ceres de los plebeyos.
Los años posteriores al establecimiento del culto a Magna Mater fueron propicios para Roma en todos los aspectos, incluyendo los militares y unas magníficas cosechas. Por ello, estos prodigios se interpretaron como el enfado y disgusto de Ceres con Roma. Otros, más críticos, consideran que el Senado instituyó el ieiunium para contentar, más que a Ceres, a la plebe y su diosa.

El ayuno: ¿En qué consiste? ¿Quiénes deben ayunar?
Existe controversia sobre la dureza de este ayuno. Algunos autores consideran que se trata de un ayuno completo: nada de alimentos sólidos ni líquidos; otros, sin embargo, consideran que afecta únicamente a los alimentos cerealísticos –“los regalos de Ceres”-, incluyendo sus bebidas, como la cerveza, poco consumida en Roma. Esta última opción es la más probable.
Otro asunto sobre el que existen discrepancias es sobre quiénes deben realizar el ayuno. ¿Toda la comunidad, la plebe, solo las matronas, las vírgenes y doncellas? En esta ocasión Tito Livio no es muy específico al respecto. Añadiendo que el ayuno es algo raro en el mundo religioso romano.

En origen quinquennale, después anual
Desde la institución del ayuno, en tiempos de la República, se realizaba cada cinco años, siendo quinquenal; pero Augusto, siendo riguroso en asuntos religiosos, lo reformó, haciéndolo anual.

Novendiale sacrum
El novenario sagrado fue instituido por el rey Tulio Hostilio como el mejor método para expiar ciertos prodigios de origen natural, como la lluvia de piedras. Nueve días marcados como feriae, en los que se prohíbe el trabajo y los litigios; todas actividades profanas. No se trata un festival fijo, sino eventual. Durante los nueve días se realizan sacrificios públicos.

Nota del autor
No se sabe exactamente cómo se vivía este festival, pero tenemos referencias de autores de época imperial que relatan como las gentes modestas y piadosas observaban el ayuno con cierta rigurosidad, aunque, a su vez, criticaban a no pocos honestiores que sí practicaban el ayuno de alimentos relacionados con los cereales, y por asociación, de vegetales de todo tipo –nada de productos de la tierra-, pero que consumían viandas exóticas que nada tuviesen que ver con Ceres, como carne de tortuga o faisanes.

lunes, 20 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: inicio oficial del año -1 de enero-


¿En qué mes comienza el año romano? ¿Enero o marzo?
Desde el 153 a. C., las calendas de enero inician el año civil romano; antes ese honor lo ostentaba marzo. Los cónsules en tiempos de la República juraban su cargo tradicionalmente en marzo, mes consagrado a Marte -antes del 218 a. C., incluso en mayo-; mes propicio para comenzar las actividades bélicas. Roma luchaba en el 153 a. C. contra una rebelión en la celtiberia, en Segeda, enviando con prontitud al cónsul Q. Fabio Nobilior, que tomó posesión de su cargo en enero, para facilitarle la llegada a Hispania y combatir a los insurrectos. Aunque esta guerra no requería tanta celeridad ni premura, el senado consideró que era momento de equiparar el mes civil con el religioso, además, debido a ciertos desfases en el calendario, enero no era “tan invernal” como puede pensarse.
Ya desde tiempos arcaicos el mes religioso comenzaba en enero. Así lo asegura Ovidio en sus Fasti I (39-44), cuando habla sobre Numa Pompilio y la denominación primitiva, según él, de los meses: “El primer mes era de Marte, y el segundo, de Venus: ésta era cabeza del linaje, y aquél su propio padre. El tercero tomó el nombre de los viejos, y el cuarto, el de los jóvenes; el grupo siguiente se indicó con su numero. Ahora bien, Numa no se olvidó ni de Jano ni de las sombras de nuestros antepasados y antepuso dos meses a los primitivos.”

En tiempos de Rómulo, el año comenzaba en marzo, ya que no existían ni enero ni febrero; dos meses añadidos por Numa Pompilio. Como puede verse, enero está consagrado a Jano, dios de los comienzos, siendo el más adecuado y propicio para comenzar el año.

Por lo tanto, es importante entender que en el año primitivo romano existían dos tipos de cómputos diferentes: el año civil (y militar) y el año religioso, y entre ambos, algo caótico, el año agrícola. Y que a partir del 153 a. C. estos se equiparan.

Toma de posesión de los cónsules
El 1 de enero los cónsules comienzan su mandato, yendo, primero en procesión al Capitolio para ofrecer, posteriormente, un sacrificio a Júpiter Óptimo Máximo. Ovidio en sus Fasti I (75-86), nos lo narra, casi poético: “¿Ves cómo reluce el cielo con los fuegos perfumados y crepita la espiga cilicia –el azafrán- al encender las hogueras? La llama reverbera con su brillo en el oro de los templos y esparce el resplandor tembloroso en lo alto del santuario. Van con las ropas intactas al alcázar de Tarpeya y el pueblo lleva el mismo color que el color de su fiesta; ya marchan delante los nuevos mandos, nueva púrpura refulge y el marfil llamativo siente pesos nuevos –las sillas curules-. Novillos exentos del trabajo, que la hierba falisca alimentó en sus campiñas ofrecen su cuello para que los hieran. Júpiter, cuando mira a todo el orbe desde su alcázar, no encuentra nada que ver que no sea romano.”

Tras la procesión los cónsules, ya en el Capitolio, realizan auspicios, observando el cielo, buscando la aprobación divina para proseguir correctamente los ritos según la costumbre. La víctima propicia a sacrificar es un buey blanco, símbolo de pureza, y grato a Júpiter, como señal de agradecimiento por el año transcurrido.
A continuación se realiza una solemne promesa en nombre del Estado; se trata de la vota publica. Estos votos se inscriben en el templo de Saturno.

Vota publica
  • Vota pro salute rei publicae: en tiempos de la República los cónsules proferían solemnes votos públicos, rogando por el favor de los dioses, por el bien de la república romana, y en algunas ocasiones, por cuestiones más específicas, como la consecución de una guerra.
  • Votum pro salute principis: ya en tiempos imperiales, el anterior voto persiste, realizándose como es costumbre en las calendas de enero, aunque se añade otro voto el día 3, con el fin de evitar confusiones. Este voto se realiza por la salus del emperador, por su salud, bienestar y seguridad, así como por el de su familia. En las provincias los gobernadores realizan los mismos votos.

Día hábil
Según la mentalidad –o superstición, según guste- romana, comenzar el año trabajando, realizando actividades de cualquier tipo, es propicio. Estar ocioso a principios del año no es buen augurio. Como asegura Jano en boca de Ovidio en sus Fasti: “Los augurios suelen hallarse en los principios”.
Este principio se aplica a cualquier acto solemne. El primer nombre pronunciado en ese tipo de actos debe ser propicio, incluyendo a los reclutas en el ejército o los esclavos que conducen a las víctimas en sacrificio. Todos ellos deben tener nombres afortunados, positivos. Costumbre que puede ser obsesiva en algunas personas.

Regalos de buen agüero
Es costumbre hacer regalos a los amigos y parientes en las calendas. Este tipo de regalo recibe el nombre de strenae, “de buen augurio”. Suelen ser regalos sencillos, rústicos, simbólicos en su esencia: dátiles, higos secos, miel, ramas de laurel… Jano, en boca de Ovidio, explica la razón de estos humildes regalos del siguiente modo: “«¿Qué significado tienen los dátiles y los higos arrugados –dije- ¿y la miel resplandeciente que se ofrece en un vaso blanco como la nieve?». «El motivo –dijo Jano- es el augurio: que semejante sabor persevere en las cosas y que el dulce año termine su camino emprendido».
A su vez, muchos son los que también regalan monedas de bronce, siendo más una costumbre de tiempos imperiales, que republicanos. Aunque algunos, con menos “modales”, regalan incluso monedas de oro.

La diosa Strenia
Diosa de la buena salud, del bienestar y del año nuevo; además de infundir valor ante los peligros. De origen sabino, su culto fue instituido por Tito Tacio, corregente con Rómulo. Según el mito, este rey fue el primero que advirtió la naturaleza sagrada de una arboleda, a la que dio nombre de Strenua, que en su lengua significa “saludable, benéfica –o incluso vigorosa, fortalecedora”-. De un árbol sagrado empleó una rama para los auspicios de año nuevo, siendo el primero en hacerlo, instituyendo la costumbre hasta tiempos imperiales. De esta costumbre, y de su nombre, procede la denominación de los regalos de año nuevo, los strenae.
La diosa posee una capilla y un soto sagrados –sacellum et lucus- en la Via Sacra, la calle más antigua y célebre de Roma.

jueves, 16 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Augustalia –del 3 al 12 de octubre-

Augusto como pontífice máximo

Juegos en honor al emperador Augusto, siendo muy populares. También conocidos como Augustales, o ludi augustales; o incluso como ludi divo Augusto et Fortunae Reduci –juegos del divino Augusto y la Fortuna del Regreso-.

Evolución en el tiempo de los ludi
Tras la derrota de Marco Antonio y Cleopatra en la batalla naval de Actium (32 a. C.), el pueblo y senado de Roma ofrecieron a Octaviano, el futuro Augusto, honores de todo tipo; algunos espontáneos, otros con motivos más políticos. Dión Casio en su Historia romana LI (19), lo detalla con acierto: “Mientras tanto, e incluso antes, los romanos en su patria le estuvieron decretando continuos honores por su victoria naval. Le concedieron el triunfo sobre Cleopatra, un arco triunfal en Brindisi y otro en el foro romano. decidieron que el podio del templo a Julio adornado con los espolones de las naves capturadas, que se celebrara un festival cada cuatro años en su honor, que se ofrecieran gracias a los dioses tanto en el día de su natalicio como también en el que se dio la noticia de su victoria. También le otorgó el honor de que, cuando llegara a la ciudad, salieran a recibirle las vestales, el Senado y el pueblo, acompañados estos de sus mujeres e hijos. Es innecesario decir que se le decretaron plegarias, estatuas, la presidencia de los espectáculos y otros honores semejantes.”

El festival quinquenal que se nombra –quinquenal ya que el cómputo romano es inclusivo- es el origen de los ludi augustales. De igual modo, en las ciudades y provincias del Imperio también se le concedieron esos honores, templos y estatuas, así como la celebración de esos juegos quinquenales. El orden ecuestre, además, en su conjunto, acordó celebrar el natalicio de Augusto años alternos, sufragándolo con su propio peculio –llamados ludi natalli y celebrados el 23 de septiembre-. Los pretores, a su vez, encontraban válida cualquier excusa para celebrar juegos en su honor; a ser posible, cada año.
En los primeros años, tanto los ludi como el natalicio, se alternaban entre sí, sin mucha coherencia;  ni estaban inscritos en los Fasti, el calendario oficial romano.

El ludi natalli de Augusto se decretó oficialmente en el 11 a. C., como relata, nuevamente, Dión Casio LIV (34): “[…] el cumpleaños de Augusto fue honrado con varias cacerías de fieras, tanto en el circo como en otros muchos lugares de la ciudad. Y aunque no había ningún decreto al respecto, así siguió haciéndose todos los años por alguno de los pretores en ejercicio. Los Augustalia, ese mismo festival que todavía hoy se celebra, se organizaron por primera vez en aquel año con la autorización de un decreto.”

Primera vez que se nombran separados el ludi natalli y las Augustalia.

Ara Fortuna Redux
El 19 a. C. regresa Octaviano –ya llamado Augusto- de su periplo por tierras asiáticas. Entra en la ciudad de Roma el 12 de octubre, día en el que se le dedica un altar a Fortuna Redux, aunque no se consagrará hasta el 15 de diciembre. Dión Casio lo relata del siguiente modo: “[…] la erección de un altar a la Fortuna del Regreso –pues así era como la llamaban- y que el día de su regreso fuera considerado festivo y se le otorgara el nombre de Augustalia.”
Este altar está situado cerca de la porta Capena, siendo vecino del templo a Honos y Virtus. En este lugar las vestales y los pontífices ofrecen sacrificios en su honor y en el de Fortuna Redux, divinidad protectora de los que regresan de un viaje, especialmente de aquellos que revisten peligro y dificultad. Tanto la diosa como la Augustalia son parte del programa de Augusto para instaurar el culto imperial.

Número de días de celebración
A la muerte de Augusto el 14 d. C. comienza la verdadera Augustalia –si se puede expresar de ese modo-, por decreto del Senado Al principio no se celebran del 3 al 12 de octubre. Sucesivos emperadores ampliarán el festival hasta alcanzar ese número de días. Los juegos en Roma los organiza, en principio, los tribunos de la plebe, ataviados con uniforme triunfal durante las carreras en el circo; ya desde tiempos de Tiberio lo organiza el pretor peregrino.
Tácito, en sus Anales I (15) narra los hechos: “Entre las solicitudes presentadas por los tribunos de la plebe estaba la de organizar a sus propias expensas unos juegos que en memoria de Augusto se añadieron a los fastos y se llamaron Augustales. Sin embargo, se votó a tal fin un presupuesto salido del erario, y que los tribunos usaran en el circo de vestidura triunfal; no se les permitía ir en carro. Luego, la celebración anual se transfirió al pretor al que correspondiera la jurisdicción entre ciudadanos y extranjeros.

Los ludi
Comienzan con una solemne procesión en la que se portan la efigie de Augusto, de su genius, así como de algunos miembros de la familia imperial; acompañados, de igual modo, con las efigies del emperador reinante y su familia.
Estos juegos incluyen carreras de carros y ludi sceanici, representaciones teatrales, así como venationes –cacerías de animales en el circo o el anfiteatro-.
  • Los sceanici se representan del día 3 al 9.
  • El día 10 se celebra el inferiae Germanici, en honor a Germánico, padre de Calígula –se puede considerar un día fuera de los ludi; las inferiae son ofrendas, exequias, ofrecidas a los difuntos-.
  • El 11 y 12 son los días grandes, con magníficos juegos circenses y venationes.
En otros lugares del Imperio
Estos ludi son muy populares en todo el Imperio: las autoridades locales y provinciales compiten por demostrar quien es más devoto a la familia imperial y su culto. Tanto los honestiores como la plebe disfrutan de estos juegos. Sin embargo, algunas celebraciones locales reciben el nombre de Augustalia para honrar a Augusto, sin ser necesariamente estos mismos ludi.
En las grandes ciudades del oriente imperial, como Alejandría, Pérgamo o Nicomedia, se las conoce como Sebasta –el equivalente griego a augusto, “venerable”-, siendo multitudinarias y muy célebres; en estos lugares se añaden juegos gimnásticos y competiciones musicales a los circenses y escénicos.
Cabe destacar las Augustalia de Neapolis -instituidas por el propio Augusto el 2 a. C.-, que gozan de gran renombre, celebradas con especial magnificencia, siendo rival de otras festividades de raigambre griega, aunque son quinquenales, tal y como detalla Estrabón en su Geografía V (capítulo 4): “[…] cada cinco años, se celebra entre ellos una competición sagrada de música y gimnasia, que dura varios días, comparable con las más célebres de las que tienen lugar en la Hélade.”

martes, 14 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Fidei in Capitolio –1 de octubre-


Denario de época de Trajano, representando a Fides Publica

Antigua ceremonia en honor a la diosa Fides Publica, una de las virtudes más valoradas por los romanos: la fidelidad a la palabra dada. Esta divinidad personifica la lealtad y confianza del pueblo romano para cumplir sus promesas, incluyendo los juramentos con otros pueblos y naciones –Fides publica populi Romani-.

Origen del culto a Fides Publica
Establecido por Numa Pompilio con la intención de regular y establecer, más allá de la legislación, una garantía religiosa y jurídica de los pactos entre los ciudadanos romanos. Eran los tiempos originales de la ciudad. Dionisio de Halicarnaso en su Historia antigua de Roma II (75) nos lo detalla:
“Numa dirigió la ciudad hacia la frugalidad y moderación mediante las leyes anteriores. La condujo a la justicia en los contratos imaginando un sistema desconocido por todos los que establecieron las constituciones más elogiadas. Al ver que a los contratos hechos en público y con testigos los preserva el respeto por los presentes, y raros son quienes los violan, mientras que los hechos sin testigos (muchos más que los otros) tienen como única garantía la buena fe de los contratantes, pensó que era necesario ocuparse de ella más que de todo lo demás y hacerla digna de veneración divina. Así pues decidió que Justicia, Temis, Némesis, las llamadas entre los griegos Erinias –las Furias latinas- y conceptos semejantes a estos habían sido convenientemente venerados y santificados por los antiguos, pero Fides, aunque no existe entre los hombres sentimiento mejor ni más sagrado, todavía no había obtenido veneración en los asuntos públicos de las ciudades ni en los privados. Y con estas reflexiones fue el primer hombre que erigió un templo de la Fe Pública y le instauró sacrificios, como a los otros dioses, a expensas del estado. Y con el tiempo esta costumbre pública de la fidelidad y firmeza hacia los hombres iba a transformar también las costumbres de los particulares. Ciertamente la fidelidad fue considerada un asunto tan venerable e incorruptible que el juramento por la propia fidelidad era el mayor que uno podía hacer y más seguro que todo testimonio. Y cuando se producía entre dos hombres una discusión acerca de un contrato sin testigos la que dirimía la disputa e impedía que avanzase era la fidelidad de cada uno de los propios litigantes. Y las magistraturas y tribunales de justicia decidían la mayoría de las controversias mediante juramentos por la fides. Tales exhortaciones de moderación y de justicia ideadas entonces por Numa hicieron a la ciudad de Roma más organizada que la casa mejor administrada.”

El festival público
Tito Livio, en su Ad Urbe Condita 1 (21), nos detalla cómo debe realizarse el festival: “[…] instituyó una fiesta solemne en honor exclusivamente de la Buena Fe; dispuso que los flamines acudiesen a su santuario en un carro cubierto tirado por dos caballos y celebrasen el servicio religioso con la mano envuelta hasta los dedos, como signo de que la buena fe debía ser respetada y de que su sede, incluso para la mano derecha, era sagrada.”

Envolver algo en un velo es, desde antiguo para los romanos, signo sagrado. De alguna forma, convierte en sagrado aquello que se envuelve. Y en el caso de la buena fe, de la confianza y los juramentos, las manos son primordiales. Incluso hoy día, como en aquellos tiempos, se da la mano para dar el visto bueno a un contrato, ya sea privado, público o entre amigos; la estatua de Fides en su templo tiene su mano derecha velada.
Los flamines nombrados, son los sacerdotes de Júpiter, Marte y Quirino, los más antiguos, oficiantes en el festival que transcurre en el Capitolio en Roma y, por consiguiente, en todas las ciudades del imperio que posean su propio capitolio.

A la diosa se la representa como una matrona ataviada con una blanca estola, adornada con una corona de laurel o de olivo, portando una tórtola, ave que le está consagrada. También se la puede representar con dos manos estrechándose, símbolo de acuerdo y buena fe dada; o portando un canastillo con frutas o grano.

Aedes Fides
Erigido primitivamente por Numa Pompilio en el Capitolio. Nuevamente, se erigió sobre el antiguo otro templo, siendo inaugurado por Atilio Calatino en el 254 a. C., restaurado por M. Emilio Escauro en el 115 a. C. Este templo está dentro del llamado area Capitolina, en el recinto donde se encuentra el templo a Júpiter Óptimo Máximo. Situado en la esquina sudeste, cerca de la Puerta Pandana, antiguo portón de la muralla que defendía el Capitolio en tiempos de la fundación de Roma. Debido a su importancia religiosa y cívica, el senado suele reunirse en este lugar.
En sus paredes pueden verse tablillas en las cuales están inscritas los acuerdos internacionales de Roma con otras naciones a lo largo del tiempo, así como diplomata del licenciamiento de soldados especialmente honorables. Desgraciadamente una tormenta en el 43 a. C. ha arrancado algunas de las tablillas, perdiéndose para siempre.
En su interior se puede admirar una estatua del escultor Apeles: un anciano enseñando a un joven a tañer la lira.

Nota del autor
Como puede observarse, se trata de un festival público sencillo y, al parecer, poco seguido por las gentes. Nada de multitudes, siendo casi privado, discreto. Desgraciadamente, poco más sabemos del festival en sí mismo. ¿Una procesión seguiría a los flamines? ¿Acudirían los senadores, ya que al fin y al cabo era uno de sus lugares de reunión? Es complicado aventurarse, aunque sí debe tenerse en cuenta la importancia que tenía Fides por su propia naturaleza.

Localización del Aedes Fides

lunes, 13 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: Tigillum Sororium –1 de octubre-

Los tres Horacios

Sacrificios en honor a Juno Curiacio y Juno Sororia en dos altares en su honor, junto al «Travesaño de la hermana», singular puerta o yugo de antiquísimo origen.

Horacios y Curiacios
El belicoso rey Tulio Hostilio guerreaba contra la ciudad de Alba. Sin embargo, la guerra, fuese cual fuese el resultado, solo beneficiaba a los etruscos, que veía como los latinos se desangraban. Por ello, el dictador de Alba, Gayo Cluilio, propuso a Hostilio un combate singular entre tres hermanos gemelos. Del lado romano, los horacios; del lado de Alba, los curiacios. El que venciese, tendría potestad absoluta sobre el otro. Se trata de una hazaña célebre y muy conocida en Roma.
Combaten los seis gemelos. Abaten los curiacios a dos de los horacios. Ahora son tres contra uno. Roma cree perdida la contienda, pero el tercer Horacio sabe aprovechar la situación, pues sus tres adversarios están heridos: simulando que huye, acabo con ellos uno a uno. Horacio se convierte en héroe de la nación romana.
Sin embargo, esta gesta está manchada con la tragedia y, en cierto modo, con la traición, según las costumbres antiguas.
Tito Livio, en su Ad Urbe Condita 1 (26), narra el hecho en cuestión, siendo el origen del “Travesaño de la hermana”: “Iba Horacio en cabeza, mostrando ante sí los despojos de los tres gemelos. Su hermana, una doncella que había estado prometida a uno de los Curiacios, le salió al encuentro delante de la puerta Capena y, al reconocer sobre los hombros de su hermano, el manto guerrero de su prometido que ella misma había confeccionado, se suelta los cabellos y entre lágrimas llama por su nombre a su prometido muerto. Encolerizan al orgulloso joven los lamentos de una hermana en el momento de su victoria y de una alegría pública tan intensa. Desenvaina, pues, la espada y atraviesa a la muchacha mientras la cubre de reproches: «Marcha con tu amor a destiempo a reunirte con tu prometido –dice-, ya que te olvidas de tus hermanos muertos y del que está vivo, ya que te olvidas de tu patria. Muera de igual modo cualquier romana que llore a un enemigo.» “

Se condena a Horacio a muerte, por traición, pero debido a su reciente victoria, al salvar a la patria de una derrota, su propio padre pide indulgencia. Su condena cambia de naturaleza gracias al pueblo romano, conmovido por el héroe y su padre.

“No pudo el pueblo resistir las lágrimas del padre ni el valor del hijo, el mismo siempre ante cualquier peligro. Lo absolvieron, más por admiración a su valentía que por la justicia de su causa. No obstante, a fin de que el crimen manifiesto fuese purgado con algún sacrificio, se ordenó al padre que purificase a su hijo, con cargo al tesoro público. El padre, después de llevar a cabo unos sacrificios expiatorios que, en adelante, constituyeron una tradición de la familia de los Horacios, atravesó un tronco en la calzada e hizo pasar por debajo al joven, con la cabeza cubierta, como si fuera bajo un yugo. Tal tronco existe todavía, restaurado constantemente por el Estado: se le llama «el travesaño de la hermana». A la Horacia se le levantó un sepulcro de piedra tallada en el lugar en que había caído herida de muerte.”

El tigillum en tiempos del Imperio
El griego Dionisio de Halicarnaso en su Historia antigua de Roma III (22, 7) explica algo más sobre el travesaño de la hermana: “Los pontífices erigieron dos altares, uno a Juno, que tiene encomendado el cuidado de las hermanas; y el otro, a cierto dios local o divinidad llamada Jano en la lengua del país, con el nombre de Curiacio, por los primos muertos a manos de Horacio. Y después de ofrecer sobre estos altares algunos sacrificios, realizaron otros ritos purificatorios y finalmente condujeron a Horacio bajo el yugo. Es costumbre entre los romanos, cuando los enemigos deponen las armas y ellos quedan como soberanos, clavar en tierra dos maderos rectos y ajustarles encima un tercero transversal, luego conducir debajo a los cautivos y una vez que lo atraviesan, mandarlos libres a sus casas. Esto lo llaman yugo, y fue el último de los ritos expiatorios que utilizaron los que entonces purificaron a Horacio. El lugar de la ciudad en que hicieron la purificación, todos los romanos lo consideran sagrado. Está en la calle estrecha que lleva desde Carinae abajo según se va al vicus Cuprius. Allí permanecen los altares erigidos entonces y sobre ellos se extiende un madero ajustado a las dos paredes opuestas; este madero queda sobre la cabeza de los que salen, y se llama en lengua romana «madero de la hermana». Sin duda, este lugar está conservado en la ciudad como monumento conmemorativo del infortunio de ese hombre, y es honrado por los romanos con sacrificios anuales.

El travesaño está situado al sur del Esquilino, en un monte llamado Opio, en una calle llamada vicus Cuprius, no muy lejos de la Subura y el Anfiteatro Flavio –el Coliseo-; esta calle es adyacente a otra calle en pendiente llamada Orbius. Todo un laberinto de callejas estrechas.
En tiempos de la monarquía y parte de la República, los ritos del tigillum estaban a cargo de la gens horatia; en tiempos imperiales, se encarga de ellos el Estado.

Ara Ianus Curiatius et Ara Iuno Sororia
Bajo el travesaño se conservan dos altares en honor a Jano Curiaceo y Juno Sororia; en origen, se trataba de dos altares erigidos a Jano y Juno –sin epítetos ni otros atributos-, divinidades a las que se honra en las calendas, en este caso, las calendas de octubre –día 1 del mes-. Estas aras, en tiempos de Tulio Hostilio, se las asocia a la leyenda y gesta de los Horacios.

El término Ianus
Ianus, tanto puede referirse a la deidad –Jano-, como a la entrada o arco en una calle, pasaje o ciudad, por lo que algunos autores consideran que este Ianus hace referencia a una antigua puerta doble de una primitiva Roma, siendo, de alguna forma, una Porta Triumphalis por la que las tropas romanas, tras el “año bélico”, regresaba de sus diversas contiendas. Con el tiempo se erigiría el altar a este Jano Curiaceo, no en relación a los tres gemelos, sino a las curias de ciudadanos.

Nota del autor
Poco sabemos de este festival en sí, ni como se desarrollaban los sacrificios expiatorios. Observando que algunos autores antiguos conocían los altares, y que estos estaban cuidados, así como el famoso travesaño, puede deducirse que el festival no era desconocido.
Este Jano era protector y garante de los “ritos de paso”, en este caso parece que aquellos vinculados al mundo militar, por lo que es posible que la función principal del festival fuese expiar a los soldados tras su vida castrense, reintegrándolos en la vida civil tras su licenciamiento; bien el paso de jóvenes milicianos –iuniores- a la edad adulta; o la purificación de los soldados tras su actividad bélica anual, atravesando la Porta Trimphalis.

El epíteto sororia parece sencillo, haciendo referencia a Juno como protectora de las hermanas, pero en realidad se trata de un término complejo. Puede hacer referencia a Juno como pareja o doble de Jano; incluso algunos autores, como Festo, consideran que hace referencia a los sororias, los pequeños y crecientes senos de las adolescentes, que juntas, «como hermanas», crecen para convertir a una niña en adulta, que no deja de ser otro rito de paso.

Clivus Orbius

jueves, 9 de marzo de 2017

Calendario religioso romano: ludi Romani –del 4 al 19 de septiembre-

Ceremonia ante el templo a Júpiter Capitolino

Los mayores y más caros juegos romanos, siendo uno de los más antiguos; destacan en ellos su juegos circenses, siendo muy populares, admirados y respetados. También se les conoce como Ludi Magni o Ludi circenses romani –aunque existe controversia respecto a los Magni-.

Origen
Instituidos en honor a Júpiter por el rey Tarquinio Prisco tras una victoria sobre los latinos –o los etruscos, según sea el autor-. Livio, en su Historia de Roma I (35, 8-9), nos describe estos primeros juegos: “La primera guerra la hizo contra los latinos, y en ella tomó por asalto la ciudad de Apíopas; de allí trajo un botín de mayor consideración que el eco que había tenido la guerra, y dio unos juegos más y más completos que los de los reyes precedentes. Entonces, por vez primera se escogió un emplazamiento para el circo que actualmente lleva el nombre de Máximo. Se repartieron entre senadores y caballeros espacios para que se construyesen tribunas particulares, que recibieron el nombre de foros; presenciaron el espectáculo desde palcos, que levantaban doce pies del suelo, sostenidos sobre horquillas. Consistieron los juegos en carreras de caballos y combates de púgiles, traídos sobre todo de Etruria. Estos juegos solemnes se celebraron en adelante todos los años, llamándoseles, unas veces, Juegos Romanos y, otras, Grandes Juegos.”

Aunque en origen solo se realizan en honor a Júpiter, con el tiempo se incluyen en estos juegos a Juno y Minerva, formando la Triada Capitolina, de gran importancia religiosa y política.

Anualidad
Desde el año 366 a. C., al aprobarse las Leyes Licinias, estos juegos son anuales, siendo  organizados por los ediles curules, cargos de nueva creación. Antes de ello, se organizaban cada cierto tiempo, cuando los reyes o los cónsules, generalmente tras una victoria militar, prometían estos juegos a Júpiter Óptimo Máximo –denominados ludi votivi-. Septiembre en tiempos de la monarquía y gran parte de la República era el mes de la finalización de la actividad bélica –y escasa actividad agrícola-. Mes perfecto para conmemorar las victorias militares, siendo estos ludi el evento perfecto para mostrar al pueblo la grandeza de sus líderes militares.
Aunque algunos autores consideran que estos ludi romani siempre fueron anuales, a veces utilizados como medio para las pompas triunfales.

Organización y financiación en el Imperio
En tiempos del Imperio, los ludi son organizados por los pretores, aunque siempre en nombre de los emperadores, con la idea de ganarse el favor populi.
La dinastía julio-claudia –hasta Nerón- financia con su propios medios los ludi, a partir de ellos los emperadores emplean el erario público sin dejar de presentar el gasto como “propio”, como si fuese una liberalidad personal. De este modo los prestigiosos ludi se vinculan al poder imperial, con el que se identifican.

Número de días
Al principio solo se realizaban un día, siendo su incremento el siguiente –aunque existen dudas sobre algunos días-:
  • Se añade uno tras la expulsión de los reyes en el 509 a. C.
  • Otro tras la sublevación de la plebe en el 494 a. C.
  • Ya en el 191 a. C. duran diez días.
  • En tiempos de Julio César duran unos quince días –del 5 al 19-
  • A su muerte, durante su deificación, se añadió el día 4 de septiembre.

Tampoco tenía fecha fija estos ludi, hasta, según algunos autores, el primer año de la República, cuando el cónsul Horacio consagró un templo a Júpiter Capitolino el 13 de septiembre –aunque el templo existía previamente-.

Instauratio
También es cosa común que los ludi duren algunos días más de los esperados. Según las leyes religiosas, si un rito no se realiza exactamente como manda la tradición, debe repetirse desde el principio; si la procesión o el sacrificio no se realizan adecuadamente, deben repetirse. Un curioso “truco” legal y honesto desde la óptica religiosa y política, para añadir un par de días más a los festejos, aunque en tiempos de la República el despropósito llegaba a doblar los días de los ludi, arruinando a no pocos organizadores –denominados editores-, ávidos de ganarse el favor del pueblo a cualquier coste.

Eventos fijos dentro de los ludi
El día 13 se realiza el Epulum Jovis y la Ceremonia del Clavo, el 14 una equorum probatio –un desfile ecuestre-, del 15 al 19 se realizan los juegos circenses.

Popularidad
Estos ludi son realmente multitudinarios. No solo asisten los habitantes de Roma a los mismos. Gentes de todos los rincones del Imperio acuden a la ciudad para asistir a estos magníficos juegos.

Los ludi

La procesión
Los juegos se inauguran con una solemne, impresionante y espectacular procesión que parte del Capitolio hasta el Circo Máximo. Dionisio de Halicarnaso en su Historia antigua de Roma nos detalla una realizada en tiempos de la República, útil también para tiempos del imperio, aunque nos lo muestra desde una óptica griega –que como poco es chauvinista-. Encabeza la procesión el director o presidente de los juegos (cuya naturaleza puede variar según la época: reyes, cónsules, emperadores…), portando la ornamenta triumphalia, símbolos militares de gran prestigio:

 “Antes de empezar los juegos, las máximas autoridades conducían una procesión a los dioses desde el Capitolio hasta el Circo Máximo a través del Foro. Encabezaban la procesión, en primer lugar, los hijos de las autoridades, tanto los adolescentes como los que tenían edad de ir en ella, a caballo aquellos cuyos padres tenían la fortuna de la clase de los caballeros, a pie los que debían servir en la infantería; los unos en escuadrones y centurias, los otros en divisiones y compañías como si marcharan a la escuela; y esto, para que resultara evidente a los extranjeros cual era el vigor, el número y la belleza de la población que iba a entrar en la edad viril. Seguían a estos unos aurigas que llevaban, unos, cuatro caballos uncidos; otros, dos, y otros, caballos sin uncir. Detrás de ellos marchaban los participantes en las competiciones, tanto en las de poca importancia como en las más solemnes, con todo el cuerpo desnudo, excepto los genitales, que iban cubiertos. También esta costumbre ha permanecido en Roma hasta en mi época […].”

Tras las autoridades, los miembros de familias prestigiosas y los participantes en los juegos, van los danzarines y músicos. Destaca la ejecución de la danza guerrera denominada pírrica:

“Seguían a los participantes numerosos coros de danzarines, repartidos en tres grupos, el primero de hombres, el segundo de adolescentes y el último de niños, a los que acompañaban flautistas que tocaban las antiguas flautas cortas, como se ha hecho hasta esta época, y citaristas que teñían liras elefantinas de siete cuerdas y las llamadas bárbita –o barbitón, un tipo de lira-. En mi época, el empleo de estos instrumentos se ha perdido entre los griegos, a pesar de ser tradicional, pero se conserva entre los romanos en todas las antiguas celebraciones de sacrificios. El atuendo de los danzarines consistía en túnicas púrpura ceñidas con cintos de bronce, espadas que colgaban de estos y lanzas más cortas de lo normal; los hombres también llevaban cascos de bronce adornados con penachos aparatosos y con plumas. A la cabeza de cada grupo marchaba un hombre que indicaba a los demás las figuras de la danza, ejecutando el primero movimientos guerreros y enérgicos, como son frecuentes en los ritmos proceleusmáticos. También esta era una muy antigua costumbre griega, la danza con armas llamada pírrica, bien haya sido Atenea la primera en iniciar, por alegría, la formación de coros y las danzas con armas como la celebración de la victoria con motivo de la destrucción de los Titanes, bien haya sido establecida por los curetes en época todavía más antigua, cuando, criando a Zeus, querían entretenerlo con ruido de armas y con el movimiento rítmico de sus miembros, como cuenta la leyenda.”

Tras este grupo guerrero y vital, le sigue otro más mitológico, burlesco y vulgar:

“Pero no solo de la danza guerrera y rápida de estos grupos, que los romanos han empleado en las celebraciones de sacrificios y en las procesiones, se podría observar el parentesco con los griegos, sino también de la de carácter mordaz y burlesco. Después de los grupos armados marchaban otros de sátiros interpretando la síkinnis griega –llamada así por su inventor Síkinnos-. Estos que se asemejaban a silenos iban vestidos con túnicas de lana, que algunos llaman chortaíoi, y con mantos de todo tipo de flores; por su parte, los que representaban a sátiros iban con cintos y pieles de macho cabrío y, sobre las cabezas, mechones de pelo en punta y otros aditamentos semejantes. Estos iban haciendo burla e imitando las danzas serias, transformándolas en algo sumamente ridículo. También las entradas triunfales muestran que la burla mordaz y satírica era antigua y originaria de los romanos. En efecto, a los que consiguen la victoria se les permite burlarse y ridiculizar a los hombres más distinguidos, a los mismos generales, como en Atenas a los que van en la procesión sobre los carros; en un principio, con burlas en prosa, a la manera de los que se equivocan en las pantomimas; ahora, en cambio, cantan versos improvisados. Y en los funerales de hombres señalados, he visto, junto con otros acompañamientos, a grupos de sátiros que marchan delante del féretro bailando la danza síkinnis, y sobre todo en los funerales de los ricos. Por el hecho de que la burla y la danza de los sátiros no sea invención ni de los ligures ni de los umbros ni de ningún otro pueblo bárbaro que habitase en Italia, sino de los griegos, temo resultar molesto a algunos si pretendo confirmar con más argumentos un hecho admitido.”

Tras este cortejo sobrenatural y mordaz, siguen las propias divinidades asistentes a los juegos:

“Después de estos grupos marchaban numerosos citaristas y muchos flautistas; y, tras ellos, los portadores de incensarios, en los que se quemaban perfumes e incienso a lo largo de todo el recorrido, y los que transportaban los vasos hechos de plata y oro, tanto los sagrados como los del Estado. Al final de todo iban, llevadas sobre las espaldas de los hombres, imágenes de los dioses, que presentaban figuras iguales a las realizadas entre los griegos, y con los mismos ropajes, símbolos y obsequios de los que cada uno, según la tradición, es artífice y dispensador para los hombres. Estas imágenes no solo eran de Júpiter, Juno, Minerva, Neptuno y de los otros que los griegos cuentan entre los doce dioses, sino también de los más antiguos, de los que la tradición cuenta que nacieron los doce dioses, a saber, Saturno, Rea, Temis, Latona, las Parcas, Mnemosine y todo los demás de quienes hay templos y recintos sagrados entre los griegos […]”

El sacrificio
Tras la procesión, se realiza un gran sacrificio de Estado. Nuevamente, Dionisio de Halicarnaso nos lo describe:

“Terminada la procesión, los cónsules y los sacerdotes a quienes correspondía hacían inmediatamente un sacrificio de bueyes, y la manera de hacer sacrificios era la misma que entre nosotros. En efecto, ellos después de lavarse las manos, purificar a las víctimas con agua pura y esparcir sobre sus cabezas los frutos de Ceres –la mola salsa-, pronunciaban unas oraciones y, entonces, ordenaban a sus ayudantes que las sacrificaran. Algunos de estos, cuando la víctima todavía estaba de pie, le golpeaban las sienes con un mazo; otros, cuando caía, ponían debajo los cuchillos de sacrificio y, después de esto, tras quitarle la piel y despedazarla, tomaban las primicias de cada víscera y de cualquier otra parte, primicias que rebozaban con harina de espelta y llevaban en cestas a los sacrificantes; estos las colocaban sobre el altar, encendían un fuego por debajo y vertían vino sobre ellas al realizar el sacrificio.”

Las competiciones
Una vez finalizada la procesión y realizado el sacrificio, comienzan los juegos circenses, narrados nuevamente por Dionisio:

“Todavía me queda por explicar brevemente lo relativo a las competiciones que se realizaban después de la procesión. En primer lugar se celebraba la carrera de carros con cuatro y con dos caballos –cuadriga y biga, y de caballos sin uncir, de la mismas manera que entre los griegos tanto antiguamente en Olimpia como ahora. En las competiciones de carros se han mantenido, hasta mis tiempos, dos antiquísimas costumbres preservadas por los romanos tal como fueron establecidas al principio: una, relativa a los carros de tres caballos, que se ha perdido entre los griegos, a pesar de que era antigua y de la época heroica, de la que Homero dice que los griegos se servían en las batallas: a dos caballos uncidos de la manera en que se unce una pareja, les acompañaba un tercer caballo atado con una rienda, al que los antiguos llamaban paréoros –«sostenido por fuera»-, bien por ir atado a un lado, bien por no ir uncido con los otros. La otra costumbre, conservada todavía en unas pocas ciudades griegas en algunos antiguos sacrificios, es la carrera de los que van en los carros. Cuando las competiciones de los aurigas han terminado, los que van junto a los conductores, a los que los poetas llaman acompañantes, y los atenienses saltadores –en latín «desultores»-, saltan de los carros y corren entre ellos a la manera del estadio. Una vez terminadas las carreras de carros, se presentan los que compiten con su propio cuerpo: corredores, púgiles y luchadores.”

Los desultores son expertos acróbatas y jinetes, que saltan entre caballos y carros, dando espectacularidad con su maestría ecuestre. Toda una demostración de aptitudes bélicas.
Como puede apreciarse, no solo se organizan carreras ecuestres, sino que también pueden verse combates de pugilistas y luchadores, así como carreras más típicas del mundo griego. A finales de la República se añaden a estos ludi juegos gladiatorios.

Ludi scaenici
A estos juegos se añaden en el 214 a. C., organizados por los ediles, unos ludi scaenici, en las que se representan tanto obras romanas como griegas. La mayoría son dramas y comedias, siendo estas últimas las preferidas por el gusto romano.
Se representan obras durante cuatro días, comenzando desde la mañana, debido a la duración de las representaciones. Es habitual repartir comida y golosinas entre los asistentes.

Circus Maximus

Las ceremonias de los idus de septiembre –día 13-

El epulum Jovis
Ritual consistente en un suntuoso banquete público en honor a Júpiter. Está organizado por los epulones, uno de los cuatro grandes colegios sacerdotales romanos. Creados en el 196 a. C. a propuesta del tribuno L. Licinio Lúculo. Al principio eran tres los miembros de este colegio, llegando a siete con Sila. Asisten las imágenes de las divinidades al banquete: Júpiter, Juno y Minerva. Sus estatuas son colocadas en lugar visible, en lo que se conoce como lectisternium, alrededor del banquete al que están formalmente invitados. A Júpiter se le recuesta en un almohadón –un pulvinar-, ungiendo su rostro de rojo con minium. A Juno y Minerva se las sitúa en dos asientos llamados sella.

Y la caerimonia clavi figendi
Ese día se conmemora la dedicación del templo a Júpiter Óptimo Máximo, llamado también aedes Capitolina. Aunque construido en tiempos de la monarquía, fue el cónsul Horacio el que lo consagró el 13 de septiembre del 509 a. C.
Siendo en origen una tradición etrusca, desde el primer año de consagración se clava un clavo de bronce –clavus annalis- en el lado derecho del altar con la intención de contar los años –en aquellos tiempos más primitivos la contabilización de los años no era asunto tan sencillo-. Se trata de un rito tanto “práctico” como religioso, supersticioso e incluso mágico. Los romanos creen que clavando un clavo se puede contener enfermedades y epidemias siempre y cuando se realice de forma adecuada.
Tito Livio en su Ab urbe condita VII (5) lo explica: “Hay una ley antigua, escrita con letras y palabras arcaicas, disponiendo que el que sea «pretor supremo» clave el clavo en los idus de septiembre; estuvo fijada en el lateral derecho del templo de Júpiter Óptimo Máximo, del lado del santuario de Minerva. Dicho clavo, debido a que, por aquella época, la escritura era rara, dicen que sirvió para llevar la cuenta del número de años, y como los números son invención de Minerva, por eso la ley fue dedicada al templo de Minerva.”
El encargado de clavarlo, el “pretor supremo”, puede ser identificado con los pretores o con los cónsules; por tradición, durante la República, para que el poder del clavo fuese superior e infalible –todo es poco para conjurar y expulsar epidemias y otros males-, se asignaba un dictador específicamente para ello –clavi figendi causa-, cuya duración en el cargo era de seis meses, aunque tal asignación a veces ocasionaba problemas políticos.

Mercatus romani –del 20 al 23 de septiembre-
Tras los ludi tiene lugar unos días de mercado, feria y negocios, aprovechando la afluencia de gentes que han asistido a los mismos. Los mercaderes comercian en tiendas improvisadas, dispuestas en el Campo de Marte. El rey Numa Pompilio fue el instaurador de tal costumbre tras los ludi con la intención de incrementar el comercio en la ciudad.

Templo de Júpiter Capitolino